Review AHS: Nor’easter

Seguimos adentrándonos en el interior de Briarcliff y lo que vemos cada vez nos repugna (y, a la vez, atrae) más. Que a American Horror Story le gusta recrearse en los aspectos más horribles que podamos imaginar es algo que a nadie coge de improviso a estas alturas. Y, aun así, siempre consigue sorprendernos un poco en cada episodio. Si os atrevisteis a darle una oportunidad a Nor’easter, el peculiar episodio de Halloween de esta temporada, pasad, que vamos a hablar de ello… 

Poniendo las cosas en orden, vamos a empezar por el inicio. Si la semana pasada decía que la trama que se desarrolla en el presente no me atraía en absoluto, hoy tengo que tragarme mis palabras: el giro que han dado los acontecimientos me ha parecido excepcional y vuelve a captar todo mi interés. Hemos descubierto que, lo que creíamos que era Bloody Face no es sino el delirio de unos pirados a los que una broma de mal gusto se les va de las manos. Pero lo que desde luego no podían prever era que el auténtico Bloody Face les seguía los pasos muy de cerca… De modo que, por ahora, las preguntas acerca del asesino siguen siendo las mismas (¿quién es?, ¿es posible que sea el mismo Bloody Face de 1964?, ¿qué pretende?…), pero el número de víctimas sigue aumentando de manera exponencial.

Sin embargo, poco más hemos podido descubrir acerca de este individuo, y tendremos que esperar hasta el próximo episodio para saber algo más, teniendo en cuenta que la información del presente prácticamente nos llega con cuentagotas.

Por suerte, la trama de 1964 da de sí para un rato. Como ya anunciaba la sinopsis, una tormenta se acerca a Briarcliff, y su llegada alterará el funcionamiento habitual del hospital. En un gesto poco habitual en ella, la hermana Jude decide organizar el visionado de una película para ayudar a mantener la calma durante el tiempo que duren las inclemencias meteorológicas.

Por un lado podemos decir que la proyección de la cinta es el hecho que articula todo lo ocurrido en el episodio. Pero, por el otro, no podemos dejar de reconocer el papel esencial que ha jugado nuestra querida Mary Eunice en este capítulo. Tras haber sido poseída como consecuencia del exorcismo que presenciamos en el episodio anterior, Mary ha dejado de ser la chica inocente y sumisa que conocíamos para convertirse en el temor de todos los habitantes de Briarcliff, manejándolos a su antojo como si fueran marionetas.

Este cambio me ha encantado, y aunque la semana pasada no me gustó ver que la monja había sido poseída, reconozco que el personaje ha ganado muchísimo. Además, hay que alabar la interpretación de Lily Rabe. Si con Nora Montgomery, el personaje que interpretaba el año pasado, se nos hacía un poco pesada y repetitiva, esta temporada nos está conquistando.

La primera de sus víctimas ha sido la hermana Jude, a la que ha obligado a enfrentarse a su pasado. La monja, que tras las revelaciones que vimos en el episodio anterior ya no nos parece tan terrible, ha tenido que hacer frente a sus errores y arrepentirse, si cabe, aún más. Mary ha jugado con ella como ha querido: ha recibido el periódico publicado tras la desaparición de la niña a la que atropelló, un pintalabios como el que solía usar, y hasta una llamada de la criatura pidiéndole explicaciones por su comportamiento.

Aunque en un principio estas pruebas la han llevado a desconfiar de sus compañeros de Briarcliff, lo cierto es que Jude ha terminado comprendiendo que, al fin, ella es la única responsable de sus actos. Y lo ha hecho de una manera un tanto irracional: entregándose al alcohol, algo que llevaba sin hacer desde la fatídica noche que cambió su vida para siempre.

Por suerte para nosotros, esta recaída ha dado como lugar una escena tan intensa como la presentación de la película, en la que Jude, poco acostumbrada a perder el control, prácticamente ha desnudado su alma delante de todos los miembros del hospital, estando a punto de revelar ante todos su gran secreto. De nuevo, una gran actuación de Jessica Lange, que nos ha tenido en vilo durante un buen rato.

La película elegida, por cierto, de la que aún no hemos dicho nada, es The Sign of the Cross, un clásico de 1932 que ya levantó cierta polémica en su época debido a la carga sexual que contenían algunas de sus escenas, demasiado atrevidas para la sensibilidad de la época. Quizás por eso (y, sobre todo, por la violencia que se ejerce sobre los cristianos en la cinta), la nueva hermana Mary la disfruta como una niña pequeña. Sin duda, sus caras de éxtasis durante la proyección han sido uno de los mejores detalles del episodio.

