Review AHS: Rubber Man

Desde que comenzó American Horror Story (o, si me apuráis, ya incluso desde las primeras promos), la identidad de “Rubber Man” ha sido uno de los misterios más inquietantes de la serie. Y es que aunque la figura de negro no haya aparecido en demasiadas ocasiones, siempre que lo ha hecho ha dejado huella, desde el primer momento. Quizás por eso esperaba con tantas ansias este episodio, en el que por fin conoceríamos la identidad que se ocultaba tras la máscara de látex. Y vaya si me ha sorprendido…

 Es obvio, hay que empezar hablando de Tate. De Tate o de Rubber Man, ya no sé bien si es necesario hacer una diferencia. ¿Me esperaba que fuera él el que se ocultaba debajo del traje? Pues no, la verdad. Reconozco que ha sido toda una sorpresa: el hecho de que nos lo mostraran llevando la ropa de látex en el quinto episodio me hizo, directamente, descartar lo obvio. Como prueba, me pongo en evidencia citando un párrafo de la review de Halloween (1):

De la identidad de Rubber Man seguimos sin saber nada. En este episodio nos han señalado la posibilidad de que fuera Tate, pero no creo que sea así. Sería demasiado fácil, y no parece muy posible que en esta serie resuelvan un misterio así de esa manera. Además, Tate ya genera sus propios interrogantes, y no parecen estar ligados a extrañas prácticas psico-sexuales.

¡Bien por mí y mi capacidad de deducción! Creo que queda más que demostrado que Tate no era mi primera apuesta para encarnar a Rubber Man. Aunque mis motivos estaban basados estrictamente en el argumento, hay quien comentó que el cuerpo del actor que llevaba el traje no correspondía al de Tate (que, entre otras cosas, es visiblemente más bajo). Es totalmente cierto: como nos cuenta victormo por el foro, el actor que ha encarnado a Rubber Man a lo largo de toda la serie (a excepción de la escena de sexo del episodio Piloto, en la que Dylan McDermott se embutió el traje para que Connie Britton se sintiese más cómoda) es Riley Schmidt, lo que explica que la fisonomía de Tate no cuadrara con nuestro Rubber Man.

Sin embargo, la revelación de esta semana complica las cosas: Tate no sólo es un fantasma-asesino enamorado de la hija de los Harmon, sino que además es el padre de los bebés de Vivien. En otras palabras: nos hemos encontrado con un cuadro familiar de lo más atípico gracias al chaval. Y lo que nos queda…

La motivación de Tate, sin embargo, es mucho más interesante. Y es que, por fin, hemos podido comprender el auténtico motivo que empuja a la casa y a todos sus habitantes (vivos y muertos) a comportarse así: Nora Montgomery tiene que recuperar a su bebé.

Lo reconozco: me encanta. Me gusta que Nora, que apareció en el tercer episodio como un personaje secundario, como otra historia de fondo en el pasado de la casa, de repente se haya convertido en el centro de la trama. Y tiene sentido: si los horrores de la casa comienzan con ella, parece lógico que también converjan hacia su personaje.

Curiosamente (y es ahí donde reside el origen de Rubber Man), Tate parece sentir compasión por Nora, y le promete que hará lo que esté en su mano para darle el bebé que tanto ansía. Por qué Tate toma esta decisión (tan a pecho) es algo que no termino de comprender. Como él mismo dice, es posible que sea porque tiene “mommy issues”. Por cierto, esta semana he echado de menos a Constance (y a Jessica Lange, claro está).

Como íbamos diciendo, de repente todo parece girar en torno a Nora y su bebé. Y un buen ejemplo de ello es la historia de Chad y Patrick, los habitantes anteriores a los Harmon de los que ya vimos algunas cosas en el episodio de Halloween. Ya sabíamos que habían muerto a manos de Rubber Man, pero lo que hemos visto esta semana le da una nueva perspectiva. En primer lugar, fueron ellos (o, más bien Chad) los que trajeron el traje de látex a la casa, en un desafortunado intento por sacar a flote una relación que no marchaba nada bien. Los problemas económicos, unidos a los primeros amagos de infidelidad, fueron demasiado para la pareja. Irónicamente, el fin de su relación fue precisamente la causa de su muerte: al negarse a tener un hijo juntos, Tate decide acabar con ellos, ya que dejan de ser útiles para su propósito.

