Review AHS: Dark Cousin

Creo que no es necesario volver a repetirlo, y aun así no puedo evitar decirlo una vez más: Asylum está superando con creces a la primera temporada de American Horror Story. No es solamente que no hayamos tenido ningún episodio “flojo”; es que da la impresión de que cada semana se supera. Y si lo ha conseguido en Dark Cousin ha sido, en buena medida, gracias a la presentación de un nuevo personaje muy, muy especial… ¿Hablamos de ello con más detalle?

Un nuevo visitante ha llegado a Briarcliff, aunque su naturaleza es muy distinta a la del resto de los habitantes del hospital (obviando, claro está al oscuro pasajero de Mary Eunice). Su nombre, Shachath, quizás no nos sea del todo conocido, pero en el fondo todos sabemos quién es y a qué viene. No es sino un ángel de la muerte, encargado de conceder la paz a los que están listos para marcharse, ofreciendo, mediante su beso, un punto final a su sufrimiento.

Resulta curioso que en una serie tan macabra como esta, la muerte, en una de sus representaciones más directas, se trate con tanta dulzura y elegancia. Quizás por eso resulte tan atractiva. Y, sin lugar a dudas, gran culpa de ello la tiene Frances Conroy, que, desde que adoptó el apellido Fischer hace ya unos cuantos años, parece haber estado siempre ligada a la muerte de una u otra manera. Y qué bien lo lleva…

Si bien es cierto que es la primera vez que la vemos, podría decirse que la figura de Shachath siempre ha estado presente, aunque no hayamos sido capaces de percibirla. Está ahí para desplegar sus alas sobre los que, vencidos por su sufrimiento, buscan hallar la paz. Nos ha quedado claro con Miles, el pobre paciente que, siguiendo las instrucciones de las voces de su cabeza, trata de suicidarse e, incomprensiblemente, invoca al espíritu usando su nombre en hebreo.

En general, lejos de las representaciones terroríficas más usuales, Shachath se ha presentado a lo largo del episodio como un consuelo más que como un castigo. De hecho, solamente ha aterrorizado (curiosamente) a Mary Eunice. El heraldo de la muerte ha identificado rápidamente la auténtica naturaleza que se esconde dentro del cuerpo de la monja, advirtiendo que se trata de un ángel caído. Y, por primera vez, hemos visto claramente el sufrimiento que padece la auténtica Mary Eunice por culpa del espíritu que parasita su cuerpo. Sin embargo, da la impresión de que poco se puede hacer por ella…

Hechas las presentaciones, vamos a estructurar esta review en tres partes principales, dedicadas a tres personajes femeninos: Lana, Jude y Grace. Comencemos por la primera:

Si la semana pasada comentábamos que Lana era el personaje que más estaba sufriendo esta temporada, Dark Cousin no puede hacer otra cosa sino confirmarlo. Y es que las torturas en casa de Thredson continúan. Cuando creíamos que el médico se contentaría con tratar a Lana como a su madre, nos sorprendemos descubriendo que no tiene reparos a la hora de violarla.

Parece imposible imaginar el tormento por el que pasa la periodista, y, quizás por eso, se vuelve cada vez más digna de admirar cuando vemos cómo, a pesar de que lo desea con todas su fuerzas, rechaza la paz que le ofrece el beso de la muerte y opta por seguir luchando hasta el final.

Pero las cosas siempre pueden ir a peor: Thredson, arrepentido por sus actos, concluye que la única opción que le queda con respecto a Lana es acabar con su vida. Ahí es cuando ella saca fuerzas de flaqueza y huye, dejando atrás su tormento y saboreando, por un instante, la sensación de triunfo que ofrece su ansiada libertad.

No obstante, no es más que un espejismo. Y es que la mala suerte vuelva a actuar en su contra, presentándose en la figura de un conductor desesperado, engañado por su mujer y abandonado, que toma la decisión de suicidarse justo al lado de su desafortunada compañera de viaje. Y así es como, después de todo, Lana regresa a Briarcliff. Ya nos lo advirtieron en el primer episodio, y no se nos borra de la cabeza: “El que entra en Briarcliff no sale jamás vivo de ahí.

Si todo esto no ha sido suficiente para acabar con la cordura de la periodista, no parece posible que nada más pueda hacerlo. En un último intento desesperado, Lana le ha contado a Mary Eunice la verdad acerca de Thredson. Y, aunque la monja sabe que sus palabras son ciertas, no esperamos que vaya a hacer nada ni por ella ni por Kit.

