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Review 24: Séptimo día

Review 24: Séptimo día

A pocas horas de empezar la octava temporada, toca hacer un repaso de lo que fue el séptimo día. Después de un fiasco enorme como la sexta temporada, la séptima fue una renovación de la serie, el reencuentro con viejos personajes y la recuperación de algunos elementos clásicos. La séptima temporada de 24 hace honor a su precuela: Redención, tanto de los personajes como de la propia trama. Jack Bauer empezó la temporada aceptando ser juzgado y acaba confesándose por sus pecados. A lo largo del último año hemos pasado de no arrepentirse por actuar en nombre de la seguridad de la gente, a pedir perdón a un Imam, poco antes de entrar en un coma que nos deja en suspense durante un año… ¿será este el final de Jack Bauer? ¿Será el descanso que tanto desea? Pese a que al final de la temporada no se daba nada por seguro, a estas alturas la respuesta está clara: no.

La familia Bauer tiene un objetivo, que es amargarle la vida al pobre Jack. Su hermano montó una conspiración para responsabilizarle de un ataque terrorista a EEUU, y así poder invadir Rusia. Su padre lo vendió a los chinos a cambio de hacer un par de negocios rentables. Su hija, después de provocar directamente los dos primeros días de la serie y de repudiar a su padre en la quinta temporada, ha decidido aprobar el tratamiento que permita su curación. Y eso que Jack había pedido que le dejaran morir, por lo que pudiera pasar… Para colmo, ahora hay un Bauer más por el que preocuparse: su nieta, por lo que nos esperan más tramas de extorsión.

La segunda redención es la de los presidentes de EEUU. Después de que David Palmer renunciara a la reelección hemos tenido dos presidentes anodinos (Wayne y Keller) y uno que directamente conspiró contra su hermano. La Presidenta Taylor se aproxima a la imagen de un líder honesto y decidido. Finalmente decide poner luz y taquígrafos a las conspiraciones de su hija para afianzarla en el poder. Sin embargo no se aproxima en absoluto a la sombra de Palmer. De hecho acepta la muerte de cientos de inocentes, pero cuando la amenazada es su hija, sale del bunker. En cualquier caso, es un avance después del presidente Logan o del vicepresidente Daniels, que se habían convertido en grandes enemigos de sus propios países.

El tercer foco de redención es el de los guionistas y la serie. Después de una quinta temporada histórica y una sexta temporada infumable, trillada y previsible, se recompone el espíritu de 24. La trama, aunque un poco alargada al final, queda lejos de la conspiración de los enemigos de EEUU, especialmente con acento raro, para recordar lo que hizo más rompedora a una serie de la Fox: el principal enemigo de EEUU son los propios EEUU.

Sin embargo, lo más enriquecedor de la serie ha sido la llegada de aire fresco. Cuando conocimos a Jack ya estaba resabiado y con sus vicios de torturar, sobrevivir y asesinar usando cualquiera de sus extremidades, pero la agente Walker nos ha explicado cómo se generan los monstruos. De hecho, si Redemption es una buena definición para la séptima temporada, monstruos sería un buen subtitulo. Jack ha asumido su naturaleza de Monstruo, mientras que Toni Almeida o Hodges no dejan de ser eso, personajes que con la motivación adecuada (llámese Michelle o dividendos) están dispuestos a romper cualquier norma y a sacrificar cualquier cosa.

En definitiva, esta temporada replantea las líneas más profundas de lo que ha sido 24 desde un principio: los límites de lo que se puede hacer para conseguir un objetivo, la justificación para hacerlo y la carga de culpa que se siente por ello. Mientras vemos a Jack en coma, sólo nos queda pensar que si vuelve, mantenga la conciencia de lo que hace y, de paso, que la agente Walker también nos acompañe.

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