Review AHS: I Am Anne Frank, Part 2

Creo que no es una novedad que diga que American Horror Story me está encantando esta temporada. Con cada nuevo episodio consigue engancharme y sorprenderme más. Como muestra, este “I Am Anne Frank, Part 2”. Un episodio que, a juzgar por el título, parecía que no iba a presentar mayor interés que el de cerrar la trama que abrimos la semana anterior. Y, sin embargo, menudo giro han dado los acontecimientos. Porque no, no me duele en absoluto reconocerlo: yo no lo veía venir para nada…

Para organizar de manera más coherente esta review, vamos a separar la trama en dos líneas argumentales diferentes (aunque, obviamente, estén muy relacionadas entre ellas): la historia de Anne Frank, por un lado, y la de Oliver Thredson por el otro. Aun así, hay que decir que lo bueno de este episodio no radica solamente en la parte argumental, sino que además ha estado perfectamente bien construido en términos visuales (ya resaltaremos algunos ejemplos).

Comenzamos con la primera de las historias que hemos mencionado. Como ya vimos la semana pasada, la hermana Jude no deja de sospechar que Anne Frank está diciendo la verdad acerca del pasado de Arden. De modo que, siguiendo el consejo de su superiora, decide investigar por su cuenta, para averiguar si está en lo cierto.

Pero Arden tiene demasiada suerte. A pesar de que en el episodio anterior parecía que su secreto estaba a punto de descubrirse, en pocos minutos la situación ha dado la vuelta por completo, y el médico ha pasado de estar siendo apuntado con una pistola a tener a Anne encerrada y al futuro de la hermana Jude colgando de un hilo.

Y es aquí donde ha venido una de las sorpresas del episodio: Anne Frank, en realidad, no es Anne Frank. Es algo que no sólo cabía dentro de lo posible, sino que era más que probable. Pero su historia era tan convincente, sus pruebas parecían tan definitivas… no sé si hubiera preferido que, en realidad, la mujer fuera la autora del famosísimo diario. De hecho, en un principio he llegado a pensar que su marido no era sino un actor contratado por Arden para eliminar las sospechas hacia él. Pero, por suerte o por desgracia, la historia no era cierta.

La realidad tiene una explicación mucho más sencilla: Charlotte (que así se llama en verdad nuestra peculiar Ana Frank) es víctima de un trauma postparto, que le llevó a interesarse primero y a obsesionarse después con el tema del holocausto nazi. De modo que, revelada su verdadera historia, las sospechas hacia el doctor Arden se convierten en poco más que una ridícula fantasía. Por ese motivo, Jude se ve obligada a cancelar la investigación sobre Arden y, por si fuera poco, tiene que afrontar la idea de ser expulsada del hospital si el doctor decide denunciarla (algo que parece que va a ocurrir de un momento a otro). Como decía antes, la situación ha dado la vuelta por completo. Y, si bien ya habíamos visto algunos signos de debilidad en Jude en estos últimos episodios, nunca la habíamos encontrado tan derrotada como hoy. Al final, los personajes que aparentemente son los más duros terminan no siéndolo tanto…

Con respecto a Arden, solamente nos quedaba por comprender cómo era posible que Shelley (o lo que queda de ella) ya no estuviera en su laboratorio cuando Jude va a investigar. Una vez más, Mary Eunice ha sido la responsable de ello. Y, sorprendentemente, no le ha bastado con sacar a Shelley al exterior con las demás criaturas del bosque, sino que, encima, la ha llevado al patio de un colegio. El momento en el que la descubren, prácticamente destrozada y subiendo con dificultad las escaleras del colegio ha sido, sin duda, uno de los más grotescos y llamativos del episodio.

Pero la historia de Anne Frank no acaba ahí. Cuando creíamos que nos habíamos despedido de ella, su marido decide devolverla a Briarcliff para que la traten, después de que intentara asesinar a su hijo. Ni corto ni perezoso, Arden se ofrece a curar de manera casi milagrosa a Charlotte practicándole ni más ni menos que una lobotomía. Aunque no era una práctica demasiado extraña en el pasado, da la impresión de que Arden en realidad actúe así para evitar que Charlotte vuelva a mencionar su supuesto pasado nazi.

No sé qué me ha transmitido peores sensaciones: si la operación en sí, o el estado “zombie” en el que se encontraba Charlotte después de ser intervenida. Convertida en la esposa perfecta, su marido y ella deciden deshacerse de toda la información que la mujer había recopilado sobre los nazis. Y eso no les permite darse cuenta de que, en realidad, la historia de Anne Frank no era tan descabellada como podría parecer. Un recorte de periódico olvidado nos muestra que, efectivamente, Hans Grouper vive bajo el techo de Briarcliff Manor. Evidentemente, Charlotte, a pesar de su locura, había investigado el tema con tanta profundidad que, en lo más recóndito de su mente, fue capaz de identificar la auténtica naturaleza del doctor.

