Review 30 Rock: Hey, Baby, What’s Wrong

Por segunda vez en tres semanas, 30 Rock nos ha vuelto a sorprender con un episodio doble. Es lo que tiene mantener el número de episodios a pesar de empezar con tres meses de retraso. Y el día de San Valentín ha sido el escogido para regalarnos 42 minutos de Tina Fey y compañía. Un episodio con todos los mimbres para ser uno de los grandes, pero que… Espera, si quieres seguir leyendo, tendrás que darle al “Sigue leyendo…”

Como este es un episodio especial de San Valentín, considero que debería, antes de comentar el capítulo, comentar mi historia de amor con mi novia. Si no os interesa, podéis leer a partir de la foto de Alec Baldwin.

Empecé con mi novia un 11 de octubre de 2006. Qué curioso. Fue el día que se estrenó, en la NBC, una serie llamada 30 Rock. Seis años ya. 110 episodios. Si es que el tiempo pasa volando. La cosa empezó genial. Cuando empecé a verla, el corazón se me aceleraba. En aquellos momentos, podía verla siempre que quisiera, y aprovechaba el más mínimo momento que tenía para verla, acariciarla, reírme con ella…

Aquel primer año pasó volando. Cada vez que la veía sentía mariposas en el estómago. Y se la pude presentar a mis amigos, que aún no la habían visto. Por supuesto, la colmaron de halagos. Que si era guapísima, que vaya suerte tenía de estar con ella, que a ellos también les encantaba. Todo eran premios para ella.

Todo siguió igual en nuestro segundo y tercer año. Estábamos hechos el uno para el otro. Y nuestro amor parecía no tener fin. Durante las vacaciones de verano, que era el único momento del año en que no nos veíamos, siempre temía no poder volver a disfrutarla. Tenía miedo de que algún septiembre no volviera. Tendría que mirar viejas grabaciones de cuando estábamos juntos, y nunca más encontraría a nadie igual. Pero tuve suerte. Siempre volvía.

A los cuatro años tuvimos nuestra primera crisis. Seguíamos queriéndonos, claro, pero hubo un pequeño bache. Parecía que la cosa se estaba agotando, y que la frescura de los primeros años se iba a perder. Nos veíamos igual, por supuesto, pero ya no lo esperábamos con tanta ansia como los tres años anteriores. Algún día saltaba alguna chispa, pero en general la cosa no iba muy bien.

Pero, al igual que todas las crisis, ésta también pasó. Y la relación salió reforzada. Ya llevábamos cinco años juntos, y se podía decir que aquel quinto año estaba siendo el mejor de todos. Volvían las risas del principio, pero además contábamos con la confianza que daban cinco años. Ay, qué bueno fue aquel quinto año

Y ahora hemos entrado en nuestro sexto año juntos. Puede que ya no sintamos las mariposas en el estómago. Puede que aquella emoción del principio haya desaparecido. Pero ha sido sustituido por algo mucho mejor: la confianza y la regularidad. Nuestra cita semanal puede que no sea genial, pero la espero mucha ilusión. Sé que no puede fallarme, y sé que no hay nada mejor para mí. Es una sensación genial.

Hablando ya de la serie, ejem, tenemos un episodio doble que, si bien no ha sido todo lo bueno que apuntaban sus mimbres, sí que nos ha dejado un capítulo de San Valentín más que competente. Y, al ser doble, el número de líneas argumentales se ha multiplicado también por dos. Liz, Jack, Lutz, Jenna, Kenneth… Prácticamente todos los personajes han tenido su momento en este episodio, aunque ninguno de ellos haya brillado en demasía.

Tenemos, por ejemplo, a Kenneth. Ya dijimos la semana pasada que se está volviendo un lastre para el resto de la serie. Como complemento de alguna trama es un personaje brillante, capaz de momentos para el recuerdo, pero como protagonista de una de ellas no luce tanto. Y ya lleva mucho tiempo siendo el protagonista de sus propias tramas.

Como hemos dicho en la entradilla, tener los mejores mimbres no garantiza nada. Es una lástima que el episodio no haya sido todo lo grande que parecía indicar. Y estoy pensando en la trama de Luz, Tracy y Frank. No recuerdo otro episodio en el que Tracy se haya juntado con los guionistas, y la cosa prometía. Tracy siempre es mejor cuando no es el protagonista absoluto de su parte del episodio, y Lutz siempre tiene ese toque perdedor que tan bien le hace a la serie. Sin embargo, y a pesar de momento magníficos (esa conversación con la cartera y Tracy chillando “Run! Run for your life!”, o cuando Lutz intenta seducir a Liz), da la sensación de que la pequeña trama de Lutz podría haber dado más de sí.

Y, en general, eso es lo que pasa con el resto del episodio. Tiene momentos geniales, pero el conjunto da la sensación de que podía haber sido mejor. Liz y su novio Criss, Jack y la madre de Avery… Es como si los dos principales faros de 30 Rock hubieran estado apagados. O, al menos, a menos rendimiento.

Es curioso decir que el episodio no ha sido todo lo que podía haber sido con los momentos que ha tenido. Estoy pensando en el Dr. Spaceman, por ejemplo. Cada aparición suya es una auténtica delicia. Desde el momento que aparece, en el que le está mirando la boca a Jenna y dice “Es gracioso. Si esos dientes estuvieran en tu vágina, se te consideraría un monstruo”, ya puedes agradecer a los guionistas por su presencia. Gran momento: “Es psicosomático. No te preocupes, es un elegante término médico para ‘tu cerebro está roto’. Desgraciadamente, no hay ningún campo de la medicina que estudie el cerebro”. También estoy pensando en Cjokula, el delegado de Transilvania en las Naciones Unidas. Genial escena con un Jack inmenso, como siempre.

Así que, una semana más, nuestra cita con 30 Rock se convierte en uno de los mejores momentos de la semana. Puede que la magia de la sorpresa no esté ahí, pero desde luego ha sido sustituida por algo mucho mejor: la seguridad de que no te va a fallar.

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3.5
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