Review AHS: Smoldering Children

Una de las mayores dificultades con las que me encuentro a la hora de hacer las reviews de esta serie es la manera de enlazar la cantidad de escenas aisladas que aparecen a lo largo del episodio, muchas veces sin relación entre ellas. Sin embargo, “Smoldering Children” ha sido, hasta la fecha, el episodio más sencillo que hemos visto en ese aspecto. Y es que se, a riesgo de “olvidar” algunas tramas importantes (como las de Hayden o Nora), se ha centrado en dos puntos principales: Constance y Larry, por un lado, y los Harmon por el otro. ¿Hablamos más despacio tras el salto?

El caso de Larry es muy curioso: ya en el primer episodio de la serie nos explicaron el origen de sus quemaduras, y nos lo creímos (al menos, yo lo hice). Más tarde, en Open House, nos insinuaron una versión diferente. Y hemos tenido que esperar al décimo episodio para conocer la verdad: fue Tate el que provocó la apariencia actual de Larry, precisamente el mismo día en que llevó a cabo la masacre en su instituto, allá por 1994.

Como siempre, ha sido un placer viajar al pasado por medio de un flashback. Me ha encantado volver a ver a Addie (¡cuándo la echo de menos!), y ha resultado muy útil para comprender la situación familiar en casa de los Langdon, que no es sino un reflejo de lo que, como ya hemos visto, es la propia Constance: todo fachada, una superficie impecable que oculta un interior mucho más oscuro. Una cena perfecta y una familia feliz construida sobre mentiras: Constance sólo soporta a Larry por conveniencia, Tate odia a su madre y cree que su padre les abandonó, Larry mató al hermano de Tate y Addie por petición de su madre, y Tate nunca será el hijo al que su madre ha idealizado. Una sarta de mentiras que queda al descubierto en la manera en la que Tate bendice la mesa, apoyada tan solo por el “Amén” de la inocente Addie. Qué gran inicio…

Es precisamente esta cena la que desencadena los acontecimientos que vimos en Piggy, Piggy: Tate, hasta arriba de cocaína, carga un par de armas y se prepara para llevar a cabo el tiroteo en su instituto, no sin antes hacerle una visita a Larry… Personalmente, me parece un poco surrealista que un chaval entre así, tan campante, con un bidón de gasolina a una oficina sin que nadie se dé cuenta ni intente detenerle. Aún así, ha sido muy interesante saber, por fin, la verdad acerca de las quemaduras de Larry. No me lo esperaba para nada.

Ya en el presente, dos detectives van a casa de Constance para hacerle algunas preguntas sobre Travis, al que ya conocen como “The Boy Dahlia” (no podía ser de otra manera). Ella tarda poco en atar cabos y relaciona la muerte de Travis con Larry y, ni corta ni perezosa, se presenta en su casa para amenazarle. Es entonces cuando descubre que el asesinato fue obra de alguno de los fantasmas de la casa y que el espíritu del joven sigue rondando por ahí. Aún así, Constance no pierde la ocasión para seguir tratando con crueldad a Larry, confesándole que no le amó jamás y que sólo le soportó para conseguir lo que quería. Es increíble lo ciego que está Larry con ella a pesar del trato que recibe.

Un caso aparte es el propio Travis, que posiblemente sea el fantasma más positivo que hemos visto jamás (quitando a Casper): no sólo se ha tomado estupendamente su nueva situación, sino que incluso se atreve a pedir recortes de periódicos con la noticia de su asesinato. Una vez más, el paralelismo entre Travis y Elizabeth Short (la Dalia Negra) queda de manifiesto, y no sólo por la forma en la que murieron: para ambos la muerte fue la única manera de conseguir la fama que ansiaban.

