Review AHS: Piggy, Piggy

El sexto episodio de American Horror Story nos trae el título más extraño que hemos tenido hasta la fecha. Un nombre raro cuyo significado, sin embargo, comprendimos al ver uno de los sneak peaks que presentábamos hace unos días. Lo que no imaginaba, desde luego, era que un título tan “ridículo” daría lugar a un episodio de este nivel. Porque a mí, al menos, me ha encantado. La manera en la que la serie va avanzando, paso a paso, para construir una trama que cada vez se hace más consistente, además de sorprendente, me está pareciendo magistral. A punto de entrar en el ecuador de la primera temporada, ya soy incondicional de AHS. Y es mucho más de lo que imaginaba cuando vi el episodio piloto… Pero ya basta de divagaciones, ¿comentamos “Piggy, Piggy”?

El inicio del episodio sigue el patrón más o menos habitual de la serie, introduciéndonos uno de los terribles crímenes que tuvieron lugar en la casa. Al igual que ocurrió en Murder House, el opening de esta semana nos resulta muy cercano, al estar protagonizado por uno de los personajes principales: Tate, del que descubrimos muchísimas cosas en el doble episodio de Halloween.

Hay que reconocer que la escena introductoria era, en cierto modo, un arma de doble filo. Por un lado, pocas sorpresas (o ninguna) podíamos esperar: ya sabíamos qué era lo que había hecho Tate, y aunque nos quedaban algunos huecos por rellenar, el argumento estaba bastante claro. Pero, a pesar de esto, la forma en la que se han presentado los hechos ha sido admirable, y ha cumplido con nota.

Por una parte, llama la atención que, aunque el protagonista innegable de la escena sea Tate, no llegamos a ver la acción desde su punto de vista. Comenzamos con Constance, que, sin esperarlo, presencia cómo su casa se ve invadida repentinamente por hombres armados que buscan a su hijo como si fuera un peligroso criminal (lo que es, de hecho). A la sorpresa le sigue la negación, y finalmente el desconsuelo de perder a Tate sin poder hacer nada para evitarlo.

Lo mismo ocurre con la escena que transcurre dentro de la biblioteca del instituto. Aunque desde el primer momento sabemos de quién se trata, las imágenes consiguen introducirnos en la piel de esos estudiantes desconcertados que no tienen ni idea de qué está ocurriendo. El miedo se percibe en el ambiente, y el silencio, prácticamente absoluto, funciona a la perfección a la hora de construir esa tensión. Buena idea la de hacer que el único sonido que saliera de labios de Tate fuera el conocido silbido que ya hemos oído varias veces en la serie.

Por supuesto, ha habido detalles que he echado en falta: por un lado creí que veríamos a Tate maquillado como ya habíamos visto en los flashbacks. Por otro, pensé que oiríamos cómo le preguntaba al personaje de Alessandra Torresani si creía en Dios, tal y como nos contaron en el episodio anterior. A pesar de esto, y como ya digo, me ha encantado la reconstrucción de la escena.

Terminando con esta trama, no deja de sorprenderme la actitud “chulesca” de Tate frente a los policías, a los que prácticamente obliga a disparar. En reviews anteriores comentaba la posibilidad de que Tate se hubiera suicidado en la casa. Hoy hemos visto que no fue exactamente así, pero que sin duda fue el responsable de su muerte, sin dejar espacio para otras opciones. Y me ha gustado el detalle de que muera sin llegar a responder a la pregunta de “¿Por qué lo hiciste?” del policía. Por mucho que lo intentemos, a veces este tipo de tragedias no tienen una explicación coherente, o al menos una que se pueda resumir en unas cuantas palabras que no hagan justicia a la complejidad del fenómeno. Tate se marcha dejándonos con una duda que probablemente él mismo tenía en su cabeza, y a la que no hay por qué responder de forma directa.

La “oscuridad” (en términos dexterianos) que percibimos dentro de Tate en estas escenas contrasta con la actitud cariñosa que mantiene todo el tiempo hacia Violet. Esa dualidad es sin duda uno de los aspectos más interesantes del personaje, y abre la puerta al gran dilema moral al que se tendrá que enfrentar la hija de los Harmon, y que va a dar mucho juego. Con este tipo de planteamientos, ¿cómo no vamos a disfrutar de la serie?

Y es que aunque Tate haya sido el elemento que ha disparado la trama del episodio, la auténtica carga de esta línea ha recaído sobre Violet y la forma en la que debe enfrentarse a la horrible verdad del pasado de su novio. Como imaginábamos (era lo más coherente en este caso), la chica decide investigar por su cuenta a qué se referían los fantasmas de los chavales con la masacre de Westfield High. Y así es como descubre, para su desesperación, que Tate fue el causante del tiroteo y que, según la información de la web, está muerto.

