Review AHS: I Am Anne Frank, Part 1

¿Soy yo, o cada vez se me queda peor cuerpo cuando termino de ver un episodio de American Horror Story? Aunque, claro, te detienes a pensar lo que has visto, y tampoco resulta del todo extraño: violaciones, mutilaciones, torturas, asesinatos… Lo cierto es que tampoco hay que ser demasiado sensible para que te afecte, al menos, un poco. Pero más vale ir acostumbrándose, porque los horrores de AHS se superan cada día más… y la cosa no tiene pinta de cambiar próximamente. ¿Comentamos es 2×04? Vamos a conocer a Ana Frank…

Por primera vez en esta temporada, la trama se desarrolla al cien por cien en 1964 (obviando los flashbacks, claro). No hemos visitado el presente, con lo que aún no sabemos nada acerca de lo que ha ocurrido con los jóvenes que fueron sorprendidos por Bloody Face en el episodio anterior. Pero no pasa nada, desde luego: con lo que hemos visto hoy, hay trama para rato.

Ya comenté que la estructura general de la temporada me gustaba más el año pasado: el ir explorando los “recuerdos” de la casa ayudaba a comprender su presente. Y, además, daba juego para explorar algunos hechos reales de la historia de EEUU, introduciendo crímenes famosos (recordemos, por ejemplo, el caso de la Dalia Negra). Y en ese aspecto, la segunda temporada no se queda atrás: en este cuarto episodio Asylum ha sabido jugar con la historia a su manera, introduciendo a uno de los personajes históricos más famosos de la historia contemporánea: Ana Frank.

Por supuesto, en una serie como esta, la ambigüedad es uno de los factores con los que se juega. Por eso, la primera vez que oímos a Ana presentarse, no podemos evitar pensar si no es más que una demente con unos extraños aires de grandeza. Y, en el fondo, tampoco nos importa demasiado: su historia encaja, y eso es suficiente para hacer magia.

Cualquiera que haya tenido infancia conoce la historia de Ana Frank, y sabe el porqué de su famosísimo diario. Según nos contaron, la chica falleció víctima de los horrores nazis en el campo de concentración de Bergen-Belsen, tan solo dos meses antes de la liberación de Holanda. Al menos, es lo que decía mi edición del Diario. Pero AHS rompe con esa versión, y nos ofrece una nueva visión que, lo que es mejor, podría ser cierta. A grandes rasgos, Ana consigue escapar de los nazis, y se traslada a América. Una vez allí descubre la relevancia que ha adquirido su diario a la hora de denunciar los abominables hechos que tuvieron que padecer los suyos, y decide que, muerta, su leyenda es más poderosa que viva.

Hasta ahí todo bien. Pero un altercado provoca un arranque de furia en la chica, que termina dando con sus huesos en Briarcliff Manor. Si entrar en el hospital ya es malo, para Ana Frank la cosa es aún peor, al descubrir que Hans Gruper, uno de los nazis más temibles que conoció en el pasado, es el médico del lugar. Sí, ya sabíamos que nuestro querido Arthur no era trigo limpio…

Como decíamos antes, no podemos saber con certeza si Ana Frank es quien dice ser. Detalles como el diario o el número que lleva marcado en su brazo juegan a su favor, eso está claro. Pero tampoco podemos predisponernos a creer a todo el que esté en un hospital mental. Al fin y al cabo, de eso se trata.

Quizás por eso la hermana Jude se muestra bastante reticente hacia Ana, e incluso bromea con su historia. Pero a medida que la chica le ofrece pruebas, la monja comienza a creerla, aumentando así sus sospechas hacia un hombre del que ya dudaba. Y, por si fuera poco, la aparición de la policía ha sido esencial: no sólo han comentado que el médico guarda en casa objetos nazis, sino que han hecho ver a Jude que hace falta alguien con conocimientos médicos para despellejar a un cadáver. Algo que Kit, desde luego, no parece cumplir.

Asaltada por las dudas, Jude va en busca de monseñor Howard. Y, en lugar de hallar apoyo, sólo encuentra un ataque directo hacia sí misma. Claro, que no sabe que Howard ya es consciente del pasado de Arthur. Un giro interesante para el cura, desde luego, que ya se había ganado el papel de personaje más insulso de la temporada. Quizás tenga algo que ofrecer después de todo.

Por ahora Jude no ha avanzado más en este tema. Pero todo parece indicar que la cosa no quedará ahí: a pesar de la conversación con Howard, Jude sigue sintiéndose inquieta y pide consejo a su superiora. Esta, por suerte, le abre los ojos: no tiene que responder ante nadie en este mundo, sino que debe hacer lo que crea correcto. Está claro que la guerra entre Jude y Arthur acaba de comenzar. Veremos cuál de ellos consigue alzarse victorioso. Siempre y cuando el médico sobreviva a Ana Frank, que le ha hecho una visita cargada de resentimientos. Por ahora, la cosa ha quedado en suspenso, con Arthur herido de bala en el suelo y Ana totalmente horrorizada ante el descubrimiento de la pobre Shelley, torturada hasta la saciedad. Ya no quedan dudas del origen de los “zombies” del bosque… En cuanto a la trama de Ana Frank, habrá que esperar a la segunda parte, esta misma semana, para conocer su resolución.