Aunque desde el primer episodio sabíamos que la muerte de ambos había tenido la apariencia de un doble suicidio-asesinato, en este capítulo hemos podido presenciar los hechos de verdad. Eso sí, por qué Tate sodomiza a Patrick con una barra de hierro es algo que aún no comprendo. Aunque tampoco creo que tratar de entender cómo funciona la mente de Tate sea una tarea muy fácil, la verdad.

El caso es que una vez que tenemos a Chad y a Patrick fuera de juego llega el momento de buscar nuevos habitantes que traigan consigo la posibilidad de un nuevo bebé con el que reemplazar al de Nora. Y así es como retrocedemos seis meses atrás en el tiempo, volviendo a la noche en la que Vivien se queda embarazada. No sé si a vosotros os pasará igual, pero hasta este episodio, cada vez que pensaba en los hijos que podía engendrar Rubber Man me imaginaba algo bastante terrorífico. Y es que, no sé por qué, consideraba a la figura de negro como a alguien de naturaleza demoníaca. Pero ahora, al pensar que el padre es Tate, me imagino a unos bebés de aspecto humano y sin nada llamativo que llame la atención a simple vista. Es curioso, pero ahora lo veo de otra manera.

Sin embargo, el plan de Tate se encontrará con un obstáculo que el muchacho no había previsto: el hecho de que se enamore de Violet, lo que complica bastante las cosas. Por cierto, de Violet hablaremos ahora después, porque aunque era un personaje que no me disgustaba, esta semana me ha decepcionado mucho.

Pero volvamos a Viv: por desgracia, Tate no es el único interesado en hacerse con uno de los bebés; y es que Hayden también reclama lo que piensa que, por derecho, es suyo. Si antes decía que en este episodio el personaje de Violet ha perdido puntos para mí, con el de Hayden me ha pasado exactamente lo contrario: aunque hasta este momento no la soportaba, en este último episodio me ha convencido del todo.

La conversación en la que trata de convencer a Nora de que tienen que robarle los bebés a Vivien ha sido muy buena, a la vez que reveladora: nos ha ayudado a comprender un poco mejor cómo es la situación de las almas que habitan en la casa, y también ha servido para conocer la manera en la que interactúan entre ellas. Así, por ejemplo, hemos visto que Moira y Hayden no encajan demasiado bien, y que Nora no termina de ser consciente de su situación. Me sigue fascinando la manera en la que algunos de los espíritus saben perfectamente quiénes son y dónde están y que mientras tanto otros, como el difunto marido de Constance, pueda “morir” una y otra vez sin sospechar lo que ocurre.

Por último, hay que mencionar obligatoriamente el plan que Hayden urde por su cuenta para hacerse con los bebés: volver loca a Vivien y acabar con ella. Y, todo sea dicho, las cosas no le van nada mal en este intento…

Y es que la pobre Vivien se ha llevado la peor parte en este episodio: tras descubrir al final de Open House que el fantasma de Nora había estado rondando por la casa, su nerviosismo (ya de por sí, bastante alto) aumenta mucho más, como era de esperar. Y será este estado el que Hayden aproveche para llevar a cabo sus planes.

En esta situación el único apoyo real con el que Viv parece contar es Moira, la criada. No sólo le dice a Vivien que cree cada palabra de lo que cuenta (lo que ya es un consuelo), sino que además insiste en que la señora Harmon abandone la casa lo antes posible.

Me ha gustado mucho la escena en la que ambas mujeres hablan en la cocina (¿no tienen siempre estos dos personajes sus mejores conversaciones allí?) acerca de los miedos de Vivien. Moira ha demostrado, una vez más, el odio que siente hacia los hombres, y a la vez nos ha dado una lección de sabiduría hablando primero de The Yellow Wallpaper, el relato de Charlotte Perkins Gilman, y luego de la etimología de la palabra “histeria”. Me resulta muy curioso ver a Moira hablando en estos términos. Aunque su aspecto generalmente coincida con el de una señora mayor, sabemos que murió siendo muy joven. Sin embargo, posee una gran sabiduría que no parece corresponder con la madurez de una joven que tenga la edad que tenía Moira al morir. No sé si en estos años su fantasma se ha dedicado a leer o si ya sabía de este tipo de cosas antes de morir. Pero, desde luego, es muy llamativo.

