Rendido a los pies de Spartacus

Rendido a los pies de Spartacus

Lo que no ha conseguido ni el mismísimo Theokoles en la arena está a punto de lograrlo un servidor: devorar a Spartacus. Eso es lo que he hecho en apenas dos días, en los que he consumido grandes dosis de sangre y arena hasta plantarme a las puertas del último episodio (tonight is the night). Doce episodios que me permiten afirmar que, de todas las series que llegaron en septiembre de 2009 y que yo he visto (fíjense en la negrita), Spartacus es la mejor. ¿Comentamos?

No me extenderé demasiado porque me falta la guinda del pastel, ese último episodio que cierre una temporada en clara línea ascendente. Y es que lo más complicado de la serie de Starz es superar su episodio piloto: flojo, lento, impersonal. Me lo advirtieron todos los que habían caído rendido a los pies de Spartacus. Y todos tenían razón. Es imperdonable que tu carta de presentación sea tan pobre, como si en tu currículum pusiera que eres torpe, holgazán y descarado cuando optas a un puesto como camarero de un hotel.

No me advirtieron, sin embargo, de la chocante recreación de la sangre, hecha con acuarelas a las que les sobra agua y les falta credibilidad. Pero no importa. Como tampoco importa que los subtítulos se empeñen en traducir la palabra “polla”, que recoge la RAE, como verga. O que se coja y no se folle. “Polla” y “follar” son dos palabras temidas, como si cada vez que se pronunciaran un verdugo aniquilara a un gatito. Lo sé, es un problema de mis subtítulos (vuélvase a ver la negrita), pero no puedo evitar un comentario porque no he sido capaz de encontrar una traducción con cara y ojos. Mi inglés, aunque estoy poniendo remedio, sólo da para el First.

He visto doce episodios. Doce episodios en los que he aprendido que el sexo, el vino y la sangre generan un placer similar a los romanos. Todos se consumen en grandes dosis en el ludus de Quintus Lentulus Batiatus (John Hannah), el personaje mejor perfilado de la serie junto a Lucretia (Lucy Lawless), a la que aparte de verle las tetas cada diez minutos, también vemos sus sentimientos y frustraciones. Eso, en la villa donde también encontramos a Mira, una esclava que podría sustituir a Sura en el corazón de nuestro protagonista, Naevia, la pobre amante de Crixus, y Ashur, posiblemente el cautivo más odiado desde Theodore Bagwell. Gran papel el suyo.

Pero el odio más irracional de la serie se reserva para Ilithyia, cuya actriz invita a los vítores y no sólo por su cuerpo desnudo: Viva Bianca. Hija del Senador y mujer del Legatus Glaber, reúne todos los requisitos para que Spartacus la trocee en la arena: rica, mala, traidora, asesina, cruel y despiadada. El sacrificio de Varro todavía me pone los pelos de punta. Por suerte, Ilithya ha ayudado a despertar al verdadero Spartacus, el que se esconde detrás de ese invencible escudo de gladiador y que llega en forma al final de temporada. Los bolsillos de Batiatus están llenos de monedas, pero el corazón de Spartacus rebosa ira.

A la espera de rematar el asunto, he buscado información sobre la próxima temporada procurando no fastidiarme el final. Y, corregidme si me equivoco, Starz emitirá una precuela de Spartacus a partir de enero de 2011 centrada en Batiatus y Lucretia. Andy Whitfield, que hace un fantástico (aunque algo limitado) trabajo como protagonista, estará sólo en dos episodios porque, como todos sabéis, ha estado luchando contra el cáncer (maldito linfoma de Hodgkin). Ya ha superado su enfermedad y en octubre, cuando esté en forma para un trabajo tan exigente, empezará a rodar la segunda temporada de la serie. En la Comic Con de San Diego tendremos más noticias.

Muy recomendable: Spartacus Blood and Sand.


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