Poco más podemos decir hoy de la pobre Lana, aunque sí cabe la posibilidad de aventurarnos hacia una nueva teoría: ahora que sabemos que Lana ha sido violada por Thredson, la idea de que el Bloody Face del presente sea un miembro de una saga de asesinos cobra más fuerza: ¿no parece posible que el torturador actual sea, en realidad, hijo de Lana y Oliver? Sin lugar a dudas, entra dentro de lo posible. Veremos si el tiempo lo confirma…

Pasamos ahora a hablar de Jude. Esta semana hemos retomado su historia justo donde la dejamos en el episodio anterior: ante el horrible descubrimiento de que el judío encargado de investigar el pasado de Arden había sido asesinado por una de las monjas. De hecho, la retorcida mente de Mary Eunice no se ha contentado con ocultar la pruebas en contra de Arden, sino que además ha utilizado la escena para ahondar en el sentimiento de culpabilidad de Jude creado por el atropello de la niña años atrás.

Así damos paso a otro pequeño flashback de la historia de Jude. En esta ocasión hemos visto los hechos y motivos que llevaron a su conversión. Qué lejos está ahora nuestra opinión sobre esta mujer de la que despertaban los primeros episodios de la temporada… Sin duda, Asylum está lleno de mujeres sufridoras, y Jude tiene poco que envidiar de las demás.

En sus momentos de mayor debilidad, Shachath vuelve a hacer acto de presencia. Y su reunión con Jude resulta ser más bien un reencuentro de viejos conocidos: esta no es sino la tercera vez en la que las dos mujeres se encuentran cara a cara. La primera, cuando su marido la abandonó y descubrió que jamás podría concebir hijos. La segunda, tras el fatídico atropello. Y la tercera, justo ahora. Y esta vez parece ser la definitiva…

Sólo le queda un asunto que cerrar antes de marcharse para siempre: confesar ante los padres de la pequeña a la que atropelló su culpabilidad. Y es entonces cuando la ironía de la vida le golpea con más fuerza: la pequeña Missy Stone nunca falleció en el accidente. De hecho, si nos ajustamos a lo que hemos visto, siempre se ha hablado de un “atropello y fuga”. Y nosotros, como Jude, dimos por hecho que la niña nunca habría sobrevivido a aquello.

¿Es posible que, revelado esto, Jude sea capaz de sobreponerse y regresar a Briarcliff con las fuerzas renovadas? Ahora que ha descubierto la verdadera naturaleza de Mary Eunice, quizás sea capaz de acabar con ella. Y, ¿quién sabe? Puede que incluso haya una esperanza para Kit. No puedo evitarlo: veo a Jude como la gran triunfadora de esta temporada. Se lo merece, sin duda. Pero en esta serie nadie parece recibir la justicia que debería…

Y si no, que se lo cuenten a Grace. A lo largo de todo el episodio, su vida ha estado colgando de un hilo. Aunque podríamos pensar que era debido a la esterilización de Arden, lo cierto es que el médico ha negado rotundamente haber llevado a cabo ese proceso. Sus palabras parecen sinceras, y no podemos dejar de recordar que, en el episodio anterior, Grace vio a los extraterrestres de los que hablaba Kit. Cada vez más, se confirman nuestras sospechas de que Alma puede estar viva…

El caso es que Arden, empeñado en no asumir la responsabilidad de algo que no ha hecho, hace todo lo posible por salvar a Grace. Y, de hecho, lo consigue. Aunque está claro que el médico no actúa guiado por su amor al prójimo, no sabemos bien si lo hace solamente por orgullo, o porque pretende demostrar algo a Mary Eunice. No olvidemos que, ahora, él también es consciente de que la monja no es la joven casta que conocía.

En cualquier caso, de las tres protagonistas en las que nos hemos centrado en esta review, Grace daba la impresión de ser la que podía presumir de tener un destino más favorable: superado el riesgo de morir desangrada, parecía que se iba a reducir a pasar el resto de su existencia en Briarcliff. Encerrada, pero a salvo.

Sin embargo, la ironía nunca deja de actuar. Y esta vez viene de la mano de Kit, quien, obsesionado con las palabras de Grace, decide escapar de la policía para liberar a la chica. Está claro que lo que ha hecho Kit no es lo más inteligente del mundo: su huida mediante la fuerza le sitúa en una posición más que complicada de cara a la ley. Además, sin darse cuenta, permite que una de las criaturas de Arden entre en Briarcliff. El resto ya lo hemos visto: los acontecimientos se atropellan, y el intento desesperado de Kit cae en saco roto. La más perjudicada, sin duda, ha sido Grace, que ha recibido el beso del ángel negro. Y, aun así, nos deja un sabor agridulce: Grace se nos va, pero lo hace con tanta tranquilidad que no podemos sino alegrarnos por ella, aunque la vayamos a echar de menos. Decíamos antes que nadie sale de Briarcliff con vida, y Grace ha logrado escapar de la única manera posible. Así lo demuestran sus últimas palabras: I’m free…


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