Aunque, si tengo que quedarme con un momento, seguramente elegiría la muerte de la pobre mejicana, la única paciente que ha sido capaz de identificar la verdadera naturaleza que ha poseído a la joven monja. Reconozco que me gusta escuchar hablar español en las series americanas de vez en cuando, pero el momento de la oración conjunta me ha encantado por mucho más que eso. La tensión de la pobre mujer justo antes de morir ha sido más que convincente. Una lástima haber conocido tan poco tiempo a la señora, que a estas alturas ya es (como tantos otros) pasto de las criaturas que habitan en el bosque.

La proyección de la película sirve, además, para que algunos de los supuestos enfermos planeen escapar del hospital. Los cabecillas, una vez más, han sido Kit y Grace. Esta pareja ya parece mostrarse inseparable (con más motivo a raíz del castigo que recibió Kit la semana anterior). Pero no han sido los únicos que han tratado de escapar…

A ellos se ha unido, de nuevo, Lana Winters. La periodista, que ha tratado de ponerse en contacto con su antigua pareja a través del doctor Thredson, teme que le haya ocurrido algo, y decide salir de Briarcliff para descubrir la verdad. Además, gracias a las palabras del doctor, comienza a confiar por primera vez en Kit, considerando que, después de todo, es posible que el chico no sea el temible Bloody Face. Por suerte para ella, Kit la ha perdonado, y le permite unirse a la comitiva.

El último miembro del grupo lo forma Shelley, la chica ninfómana que, por desgracia, no corre demasiada suerte en este episodio: en un arranque de compañerismo, decide quedarse atrás entreteniendo a Carl, uno de los guardas, para que sus compañeros puedan escapar. Las consecuencias de esto, como veremos, serán terribles…

Pero lo cierto es que sus compinches tampoco tienen demasiada suerte: tras conseguir salir del edificio (en una escena que me ha recordado muchísimo a una conocidísima imagen de Cadena Perpetua), los prófugos han tenido que regresar a su cautiverio. Y es que en el exterior les esperaba algo más terrible aún: las temidas criaturas a las que alimenta la hermana Jude. Por fin hemos visto que tienen forma humana, aunque aún necesitamos saber muchísimo más acerca de su origen.

Y muy ligado a este tema, sin lugar a dudas, se encuentra el doctor Arthur Arden, que tampoco ha tenido las cosas demasiado fáciles en este episodio. Trastornado por la nueva actitud de la hermana Mary, hemos presenciado cómo el médico ha perdido la fe en todo lo que creía. La semana pasada ya descubrimos su adoración (o, quizás, obsesión) por la monja, a la que considera un ejemplo de elegancia y pureza. Pero al descubrir que esas cualidades que tanto admiraba han desaparecido, el médico pierde el rumbo, algo que ha quedado de manifiesto en la escena en la que destruye la imagen de la Virgen María, un claro símbolo de su ruptura con sus anteriores creencias.

De ahí que decida abusar de Shelley, que tan repulsiva le parecía antes. Y, por si fuera poco, este encuentro se ve truncado por las burlas de la joven. Este es, sin duda, el mayor error que podría haber cometido: si Arthur ya se encontraba derrotado desde el punto de vista psicológico, un orgullo herido era lo último que podía afrontar. Y de ahí, también, las horribles consecuencias: Shelley, por ahora, ha perdido las piernas a manos de esta macabra versión de Frankenstein. Y veremos cuánto tarda el doctor en enviar el resto de su cuerpo a las criaturas del bosque…

Llegados a este punto, sólo queda por comentar una pequeñísima trama a la que no hemos hecho mención hasta ahora: prácticamente al inicio del episodio, vemos cómo Arthur trata de comprender la naturaleza del chip que extrajo del cuello de Kit. Y vemos también que el misterioso artefacto parece tener autonomía propia, recomponiéndose y moviéndose a su antojo. Si en el primer episodio ya supusimos que el chip era obra de los aliens (teniendo en cuenta las visiones de Kit que pudimos observar), estas sospechas parecen fortalecerse tras este último episodio: y es que, aunque sólo ha sido un instante, hemos tenido la oportunidad de ver cómo la hermana Jude se cruzaba de frente con uno de estos extraterrestres. Una vez más, no podemos confirmar nada (recordemos que Jude se encontraba bajo los efectos del alcohol, y que todo podía deberse a su imaginación), pero todo parece indicar que la historia de Kit ni hace tantas aguas como piensan los médicos…

En definitiva, American Horror Story vuelve a cumplir con su propósito de sorprendernos como ninguna otra. Si bien el tema del terror es discutible, su capacidad para sorprender sigue siendo envidiable. Y, a cada paso que da, da la impresión de volverse más bizarra y enfermiza si cabe. Y por eso, precisamente, nos gusta tanto…


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