En este episodio, que no se ha quedado corto de detalles escabrosos, hemos conocido también a las hijas de Larry, Margaret y Angela, cuyo aspecto se mantiene desfigurado por el efecto de las llamas, pero que, a pesar de ello, siguen jugando felices como si nada hubiera pasada. Esto me ha recordado a las palabras que no hace mucho pronunció Hayden acerca de la injusticia que suponía el hecho de que hubiera tantas almas inocentes atrapadas en la casa. Y en cierto modo es lo que el fantasma de Lorraine le ha recordado a su marido. Personalmente, la conversación entre los dos me ha parecido un gran momento, y ha servido para que Larry, de una vez por todas, se quite la venda de los ojos y afronte la realidad: él es el responsable de la muerte de su mujer e hijas. Por cierto, es la primera vez que Larry ve a su familia desde el incendio, y, según las palabras de Lorraine, es así porque, ahora que está cerca del “límite”, está listo. ¿Significa esto que Larry va a morir dentro de poco? Entre estas palabras y el final del episodio, parece que nos tendremos que ir despidiendo de su personaje…

Por otra parte, me alegro de que por fin la policía comience a sospechar de todos los muertos y desaparecidos que ha ido dejando Constance a su paso a lo largo de estos años. Si bien es cierto que no es responsable de todos ellos, creo que no debería salir impune de crímenes como el asesinato de Hugo y Moira. Por ahora ha vuelto a librarse, pero eso no quiere decir que lo vaya a hacer eternamente. A todo esto, muy cutre el recurso de hacer que se le caiga el cuchillo del bolso para que la lleven a comisaría. Un poco más de clase, por favor…

Ahora bien, una de cal y otra de arena: me ha parecido espectacular, sin embargo, la forma en la que Constance habla de la desaparición de Moira y su marido y, a la vez, vamos viendo cómo acabó con ellos en realidad. Genial la forma de deshacerse del cadáver de Hugo y la frase con la que concluye su narración, mucho más literal de lo que podría parecer: “Once I discovered that he had cheated, Hugo meant no more to me than dog shit.”

En cualquier caso, como decíamos, Constance ha vuelto a librarse por poco: Larry, lleno de culpabilidad, se ha entregado a la policía como el autor confeso del crimen de Travis. A cambio de despejar las sospechas en torno a Constance, sólo ha pedido una cosa: que ella le dijera que le amó en algún momento del pasado. Y ni aún así, en una situación tan extrema, Constance se deja llevar por algo parecido a un sentimiento de humanidad. La mirada de odio que le dedica a través del cristal no se puede describir con palabras. Una vez más, cómo me alegro de contar con Jessica Lange en el reparto…

¿Hemos presenciado la última aparición de su personaje? Me gustaría pensar que no, pero no creo que vaya a salir de la cárcel así como así. Además, la temporada se acerca a su fin y es necesario ir cerrando tramas. Así que, si realmente nos hemos despedido para siempre de Larry, sólo puedo decir que ha merecido mucho la pena conocerle: ha sido un gran personaje.

Vamos, por fin, a la otra gran trama del episodio: la que está relacionada con los Harmon, las grandes víctimas de esta temporada. Por fin Ben ha rectificado y ha visitado a Vivien para pedirle perdón y decirle que la cree. La buena noticia para nosotros es que, si todo marcha como es debido, pronto volveremos a tener a Vivien en casa. La mala es que ella se niega a regresar, y no la culpo. Más aún sabiendo ahora que sus dos bebés son hijos de padres diferentes. Las criaturas de Vivien se sitúan como una de las tramas más fuertes para los episodios que nos quedan, y prometen darnos grandes momentos.

Mientras tanto, es la otra hija de los Harmon la que acapara toda nuestra atención: son ya 16 los días que lleva sin asistir al colegio, y la familia corre el riesgo de enfrentarse a una denuncia si la situación no cambia. Por eso Ben habla con ella y la chica, por primera vez en bastante tiempo, se muestra razonable y accede a regresar al instituto con la condición de cambiar de centro lo antes posible.