Lástima que Jude no haya llegado a tiempo de descubrir la verdad. Al menos, por ahora. Sin embargo, aún es posible que la monja consiga desenmascarar al médico ates de que acabe la temporada. Y, si puede ser, antes de que la expulsen del hospital. Y es que su actitud en este último episodio no encaja demasiado bien con el de la monja que debería ser…

Por último, con respecto a esta primera trama, sólo quiero mencionar que me ha parecido muy original la manera en la que se han presentado los pequeños flashbacks de Charlotte, como si estuvieran grabados con una cámara casera. Y, por supuesto, la manera en la que este tipo de imagen se ha fundido con la imagen “real” al final, cuando Charlotte se ha convertido, por fin, en la esposa que su marido ansiaba. Sin olvidar, cómo no, la genial manera en la que se ha desvelado el pasado nazi de Arden, con esa contrastante y alegre melodía…

Hablando de escenas bien montadas, sin duda hay que mencionar el momento en el que Kit y Grace, encerrados en sus celdas, hablan entre ellos y sus voces les hacen sentir como si estuvieran en el mismo espacio, uno junto al otro, acariciándose. Como decía, este episodio ha sorprendido también por la excelente manera en la que se han montado muchas de sus escenas.

Pero si tenemos que quedarnos con algo, probablemente sea con la revelación de la auténtica identidad de Thredson. Desde que apareció, siempre he defendido a este personaje, que me parecía de lo más interesante: un médico con una forma de pensar muy avanzada para su época, que parecía debatirse entre lo que opinaba realmente y lo que su contexto le marcaba. Sin embargo, me engañaron como a una niña pequeña. Sus promesas por liberar a Lana, su confianza en Kit, sus sospechas de que el chico era inocente… todo esto no era sino una máscara creada para ocultar otra mucho más terrible: la de Bloody Face.

De hecho, hasta el día de hoy no había visto en Thredson nada sospechoso que me hiciera cuestionarme su identidad. Hasta el momento en que manipula a Kit para que haga una confesión grabada de sus crímenes. Estaba claro que de esa cinta no podía salir nada bueno, y sigo sin terminar de explicarme cómo Kit accedió a grabarla, sabiendo lo que podía suponer que cayera en las manos equivocadas. Y así ha sido: algo muy importante tiene que ocurrir para que Kit se libre de la silla eléctrica. Su única oportunidad de salvación parece venir de la mano de Grace que, mientras estaba siendo sometida a su esterilización, ha visto a los ya famosos extraterrestres y a Alma, la mujer de Kit, embarazada.

¿Es posible que Alma siga viva y que el cadáver que encontraron fuera de otra persona? Eso explicaría por qué Thredson ha seguido con tanto interés a Kit, sabiendo que él no era en realidad Bloody Face. Pero eso sólo es una teoría.

Lo que sí sabemos con seguridad es que Oliver Thredson es un perturbado mucho más peligroso que cualquiera de los pacientes de Briarcliff. Quizás el único que pueda estar a su altura sea Arthur Arden. Vaya representación del cuerpo médico nos está dando esta serie…

El caso es que, cegados por las promesas de liberte de Thredson, no hemos sido capaces de ver que, al salir del manicomio, Lana estaba dirigiéndose hacia su perdición. Y eso que las palabras del doctor han sido muy claras: “Ya no trabajo aquí. Nunca lo he hecho.

Llegamos así a la que, para mí, ha sido la mejor parte del episodio: la llegada al apartamento de Thredson, momento en el que Lana comienza a atar cabos y descubre que, en realidad, se encuentra en casa de su enemigo. La imagen me ha parecido perfecta: un diseño moderno pero frío, la lámpara hecha con piel humana, las pastillas en el interior del cráneo… me ha parecido genial la manera en la que se ha construido esa tensión, tras descubrir que Thredson es un asesino, y tratando de encontrar una manera de escapar sin que el doctor lo sospeche.

Por supuesto, el intento de huida no podía salir bien. Si creíamos que Lana lo había pasado mal en el hospital, no teníamos ni idea de lo que iba a tener que soportar después: por lo pronto, Oliver ha decidido continuar la “terapia” que ya inició en Briarcliff. Y para ello utilizará el cadáver de Wendy, por si la pobre Lana no había sufrido ya lo suficiente. Sin duda, una de las tramas más macabras y escalofriantes que hemos podido ver en esta serie. Y ya es decir…

En definitiva, me ha encantado este episodio. Ha estado plagado de detalles muy cuidados, culminando en un final apoteósico, con la llegada de Lana a casa de Thredson. La cosa no puede estar más interesante, y, sin embargo, da la impresión de que los horrores irán a más en los próximos episodios. Al fin y al cabo, esa es la seña de identidad de esta serie. Cuesta reconocerlo (no siempre es fácil afirmar que disfrutas con tal cúmulo de horrores), pero hay que ver lo bien que me lo paso con este despropósito… 


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