Review AHS: Home Invasion

Si el episodio piloto de una serie es esencial para forjar nuestra opinión sobre ella (en ocasiones, cuando no nos convence, es la única oportunidad que le damos), el segundo episodio no es menos importante: mostradas las cartas en el primero, el siguiente nos ayuda a hacernos una idea más clara de lo que vamos a ver. Y digo todo esto porque, si el piloto de AHS me gustó, este me ha gustado aún más. Parece que han solucionado una de las grandes pegas que le vi al anterior (desaparece un poco esa sensación de caos para centrarse en menos tramas), y han sabido jugar muy bien con la forma de mantener la tensión. A mí, al menos, Home Invasion se me ha pasado volando. ¿Seguimos comentándolo?

Al igual que ocurrió con Fringe (siento la referencia, y prometo que intentaré nombrarla lo menos posible), da la impresión de que AHS tiene la intención de hacer de sus inicios de episodio todo un signo de identidad. Si la semana pasada viajábamos a 1978 con la historia de los gemelos pelirrojos, hoy retrocedemos diez años más para presenciar otro terrible crimen que tuvo lugar en la casa. No sabía que esto sería así, pero la verdad es que me gusta la idea de ir explorando poco a poco todo el pasado de la casa a través de estas pequeñas entregas. Hay tantas cosas por descubrir…

La escena inicial está claramente inspirada en el caso real de Richard Speck, un perturbado que el 14 de Julio de 1966 torturó, violó y asesinó a ocho estudiantes de enfermería en Chicago (un caso escalofriante, la verdad). Me ha gustado mucho la manera en la que han construido el momento, pasando del look sesentero con Age of Aquarius de fondo a la increíble tensión que han creado tras la llegada del asesino. En particular, me quedo con un detalle: desde el instante en el que Maria termina de rezar hasta que muere transcurren unos 15 segundos de silencio absoluto roto sólo por la televisión, en los que la incertidumbre de saber si el asesino sigue ahí o no es enorme. Y, por supuesto, la música que acompaña al apuñalamiento, un homenaje más que claro a la famosísima escena de la ducha de Psicosis, funciona como anillo al dedo para cerrar la escena. ¿Estamos ante los mejores minutos del episodio? Probablemente.

En la primera parte del episodio Larry (el hombre que quemó a su familia) ha pronunciado una frase que me parece clave para entender la serie y que nosotros ya insinuamos la semana pasada: “Whatever is tearing you apart, the house already knows about it. It’ll use it against you.” (Sea lo que sea lo que te esté destrozando, la casa ya lo sabe. Lo usará en tu contra.) Efectivamente, ese parece ser el modus operandi de la casa, que tortura a todos los personajes con el peor de sus temores. Y, como ya dije, eso es algo que me encanta…

Vamos a centrarnos en lo que ha ocurrido esta semana. Los Harmon llevan ya aproximadamente un mes viviendo en la casa. Para cuando suceden los hechos más importantes del episodio, Ben se encuentra fuera del hogar, acompañando a Hayden, la muchacha con la que le fue infiel a Vivien y que, para colmo, está embarazada. No estoy muy de acuerdo en eso de que volver a mentirle a su mujer sea la mejor opción. Entiendo que quiera dejar de ahondar en la herida, pero las mentiras pocas veces dan buen resultado, y esta le pasará factura, no hay duda…

Por cierto, la escena en casa de la tal Hayden me ha resultado de lo más extraña. En primer lugar, a él le he visto demasiado “cómodo” para la situación en la que estaba. Y, en segundo, me ha dado la impresión de que la muchacha era la primera que necesitaba un poco de ayuda de un profesional. Esos cambios de humor repentino de la euforia (¡Pizza!) a la ira (¡deja el teléfono!) y seguidamente al llanto me han resultado muy confusos. Pero bueno, se lo atribuiremos a las hormonas, que siempre sirven como excusa.

Otra escena que tampoco ha tenido mucho que ver con el resto del episodio ha sido esa en la que Violet y la nena de su instituto hablan acerca de lo que ocurrió en el sótano de la casa. El pánico constante que parece haber provocado en la muchacha es más que lógico (no quiero ni imaginar cómo estaría yo si me hubiera ocurrido eso), aunque me resulta extraño que siga hablando con Violet, que fue la que la llevó allí. Eso sí, esa breve conversación al menos sirve para confirmar la idea que ya tenemos: Tate tiene algo que ver con el monstruo del sótano (si no es él mismo). Es asombrosa la cantidad de secretos que ocultan las personas que viven en torno a la casa. Ahora hablaremos de ellos…

Antes vamos a centrarnos en la trama que da nombre al episodio, Home Invasion. Como bien apuntaba nuestra compañera Irene B. Trenas, la manera en la que se plantea la situación recuerda a la película The Strangers, en la que tres enmascarados se cuelan en la casa de los protagonistas provocando, como es lógico, el pánico. Sin embargo, los tres asaltantes de esta semana tenían una finalidad diferente: recrear los asesinatos que ocurrieron en la casa en 1968, con los que se abría el episodio.

Llama la atención el hecho de que una de las enmascaradas fuera Bianca, la mujer que habíamos visto antes en la consulta de Ben, y que había mostrado muchísimo interés en la casa. Lo más interesante del personaje, bajo mi punto de vista, es la manera en la que su temor a morir partida por la mitad (Destino Final style) al final haya terminado cumpliéndose (tras el envenenamiento provocado indirectamente por Constance, como veremos luego). Una vez más, la casa castiga a las personas con el mayor de sus temores.

De toda esta trama me ha gustado, sobre todo, que la situación que la ha provocado no fuera sobrenatural, aunque su resolución sí que lo haya sido. Tanto la gente que invade casas ajenas como los perturbados a los que les da por recrear crímenes existen, y eso siempre ayuda a hacer que el espectador acepte con más facilidad lo que ve.