La reacción lógica, el pánico, era algo que cabía esperar. Y es ese desconcierto el que ha aprovechado Constance para mostrar sus cartas: aunque en un principio Violet no era sino un estorbo (de ahí que intentara envenenarla en el tercer episodio), ahora que conoce la verdad se ha convertido en un elemento esencial de su plan, que no es otro que hacer que Tate llegue a ser consciente de lo que hizo y de lo que es, y sea capaz de avanzar sin quedarse atrapado para toda la eternidad viviendo como un fantasma en la casa.

En cierto modo, “Piggy, Piggy” es la exploración de la lucha interna de Violet, que va desde la aceptación de la realidad hasta el momento en el que decide qué actitud tomará frente a Tate, resumido en la última imagen del episodio. Tengo que decir que me ha sorprendido gratamente la interpretación de Taissa Farmiga en este episodio, ya que sin ser Violet uno de los personajes que más me llaman la atención, ha conseguido transmitirme su angustia en los momentos de más tensión dramática.

Que en un primer momento Violet no termine de aceptar lo que ha visto en la página web es lógico. Como Constance le comenta, a ella le ocurrió igual. Y es entonces cuando pronuncia una frase muy interesante: “Esta casa te hará creer”. Una vez más, la casa actúa como un personaje cualquiera, y se sitúa en el centro de la acción. De hecho, Constance sugiere que es precisamente la casa la que obligó a Tate a llevar a cabo la masacre. En ese camino de aceptación de Violet un nuevo personaje jugará un papel esencial: Billie Dean Howard (interpretada por Sarah Paulson), una médium un tanto particular amiga de Constance que tratará de convencer a Violet para que forme parte del plan de su madre.

Decía que Billie es un personaje un tanto peculiar porque rompe con el estereotipo de “médium un tanto loca y excéntrica” para presentarnos a una señora con dinero, con clase y con vista para los negocios. Una mujer a la que en un principio podríamos considerar un fraude, pero a la que le bastan un par de frases de la ¿abuela? de Violet para demostrarnos que dice la verdad. Y gracias a ella podemos presencial otra lección de interpretación por parte de Jessica Lange, que nos vuelve a cautivar al despedirse de Addy a través de su amiga. Realmente podemos imaginar a la dulce Addy perdonando a su madre y diciéndole que, por fin, es una chica tan bonita como las demás. Y le agradece que no consiguiera llevarla al jardín de la casa y “salvarla”, principalmente, por miedo a Tate.

Ese mismo miedo es el que empuja a Violet a visitar Westfield High, con la intención de tratar de comprender qué es lo que llevó a Tate a cometer tal atrocidad. Enfrentarse directamente a las consecuencias (una placa con los nombres de los quince alumnos fallecidos y un profesor con la vida destrozada) no ayudan precisamente a aceptar a Tate, y la desesperación de Violet continúa aumentando a medida que avanza el episodio.

En “Piggy, Piggy” recuperamos a un personaje al que ya llevábamos tiempo sin ver: Leah, la compañera de instituto de Violet que fue atacada por Infantata en el episodio piloto, y que aún sigue traumatizada por aquella experiencia. Es ella la que le da a Violet las pastillas con las que la chica trata de suicidarse y gracias a las que hemos presenciado uno de los mejores momentos del episodio: la escena de la bañera en la que Tate hace todo lo posible para salvar a Violet. Curiosamente, el cruel asesino del inicio del episodio se ha convertido en el ángel de la guarda de Violet. Y parece ser que ella ha terminado aceptándole tal y como es. Imagino que dentro de poco le ayudará a “cruzar”, a “ir hacia la luz” o, de algún modo, dar cierre a su historia. Aunque me parece lógico, no quiero que llegue ese momento: la idea de perder al personaje de Tate no me agrada en absoluto…

Para terminar con la trama de Violet, sólo queda hacer referencia a la escena en la que la chica baja al sótano de la casa y se tiene que enfrentar con muchos de los fantasmas que habitan en la casa. ¿Indica esta escena que Violet por fin está abriendo los sentidos de algún modo y comienza a percibir más cosas? ¿Está adquiriendo esa “habilidad” de la que hablaba la médium? Y, por último, aunque no tenga nada que ver con eso… ¿tan poco se preocupan unos de otros en esa casa? Si no recuerdo mal, no hemos visto ni una interacción entre Vivien y su hija en todo el episodio…