Pero, por suerte, esta no ha sido la única línea argumental del episodio. Vamos a centrarnos ahora en Lana, que sigue sufriendo día a día en el hospital. Su desesperación por salir de ahí es tan grande que está dispuesta a todo con tal de poder ser libre. Me quito el sombrero, por cierto, ante la escena en la que, en plena sala común, Lana imagina cómo es aclamada por su valentía al recibir el premio obtenido por la obra en la que desvela los horrores que tienen lugar en el psiquiátrico. Sus delirios de grandeza se mezclan con las imágenes reales, y no podemos evitar sentir una punzada de dolor al ver cómo la pobre se aferra a esta idea para mantener la cordura.

Por ese motivo, decide dar su brazo a torcer y participar en la terapia del doctor Thredson. Me encanta ese personaje, que se preocupa por sus pacientes y trata de ser lo más coherente posible, pero que a la vez es víctima del contexto histórico en el que se sitúa, con lo que, a veces, imprime más sufrimiento que alivio.

Desde luego, si hay que quedarse con una escena impactante en el episodio, es la “terapia” de Lana para luchar contra su homosexualidad. Me voy a ahorrar los detalles porque tampoco creo necesario tener que ahondar en ello. Pero, como algunos ya mencionabais en los comentarios, sería interesante saber cómo se tomaron esta escena los actores principales, teniendo en cuenta que ambos son homosexuales. Por mi parte, no sabría decir si ha sido terrible o genial, pero lo que está claro es que ha conseguido ponerme el vello de punta.

Por supuesto, la terapia no ha conseguido “curar” a Lana. Aun así, Thredson no se da por vencido: ha prometido que sacará a la periodista de ahí, y está claro que no va a cambiar de opinión así como así.

Pero Lana no es el único personaje con el que ha interactuado Thredson en este episodio. Como no podía ser de otra manera, ha mantenido una entrevista con su paciente real, Kit, y le ha expuesto sus dudas: cree que el chico no merece estar ahí, pero sigue pensando que es el autor de los asesinatos, y lo cierto es que su explicación suena convincente: abrumado por el hecho de estar casado en secreto con alguien de color, Kit aliviaba sus pesares asesinando. Luego, para evitar afrontar la realidad, ideó la historia de los aliens. Desde luego, no es una mala teoría, y el propio Kit comienza a creerla.

En este episodio también hemos descubierto, por fin, el motivo por el que Grace está ingresada en el centro. Que su historia inicial era un engaño es algo que parecía evidente desde el primer momento. Pero, a pesar de ello, Kit decide seguir confiando en la muchacha. Como detalle curioso, hay que mencionar que es la hermana Mary Eunice la que se encarga de que Kit descubra la verdad. La joven monja, que en este episodio ha estado prácticamente desaparecida, se ha convertido, sin duda, en uno de los grandes atractivos de la serie. Así se lo dice la hermana Jude, que comenta: “No sé qué es lo que ha cambiado en ti, pero claramente es una mejora.” No deja de ser irónico el hecho de que, para Jude, una monja posesa sea mejor que una monja sumisa e inocente, desde luego…

Pero no nos entretengamos más: obsesionado con las teorías de Thredson, Kit decide ir en busca de Jude para pedirle ayuda. Se confiesa ante ella, y le explica que se siente culpable de algo que ni siquiera recuerda haber hecho. La confesión de Kit suena sincera, desde luego, y es capaz de conmover a la monja, que se siente completamente identificada con el chico, en parte porque ella misma tiene un pasado del que le gustaría escapar. Pero no es el único motivo. Recordemos que Jude ya comienza a sospechar que Arthur es el temido Bloody Face. Y a ello hay que sumar el hecho de que ella misma viera a un extraterrestre en el pasillo durante la proyección de la película en el episodio anterior. Se avecinan tiempo difíciles (moralmente hablando) para Jude, que tendrá que tomar muchas decisiones esenciales a partir de ahora…

En definitiva, con este I Am Anne Frank, Part 1, la serie ha vuelto a regalarnos una dosis de su esencia en su mayor esplendor: locuras, abominaciones, y horrores que siguen acumulándose episodio tras episodio. Y, encima, pudiendo presumir de tener una imagen cuidada y unas interpretaciones convincentes. Si hace unas semanas me aproximé a Asylum con reticencias, pensando que sería inferior a la primera temporada, a día de hoy ya me han ganado del todo. Y que siga así la cosa…


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