Hay que reconocer que, estando Ben fuera de casa, tanto Violet como Vivien han actuado de manera admirable. Además, da la impresión de que al menos se ha producido un acercamiento entre las dos. Pero no hay duda de que ninguna de ellas habría podido sobrevivir  de no ser por el consejo que le da Tate a Violet: “Llévalos al sótano”. Supongo que todos esperábamos volver a ver a la criatura de la semana pasada. Pero no; en su lugar, los fantasmas de las enfermeras asesinadas esperaban allí para cobrarse su venganza.

Lo más interesante para la trama principal son las palabras que cruzan Constance, Tate y Moira tras la muerte de los intrusos. En primer lugar, Constance le pregunta a Tate que si ha sido obra suya, lo que parece confirmar la idea de que el chico es (o tiene mucha relación) con el monstruo del sótano. Por otra parte, también llama la atención que, a pesar del odio que sienten Moira y Constance entre sí, ambas colaboren sin rechistar para deshacerse de los cadáveres.

Vamos a centrarnos precisamente en estos personajes, porque lo que hemos visto hoy da mucho que pensar. Al igual que la semana pasada, Constance me ha parecido el personaje más interesante, en el sentido de que es el que más secretos parece ocultar. Por un lado, su odio hacia los nuevos inquilinos es más que evidente, hasta el punto de querer asesinar a Violet (no sé por qué) con las magdalenas envenenadas. Con respecto a esto, alabo la manera en la que los dulces han ido pasando de mano en mano y creando suspense en ciertos momentos. Durante la conversación que mantienen Vivien y Constance en la cocina, no podía dejar de mirar la mano de la primera, sujetando el pastel, sin llegar a morderlo. ¿Cómo puede alguien sostener un dulce tanto tiempo y no darle ni un bocado? En fin… no sé si soy la única, pero pensé que Viv perdería a su bebé por culpa de la magdalena. Aunque claro, eso acabaría con el misterio de saber si realmente ocurre algo extraño con la criatura. Por ahora Constance dice que no, pero no es precisamente la persona más fiable que se pueda encontrar…

El misterio en torno a Constance es enorme. Por un lado, hemos descubierto que Addy no es su única hija, sino que tuvo más descendientes, aunque todos ellos parecen haber padecido enfermedades similares. Todos menos uno, al que ella describe como “perfecto” desde el punto de vista físico, y al que perdió por otros motivos. Una vez más, el mayor temor de alguien (en este caso la obsesión con el aspecto físico) se convierte en una tortura gracias a la casa. Aviso: aquí hay espacio para teorizar, y yo ya le he estado dando vueltas a la cabeza. Así que lo que viene a continuación no son sino teorías descabelladas que seguramente no tengan nada que ver con lo que pase en realidad.

Lo que voy a decir ahora se basa en un detalle que me ha llamado mucho la atención, pero que quizás sea una tontería. Es más una intuición que algo sólido a lo que aferrarse: cuando vemos a Constance en su casa, el estilo de su peinado es muy diferente del que luce cuando está en casa de los Harmon. Y no sólo el peinado, sino que la decoración de su hogar también parece sacada de otra época. La cocina, en particular, parecía estancada en los cincuenta. Y aunque no es extraño que un lugar permanezca igual con el paso de los años, el cambio de aspecto de Constance dentro y fuera de su casa sí que es visible. Como si Constance se hubiera quedado estancada, de algún modo, en el pasado. Lo sé, suena un poco estúpido…

Con respecto a sus hijos, no me cabe la menor duda de que veremos más cosas sobre ellos. El caso de Addy ya me parece todo un misterio: su facilidad para entrar y salir de la casa es asombrosa, y también sabemos que interacciona con la criatura del sótano. Por cierto, la habitación de los espejos en la que la encierra su madre es muy, muy cruel. Lo he pasado fatal viendo (y oyendo) sufrir a la muchacha. Con respecto a lo que comentaba antes, si realmente la familia de Constance viviera “anclada en el pasado”, cabría la posibilidad de que la niña con Síndrome de Down a la que vimos en la primera escena del episodio piloto no fuera Addy, sino una de sus hermanas. Eso explicaría por qué Addy tendría que tener, ajustando fechas, unos cuarenta años, y en realidad aparenta menos.

Otro misterio en torno a Constance es la identidad del muchacho con el que, aparentemente, se acuesta en este episodio. Aunque sé que esto suena un poco enfermizo, no dejo de pensar que podría ser el hijo “perfecto” que le menciona a Viv. Otro nombre que se baraja en torno al misterioso hijo es el de Tate: no sabemos nada de él (¿está siempre dentro de la casa?), y hemos descubierto que va a terapia con Ben siguiendo la voluntad de Constance. El único detalle que no cuadraría es el hecho de que, hacia el inicio del episodio, hayamos visto a Ben hablar por teléfono con la que se supone que es la madre del joven. Aún así, ahí hay algo raro, raro…

En definitiva, no creo que a nadie le extrañe que Vivien quiera vender la casa. Yo no sé si habría aguantado tanto tiempo ahí. Eso sí, espero por nuestro bien que no lo consigan. Nos quedan muchas sorpresas que vivir ahí, sin duda.

Siento haberme extendido más de la cuenta (oootra vez…), y prometo que en el futuro trataré de ser más concisa. Como balance general, me gusta la manera en la que se está desarrollando la serie, y este episodio me ha parecido superior al primero. Por otra parte, en Home Invasion han optado más por el suspense y menos por el “terror”, y creo que da muy buen resultado. Pero claro, sólo es mi opinión… ¿cuál es la vuestra acerca de este segundo episodio? 

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