Review AHS: Murder House

American Horror Story continúa imparable su camino, y por ahora todo parece marchar envidiablemente: la crítica habla bien de ella (superadas las dudas iniciales que despertó el episodio piloto) y las audiencias han mejorado bastante con respecto al segundo episodio. Además, esta semana ha demostrado que no se hace de rogar a la hora de ir resolviendo preguntas (cosa que me encanta) y que tiene guardada en la recámara una buena provisión de nuevos misterios (cosa que me encanta, si cabe, aún más). ¿Comentamos Murder House?

Al contrario que el episodio anterior, centrado en un crimen aislado, y más parecido a lo que generalmente se denomina un “autoconclusivo” (si es que esa etiqueta se puede aplicar a esta serie de alguna manera), Murder House ha sido un episodio mucho más revelador, que ha girado en torno a algunos de los personajes principales y nos ha dado varias de las respuestas que buscábamos, a la vez que ha originado nuevas preguntas.

Como ya es costumbre en la serie, los primeros compases del episodio nos han llevado a otro recuerdo macabro del pasado de la casa. Por un lado, tengo que confesar que me ha parecido que este inicio tenía menos ritmo que los dos anteriores (o, como mínimo, menos tensión), pero se ha visto compensado por el hecho de que por fin hayamos asistido a la muerte de Moira a manos de Constance, como ya se nos avisó en el episodio piloto.

Del personaje de Moira hablaremos luego más despacio, porque hay mucha tela que cortar con respecto a ella. Por ahora diremos que ya sabemos el motivo por el que la criada y Constance se odian tanto, aunque aún tenemos que averiguar exactamente por qué Moira está atrapada en la casa bajo las órdenes de Constance. Una última cosa: me ha sorprendido ver que Constance, efectivamente, está viva (sí, pensé que se suicidaría después de la primera escena). Aún nos queda saber por qué se marchó de la casa para mudarse a una justo al lado, y qué ocurrió con sus hijos. Pero todo se andará. Por ahora, al menos hemos resuelto el misterio en torno al ojo de cristal de Moira…

El episodio anterior se cerró con una determinada Vivien dispuesta a marcharse de allí: “Vendemos la casa”. Aunque esta decisión tiene toda la lógica del mundo (quedaría poco real si fuera de otra manera), también sabemos que los Harmon no se pueden marchar de la casa con tanta rapidez: al fin y al cabo, el hecho de que estén allí es el núcleo de la serie (o, al menos, de la primera temporada). Han sido varias las razones que nos han dado para justificar que la familia no se mude. En primer lugar, razones económicas: no pueden comprar otro lugar porque todo su dinero está invertido en la casa, y necesitarían venderla antes. Y, como ya sabemos (y bien nos recuerda Marcy, la señora de la inmobiliaria), la economía no se encuentra en su mejor momento. Un detalle curioso es que Vivien le comente a Ben que quizás haga falta hacer alguna mejora en el patio para que la casa se venda mejor. Y precisamente eso es lo que hace Ben justo al final: un cenador con el que cubrir sus culpas y contentar a su mujer. Mentira a mentira Ben se está metiendo en un lío del que no le va a resultar nada fácil salir.

El segundo motivo que nos han dado para quedarse con la casa es la insistencia de Violet. Si la hija ya fue la primera en decidirse a la hora de trasladarse a ella (afirma que la casa tiene “alma”, y aún no sabe hasta qué punto), ahora tiene un motivo más, con nombre propio: Tate. Cada vez estoy más convencida de que el chaval habita allí y que su pasado está muy ligado al de la casa. El momento en el que Constance le saluda por la ventana y él la evita vuelve a despertar las mismas preguntas: ¿Qué relación existe entre esos dos? ¿Es Tate uno de los hijos de Constance, o está más bien relacionado con la criatura del sótano? Está claro que el diálogo que mantiene con Violet acerca de la importancia de tener unos padres que se preocupen por ella no ha sido casual…

El tercer motivo que, en teoría, mantiene atados a los Harmon a la casa (y el más ridículo, en mi opinión), es la prohibición de la doctora a la que acuden Vivien y Ben. Jamás había oído a un médico prohibir a una mujer embarazada que se mudara, y creo que seguir viviendo en la casa le provocará a Viv mucho más estrés que irse a otro sitio. Si, citando a la doctora, “la muerte, el divorcio y una mudanza” son las tres situaciones que más estrés pueden provocar en una persona, me da la impresión de que el no llevar a cabo la tercera traerá como consecuencia alguna (si no ambas) de las dos anteriores. Aunque, visto lo visto, Vivien parece seguir decidida a marcharse de allí.