Hablando de Vivien, ella también ha tenido sus propios problemas en este episodio, relacionados, principalmente, con su bebé. Como comentábamos en el episodio anterior, era necesario volver a mencionar la escena del hospital y a la enfermera que se desmayó la noche de Halloween para darle coherencia a la trama. Los sueños (imaginamos que recurrentes) de Vivien demuestran su preocupación por el tema. Por cierto (nuevo inciso), me ha encantado el detalle de la música de cello como fondo del sueño de Viv. De hecho, echo de menos más referencias de este tipo, teniendo en cuenta que Viv fue profesora de cello y que para los músicos su instrumento es mucho más importante de lo que cabría imaginar.

En cualquier caso, era necesario volver a ver a la enfermera del hospital para que explicara qué había visto en la ecografía. Y aunque no nos lo ha dejado demasiado claro, sabemos que no es algo precisamente humano, lo que parece confirmar que, efectivamente, la criatura es de Rubber Man, como se sugería en el episodio piloto. Curiosamente, las enfermeras del hospital no han visto nada raro en la segunda ecografía, lo que parece indicar que el asunto no radica en el aspecto del bebé, sino más bien en su naturaleza, algo que no todo el mundo es capaz de percibir.

Que el bebé no es normal ha quedado más que claro al ver los nuevos gustos alimenticios que está desarrollando Vivien. Aunque se supone que todo el tema de los alimentos está pensado para repugnar al espectador, reconozco que el primer plato que se come me pareció de lo más normal. Al menos, cocinado, no veo nada extraño en ello. Eso sí, la cara que ha puesto al oler el páncreas crudo es otra historia… Y lo que imaginábamos se ha confirmado con la escena del cerebro. No cabe duda de que es el bebé el que le pide ese tipo de alimentos, y la referencia a Rosemary’s Baby es más que evidente. Ojalá el embarazo se lleve a cabo correctamente, porque tengo mucha curiosidad por conocer a ese bebé…

Hemos visto también el “despido” de Moira, que, sin embargo, se ha negado a marcharse de la casa. No sé si soy la única, pero su referencia a la “limpieza” de la casa me ha recordado al personaje de Tangina Barrons en la archiconocida Poltergeist. ¿Veo referencias hasta donde no las hay?

Por último, en relación con Vivien, hemos visto cómo su trato con el policía se hace cada vez más íntimo. Ambos comparten experiencias similares y entre ellos hay una atracción evidente que no ha pasado desapercibida a nadie. Ni siquiera a Ben…

De la mano de Ben, por cierto, nos ha llegado una trama muy secundaria pero que, irónicamente, daba título al episodio: nos referimos a Derek, el nuevo paciente obsesionado con las leyendas urbanas. Eric Stonestreet (más conocido “Cameron” en Modern Family) ha encarnado a un personaje interesante: en él se combina una evidente comicidad con un cierto sentimiento de lástima o incluso complicidad. Y es que, a pesar de ser un adulto con miedos infantiles, no resulta difícil comprenderle. Todos los que hemos pasado noches en vela con los amigos compartiendo historias de miedo nos hemos sentido en algún momento como el pobre Derek (aunque en una versión mucho más light).

Aunque soy una completa ignorante en el tema, tengo serias dudas acerca del método seguido por Ben: no sé si encerrar a oscuras a Derek en el baño era la opción más adecuada. Y, todo sea dicho, la aparición del fantasma de la enfermera tampoco ha ayudado demasiado. Ya es mala suerte tratar de superar un miedo irracional a los espíritus en una casa abarrotada de ellos. Pero ahí radica la ironía.

Ahí, y en la muerte de Derek, que ha sido el resultado de un cúmulo (más bien poco creíble) de casualidades que recupera la idea de que, tarde o temprano, la casa castiga a las personas con el peor de sus temores. Bueno, y que convertirse en paciente de Ben Harmon no es precisamente un seguro de vida…

En fin, aparte de esto, “Piggy, Piggy” me ha parecido un gran episodio, especialmente en lo que se refiere a la trama relacionada con Tate y Violet. Como decía al principio, la serie cada vez me gusta más, y no he acabado de ver un episodio cuando ya espero con ansias el siguiente. Buena señal, sin duda. Como tarea pendiente para la semana que viene, me gustaría saber qué pasó con Larry en el episodio anterior, y quisiera continuar ahondando en la trama de Tate. Mientras tanto, aún hay tiempo de hablar del 1×06. Venga, ¿qué os ha parecido a vosotros?


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