Que Violet estaba muerta era una de las teorías más consistentes que barajábamos por aquí, y todo apuntaba a ello. La única “prueba de fuego” que nos quedaba por ver era si Violet sería capaz de salir de los terrenos de la casa. Por eso estaba expectante en el momento en el que la chica se dispone a cumplir la promesa que le ha hecho a su padre y se prepara para regresar al instituto. Pero, una vez más, Tate se interpone y la convence para que pase solamente un día más con él.

Hablando de Tate, su personaje cada vez se nos presenta más oscuro. Aunque es cierto que su única obsesión es proteger a Violet, los medios que utiliza no son siempre los más aconsejables: matando al exterminador (al que, por cierto, no termino de comprender por qué llama “asesino”) y atacando a Ben (sí, en la famosa escena de la toalla mágica…) se ha pasado un poco de la raya. A todo esto, detalle importante: Ben ya sabe quién violó a su mujer y el es padre del segundo bebé. Todo esto está a punto de estallar de un momento a otro…

Pero volvamos a Violet, que es lo que nos interesa ahora: en un intento desesperado de evitar que la chica se traumatice, Tate le propone que ambos se suiciden juntos. Pero no cuenta con un par de cosas: la primera es que Violet sabe que él ya está muerto. La segunda es que, al contrario de lo que pueda parecer, la muchacha aún desea aferrarse a la vida.

Una de mis grandes dudas acerca de la serie era conocer la manera en la que los fantasmas no podían abandonar la casa. ¿Se chocarían contra una especie de muro invisible al tratar de atravesar la verja? Hoy, gracias a Violet, hemos podido averiguarlo, y reconozco que esa especie de recorrido cíclico que ha hecho me ha gustado mucho más que mi teoría.

Creo que esa escena ha estado bastante bien conseguida. Al menos, me he sentido tan agobiada como la propia Violet al ver cómo entraba una y otra vez a la cocina sin poder evitarlo. Igualmente, todo un detalle que al gritar desde la puerta del jardín sólo sea el perro el que la perciba. Cuando la serie quiere hacer bien las cosas, lo consigue.

Un buen ejemplo de ello es la manera en la que hemos descubierto el cadáver de Violet. A esas alturas no creo que nadie dudara acerca de qué era lo que íbamos a encontrar en ese “crawl space” (nombre que no puedo evitar relacionar con Breaking Bad). Sin embargo, y a pesar de que no era ninguna sorpresa desde el punto de vista argumental, la visión del cadáver de Violet me ha erizado la piel. No voy a entrar en detalles morbosos, pero ya sabéis que una imagen vale más que mil palabras…

Efectivamente, Violet murió en lo que parecía un intento fallido de suicidio en Piggy, Piggy. Que durante todo este tiempo Tate sólo había intentado proteger a la muchacha era algo obvio. Pero me ha sorprendido que fuera consciente de que estaba muerto desde el principio. Ya hemos hablado de este tema en varias ocasiones, y siempre hemos comentado que Tate parecía no ser del todo consciente de su situación (por ejemplo, no recordaba a ninguna de sus víctimas del instituto). Sin embargo, que supiera que estaba muerto desde el principio concuerda con muchas de las cosas que le hemos visto hacer (comenzando con sus escarceos como Rubber Man).

La pregunta es, ¿ahora qué? ¿Pasarán realmente Violet y Tate el resto de la eternidad juntos en la casa? No sé si sólo ha sido impresión mía, pero me ha parecido que Violet no daba precisamente saltos de alegría ante esa perspectiva. Y menos aún lo hará cuando descubra que Tate violó a su madre…

Cada vez estamos más cerca del final de temporada, y las tramas parecen una bomba de relojería a punto de estallar. Esperemos que sea así y que el final de temporada nos sorprenda como sólo esta serie sabe hacerlo. Que tiene sus errores es algo evidente, y desde luego le falta muchísimo para ponerse al nivel de las más grandes. Pero qué bien me lo paso con American Horror Story

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