Precisamente de la mano de Vivien hemos descubierto la historia de los orígenes de la casa. Bueno, en realidad, el mérito es del Eternal Darkness Tour, que encuentra en “Murder House” (como denominan a la casa) su parada estrella. Reconozco que me ha encantado que hayan usado este recurso para trasladarnos a la época de los primeros habitantes de la misteriosa mansión (con homenaje musical a otro de los grandes nombres del terror, Drácula). Vamos a repasar su historia:

Por lo que hemos visto, la casa fue construida por Charles Montgomery para su mujer, Nora. Charles era doctor, y pronto desarrolló una clara tendencia al uso de drogas y un macabro complejo de Frankenstein, actividad que desarrollaba en el sótano. Forzado por su esposa, comenzó a ayudar a abortar a chicas jóvenes que se habían quedado embarazadas. Como era de esperar, muchas de ellas murieron en el proceso. Esto, unido a la poco recomendable afición del médico explica la existencia de los botes con restos de bebés y fetos que los gemelos pelirrojos encontraron en el primer episodio.

Yendo un poco más allá, supongo que ahí podemos encontrar también el origen de la criatura del sótano, que podría ser la obra cumbre del médico, al igual que le ocurrió a Victor Frankenstein en la novela de Mary Shelley. No en vano la criatura tiene varios rasgos que recuerdan a los de un bebé, y en internet recibe el nombre de “infantata” desde el primer episodio.

Por otro lado, no podemos olvidarnos de Nora, la esposa del doctor, que, según el guía del Eternal Darkness Tour, murió de manera trágica en 1926. Por si fuera poco para los Harmon, a Nora no se le ha ocurrido nada mejor que visitar la casa junto a Vivien como si estuviera interesada en comprarla. Una vez más, la casa amenaza a cada habitante con el mayor de sus temores. Y es que el regreso del fantasma de Nora nos deja dos ideas: la primera es la herida de su cabeza, muy al estilo de El Sexto Sentido, que nos da una pista muy grande acerca de la manera en la que falleció y nos sugiere que las cosas no acabaron muy bien para el matrimonio; la segunda es que Nora está interesada en el bebé de Viv (quizás por algo que le ocurrió al suyo, que, espero, no tenga nada que ver con el monstruo del sótano). Ojalá sigamos viendo a Nora durante un tiempo…

Pero si hay alguien a quien las cosas le han ido especialmente mal en este episodio es a Ben. Por un lado, Moira ha hecho de las suyas y le ha estado envenenando el café, con lo que ha estado a punto de desencadenar la muerte de una paciente llamada Sally Freeman. Reconozco que me he reído mucho con la sesión de Sally, porque lo cierto es que la pobre mujer era el aburrimiento personificado. Pero la cosa ha cobrado mucho más interés cuando hemos visto a Ben despertarse con las manos manchadas de sangre y sin recordar nada de lo que había hecho. Aunque al final ha resultado tener suerte, dentro de lo que cabe, y la desaparición de Sally no estaba tan relacionada con él como temía, sí que se ha marchado con una buena reprimenda por parte del detective: “It’s not a crime to be an asshole.” Bien merecido. No por esto, precisamente, pero bien merecido. (Yo, una vez más, dando muestras de mi objetividad y cariño hacia el personaje de Ben…)

Como ya comentábamos la semana pasada, la historia de Hayden no iba a cerrarse tan fácilmente. La muchacha, que, definitivamente, no andaba muy bien de la cabeza, no sólo no llevó a cabo el aborto, sino que además se ha plantado en casa de Ben exigiendo que éste se hiciera responsable del bebé y le contara a su mujer la verdad. Por una parte, lo cierto es que la chica estaba en todo su derecho de exigir a Ben su parte de responsabilidad. Por otra, si Ben no es santo de mi devoción, a Hayden ya no la podía soportar. Por suerte, ese tema ha quedado más que zanjado (sí, el juego de palabras ha sido a propósito).

