Review 30 Rock: When It Rains, It Pours

30 Rock

¿Pueden bastar dos episodios para decir a los cuatro vientos que 30 Rock ha vuelto? No lo sé, la verdad. Pero tampoco me importa mucho. Voy a hacerlo de todas formas. ¡30 Rock ha vuelto! Puede que la cosa no se mantenga durante mucho tiempo y empiece a desfallecer, pero este When It Rains, It Pours nos ha devuelto durante veinte minutos al mejor 30 Rock. Y también nos ha devuelto al Dr. Spaceman…

Y es que me cuesta recordar un capítulo tan bueno como este 5×02. La cantidad de frases hilarantes por minuto sobrepasa la media de la serie (que ya es alta de por sí) con creces. Cuando dos de las tres tramas son tan locas como las que hemos visto en este episodio, es fácil no parar de reír.

Ya lo advertí en la anterior review: era probable que Avery no saliera en buena parte de la temporada. Mi profecía ha tardado un minuto y 34 segundos en revelarse falsa, lo que ha tardado en salir Elizabeth Banks en pantalla. Vamos, que ni Nostradamus. Jack y Avery (o “Javery”, como les llama Liz) traen buenas nuevas: esperan un hijo. Desde luego, el camino de Jack se ha acelerado en los últimos tiempos. Tres temporadas soltero, con sus líos de faldas (Salma Hayek, Edie Falco); una temporada decidiéndose entre las dos definitivas (Julianne Moore o Elizabeth Banks) y solo dos capítulos para estar casado y embarazado.

Jack y Avery, JaveryJack y Avery, Javery

La trama de Jack ha sido, probablemente, la más extraña (en el buen sentido de la palabra) de todas las que ha protagonizado. Al darse cuenta de que es muy mayor y de que estará senil o muerto durante la mayor parte de la vida de su hijo nonato, Jack decide grabar una serie de DVDs para cuando el niño crezca. En ellos está todo lo que el hijo puede necesitar. Desde la historia de los Donaghys (venimos de un pequeño condado de Irlanda, en donde éramos catadores de whisky y duendes) hasta lo más básico que necesita saber un niño: estás de excursión en las montañas japonesas. Un par de leopardos de las nieves te acechan y la hoja de tu katana está congelada en su vaina. En fin, sin palabras. Sólo cuando se entere de que su hijo va a ser, en realidad, una hija, pide ayuda a la buena de Liz.

Jack y Liz, dando lecciones de vidaJack y Liz, dando lecciones de vida

Tracy, por su parte, ha protagonizado lo que en él es habitual: las situaciones más surrealistas del episodio. Verlo sentado en el taxi, contestando las preguntas para un programa de televisión con cámara oculta, sabiendo las respuestas de las maneras más extrañas… Eso no tiene precio. Para muestra, un botón:
Taxista/presentador: ¿En qué año se acabó de construir la Estatua de la Libertad?
Tracy: Recuerdo haber ido al centenario de la Estatua de la Libertad porque ese año alguien había extendido el rumor de que se iba a quitar la toga, y quería ver tetas verdes. Y los Mets habían ganado las Series Mundiales porque esa noche fui atacado, sin motivo, por un fan de los Mets al que había lanzado una botella. Y eso fue en 1986. Y un centenario son 100 años porque “centipedear” significa tener sexo con 100 mujeres. ¡Lo tengo! ¡1886!

Si a la locura que siempre significa tener a Tracy Jordan en una línea argumental le sumamos la aparición del gran Leo Spaceman, ya tenemos momentazos a cascoporro. Con Steve Buscemi liado con Boardwalk Empire y Will Arnett con Running Wilde, el único gran secundario que nos queda libre es Chris Parnell, y su Dr. Spaceman nunca decepciona. ¿O acaso conocéis algún doctor que le diga a una mujer a punto de parir: para su información, tengo más experiencia metiendo bebés dentro de las mujeres que sacándolos? ¿O que le diga a la parturienta que tire en vez de que empuje? ¿O que deje el parto a medias para ir a meter monedas en el parquímetro?

El gran SpacemanEl gran Spaceman

La trama de Liz, por otra parte, ha sido la más floja de todas. Quizá ha sido que era muy difícil competir con las otras dos líneas argumentales. O quizá que ha sido la más “normal” de todas. O quizá que Paul Giamatti no ha sido tan divertido como suelen ser todos los actores invitados. Sea por el motivo que sea, esta vez no ha sido Liz Lemon y su andanzas las que más risas han traído al episodio. Nada que enturbie la calidad general del episodio.

Llevamos dos episodios, cuarenta minutos de temporada. Y ya podemos decir que, como mínimo, todo pinta de maravilla para los episodios que se avecinan. Kenneth ha vuelto otra vez, así que podemos que ya estamos todos. La fiesta puede empezar.


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