Review 30 Rock: The Shower Principle

Después de seis temporadas en antena, una serie como 30 Rock podría tumbarse a la bartola y no pensar en los problemas que acarrea eso, el llevar tanto tiempo emitiéndose. Sin embargo, la serie de Tina Fey ha decidido escoger esta temporada para empezar a pensar en ella misma, en lo que ha sido y en lo que puede llegar a ser. Después de 118 episodios, The Shower Principle se da cuenta de una cosa: 30 Rock siempre es lo mismo. Y quiere ponerle solución

Es curioso. Durante cinco temporadas nunca habíamos oído hablar de evolución. De evolución de personajes, se entiende. 30 Rock era (es) una serie cuyo primer objetivo era hacer reír. Su segundo objetivo, evidentemente, era hacer reír. A partir de ahí ya podíamos entrar a hacer cábalas sobre el sentido de esto y aquello. Daba igual. Lo principal era hacer reír. No nos importaba que sus personajes siempre fueran igual, que no evolucionaran, que fueran felices en sus locuras.

Hasta que llegó la sexta temporada. En los catorce episodios anteriores hemos hablado más de desarrollo de personajes que en los cien primeros. Estaba claro que 30 Rock estaba empezando a mirarse al espejo. Se ha visto las arrugas, ha visto el número 6 en la columna de “temporadas emitidas” y ha empezado a darse cuenta de que no le puede quedar mucho más de vida. Hay series que han llegado a la décima o undécima temporada, por supuesto. Pero, de media, 30 Rock sabe que ya ha pasado su esperanza de vida. Y es entonces cuando ha empezado a preguntarse: “¿Y qué hacemos ahora?”

También es posible que los guionistas se hayan dado cuenta de que, después de 118 episodios con personajes prácticamente inalterados, las historias que pueden imaginar ya han sido contadas una y otra vez. “¿Habrá que hacer evolucionar a los personajes? ¿Meterles nuevos retos?”, habrán pensado. Y si durante la temporada lo han ido insinuando, en este The Shower Principle lo han dejado muy claro.

Todo ha empezado con la visita anual de Liz a su gestor. Gracias a una serie de flashbacks (muy bueno el gag de la rebeca que nunca se cambia), Liz se da cuenta de que todos los años son iguales. Por mucho que diga que va a ser diferente, un año nuevo empieza y su vida entra en bucle. Y, al igual que su vida, se da a entender que cada temporada es igual que la anterior. Ah, pero este año es diferente. Al saberlo, puede romper el ciclo. Con el diario del año pasado en la mano, puede conocer a todo lo que se va a enfrentar, anticiparse y cambiar el curso de su vida.

Excepto que no puede. Después de intentar lidiar con Jenna, Tracy y su propia meditación, Liz se da cuenta de que son los trabajadores de TGS los que hacen que su vida sea la misma una y otra vez. ¿Una trama en la que Jenna necesita toda la atención para ella? Visto mil veces. ¿Una trama en la que Tracy tiene que hacer alguna locura (genial su nueva peli, 5Now Dog5)? Visto un millón de veces. Pero ahí está la grandeza de 30 Rock. ¡No hace falta nada más! Solo con eso ya es mejor que la mayor parte de las comedias.

Jack, por supuesto, come aparte. Él era uno de los personajes que más estaba demandando una evolución. Y me refiero a que lo estaba pidiendo él, con su boca, como personaje. Se quejaba que desde que había llegado a la NBC su carrera se había estancado. En The Shower Principle lo vuelve a decir: echa de menos General Electric, sus cadenas de montaje y el tener que chillar para poder hablar con la gente. Y, como Jack es Jack, ha conseguido lo que quería. Impresionante la escena de la meditación, en la que es capaz de mandar incluso dentro de ella. “¡Fuera meditación!”

Espero que los guionistas se hayan dado cuenta de que 30 Rock no necesita de evoluciones de personajes. No estoy diciendo que no deberían hacerlo, por supuesto. Pero, si los hay, deberían ser manteniendo el espíritu de 30 Rock y sin olvidar nunca cuál es el principal objetivo de la serie. Un capítulo como este The Shower Principle, tan centrado en sí mismo, puede que esté bien verlo una vez, por si alguien no se había dado cuenta de en 30 Rock las cosas no cambian. Pero deberían dejar de comerse la cabeza y seguir por la ruta que tenían marcada desde el día uno. Durante cinco años la serie ha funcionado muy bien sin preocuparse de cosas que otras series, por su formar de ser, necesitan para sobrevivir. 30 Rock está en su edad dorada. Tan solo necesita hacer lo que ha hecho siempre. Su legado ya es indiscutible.

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