Una vez más el personaje de Larry ha vuelto a sorprendernos con su manera de resolver el problema de Ben. Pensando con la cabeza bien fría, Ben se ha deshecho de la chica sin mancharse las manos de sangre, con lo que, momentáneamente, sus problemas se han acabado. Ahora, sin embargo, le debe un favor más a Larry, que está empezando a influir en él más de lo que debería. Ya veremos cómo acaba la relación entre estos dos…

Vamos, por fin, a hablar de Moira, el personaje estrella de este episodio. Hoy hemos descubierto que Ben no es el único hombre que ve su apariencia joven, sino que les ocurre a todos. Como ella misma le ha dicho a Vivien, “Los hombres ven lo que quieren ver. Las mujeres, sin embargo, ven el alma de una persona.” Esta cita es clave para entender al personaje de la criada.

La apariencia juvenil de Moira se corresponde con la edad que tenía cuando murió en 1983, aunque no ocurre lo mismo con su carácter: si bien es cierto que la muchacha se acostó con el (supuesto) marido de Constance, su actitud no se parece en nada al provocativo comportamiento que tiene hacia Ben. Por otro lado, es de suponer que la apariencia con la que la ven Vivian y el resto de mujeres se corresponde con la edad que debería tener si siguiera viva. Según la cita que mencionábamos antes, este sería el aspecto de su alma. Un alma que, sin embargo, no ha dejado de ser nunca la joven de 1983, como demuestra el hecho de que, en una de las discusiones que mantiene con Constance, diga que se siente sola y echa de menos a su madre. Contradicciones que, sin duda, hacen a su personaje mucho más interesante.

A lo largo del episodio, y como consecuencia de la droga que Moira ponía en su café, Ben se ha estado despertando, precisamente, sobre la tumba de la joven. Claramente, no es casualidad, y el hecho de que una de las veces despertara con una pala a su lado demuestra que la criada estaba tratando de hacer que Ben descubriese su cadáver. No sé muy bien cómo, Constance es la causa de que Moira siga atada a la casa, y da la impresión de que esta “maldición” tiene mucho que ver con el hecho de que sus restos sigan enterrados ahí. Así lo demuestran las últimas palabras de Constance al ver que Ben estaba construyendo el cenador sobre su cuerpo: “Pobre chica… Ahora estás atrapada aquí para siempre.

En el par de reviews que lleva la serie he destacado el trabajo otros compañeros de reparto como Jessica Lange, Connie Britton o Evan Peters. Pero la actuación de Frances Conroy en este episodio me ha dejado sin palabras. Por un lado, la escena en la que libera toda su rabia contra Vivien y Ben ha sido genial. Pero mejor aún ha sido el momento en el que Moira observa, entre lágrimas, cómo sus posibilidades de ser libre quedan sepultadas bajo los cimientos que construye Ben. Una gran escena.

En resumen, American Horror Story vuelve a dar otro paso firme en lo que ya empieza a apuntar como una buena primera temporada. Esperemos que siga siendo así y que los próximos episodios mantengan el nivel que está marcando la serie. Tendrá unos detalles mejores que otros, pero lo cierto es que cada vez que termino de ver un episodio tengo muchísimas ganas de ver el siguiente. Y eso es muy buena señal. Además, sigo con un montón de dudas que quiero resolver: el misterio de los hijos de Constance, la criatura del sótano, Rubber Man (del que llevamos dos episodios sin saber nada), y una larga lista que seguramente se ampliará con el tiempo. Pero si la cosa sigue así no me importa que mi impaciencia dure un poco más. El recorrido me está gustando mucho. ¿Qué opináis vosotros?

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