El caso es que la conversación con Moira hace que Vivien tome la decisión que debía haber tomado semanas atrás: tiene que abandonar la casa. Así que, ni corta ni perezosa, levanta a Violet de la cama, y ambas se dirigen hacia el coche con la intención de marcharse de allí. Pero las cosas nunca son tan fáciles, y la aparición de los fantasmas del tercer episodio las obligará a regresar al interior de la casa (decisión que sigo sin considerar muy acertada).

Llegados a este punto, toca detenerse a hablar de Violet. Desde la escena de la bañera que tuvo lugar dos episodios atrás, cabe la posibilidad de que la muchacha esté muerta y aún no sea consciente de ello. A favor se encuentra el hecho de que, tal y como Ben ha comentado, lleve dos semanas sin ir al instituto. Además, no la hemos visto abandonar la casa en todo este tiempo, y, casualmente, justo en el momento en el que iba a salir con su madre (la escena de la que hablábamos en el párrafo anterior), la oportuna aparición de los fantasmas en el coche les obliga a regresar al interior de la casa.

En contra de esta idea juega el que no hayamos visto un cuerpo por ningún lado. Puede que Tate lo hubiera ocultado en algún sitio, pero esto no parece cuadrar con el comportamiento del muchacho hacia ella. En cualquier caso, está claro que tratan de jugar con el espectador para crearnos dudas acerca de la situación de Violet (Dexter style, como estamos viendo en la sexta temporada). Ya veremos cómo se resuelve el tema…

Aunque no me haga mucha gracia, tengo que seguir hablando de Violet. Y es que, como comentaba antes, su comportamiento me ha decepcionado muchísimo: el mentir a todo el mundo para hacer creer que su madre está loca ha sido pasarse de la raya. Todo, imagino, con la finalidad de seguir al lado de Tate el mayor tiempo posible. Obviamente, el tema se le ha ido de las manos, pero no por eso su actuación está más justificada.

Sin lugar a dudas, Vivien es el personaje que ha salido peor parado en todo este asunto. No sólo ha perdido el apoyo de todas las personas que le importan, sino que, además, va camino de perder también la confianza en si misma. La tortura psicológica a la que le ha sometido Hayden (con ayuda de Tate) ha funcionado muy bien. Han conseguido transmitir a la perfección el caos y el descontrol que sentía Viv, el no saber bien qué está pasando, sensación que llega a su momento culmen cuando Vivien dispara a Rubber Man con la pistola de Marcy, y descubrimos que en realidad ha disparado a Ben.

De modo que el final de este episodio nos deja a Vivien fuera de su hogar, internada en un hospital a la espera de ser evaluada. Y, como ella misma dice, debería sentirse incluso afortunada: “Al menos así saldré de esta casa.” Obviamente, Viv tendrá que regresar. Por un lado, la casa se encargará de traer a los bebés de vuelta. Por el otro, sabemos que Vivien comienza a sentir un enorme malestar cada vez que abandona la casa. Me temo que no le va a resultar tan fácil librarse de todo esto…

Resumiendo, AHS ha vuelto a darnos otro de esos episodios desconcertantes que encajan tan bien con su esencia. Al igual que ocurrió en el episodio piloto, a veces he tenido la sensación de caos debida a la forma en la que se han superpuesto las escenas, especialmente en lo que concierne a los saltos entre épocas distintas. Sin embargo, reconozco que lo que en aquella ocasión me incomodó, esta vez se me ha hecho mucho más llevadero. Supongo que me he acostumbrado a esta forma de narración.

Quedan cinco episodios en el tintero, y aún no sé hacia dónde nos llevarán exactamente esta temporada. Aunque, si tuviera que apostar, lo haría por el triunfo de la casa sobre los Harmon (sintiéndolo mucho por Vivien, la única de la familia a la que le tengo cariño): ¿conseguirán Hayden y Nora quedarse con los bebés? No nos queda demasiado para averiguarlo…


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