Recomendaciones Netflix: Narcos

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Si hay una cita internacionalmente conocida y utilizada incluso para cosas distintas, y en ocasiones frívolas, para lo que fue creada es la que da título a la excelente novela de Gabriel G. Márquez “Crónica de una muerte anunciada”. Narcos es esto mismo: la crónica de una muerte anunciada.

Y aquí empiezan las dificultades para los guionistas. Porque todos sabemos que Pablo Escobar murió abatido por la policía y ellos tienen que construir una historia, la historia de Pablo Escobar básicamente, conociendo que el desenlace no podrá ser utilizado como el recurso por el que a través del suspense o la intriga enganche a los espectadores hasta el final.

¿Qué hacer entonces? ¿Cómo mantener el interés si todos saben cómo acabó? La fórmula ya ha sido utilizada en innumerables ocasiones en la ficción: narrar “el cómo” se llegó a ese final. Detallar cuales fueron los acontecimientos que lo precipitaron hasta su muerte y resaltar aquellos aspectos de su vida y de sus acciones que resultaron críticos. Para ello, hacen falta muchas horas empleadas en recoger testimonios de aquellos que compartieron con él los mejores y peores momentos, echar mano de la prensa de entonces, recurrir a vídeos de los informativos de multitud de cadenas nacionales y extranjeras. En definitiva, portadas y más portadas plagadas de titulares e imágenes donde su presencia era extrema en todos los aspectos y que se hacían eco tanto de un Pablo Escobar convertido poco menos que en el Robin Hood moderno, como de otro que era sencillamente un narco y un terrorista, un hombre cuya terrible crueldad contrastaba con sus entrañables imágenes familiares y sociales.

Pero construir una ficción en base a lo que todo el mundo conoce, a lo que se sabe de él, a su imagen pública y a la vista de todos… no sería ficción, sería un documental. Es la diferencia entre History y Story. Los creadores y guionistas necesitaron hurgar en su personalidad para ir construyendo un perfil psicológico tan ajustado que les permitiera ficcionar un encuentro y lo que se pudo hablar allí a sabiendas de su inexactitud, incluso de su inexistencia. Los diálogos con su esposa en la intimidad de la alcoba cargados de ternura la mayoría de las veces nadie los pudo conocer, nadie, pero resultan creíbles porque los espectadores vemos que en ese momento a él le pegaba decir precisamente eso y actuar de esa manera.

Ocurre lo mismo con determinados pasajes, con escenas que jamás ocurrieron, con reacciones, dramatizadas ahora, para dar intensidad a la historia teniendo siempre presente la amenaza que acecha a este tipo de relatos: la credibilidad. Y que en este caso y gracias a los creadores Carlo Bernard, Chris Brancato y Doug Miro, hacen que todo fluya de tal manera que nos importe muy poco la diferencia entre la realidad y lo que nos cuentan, por la sencilla razón de que la historia que vemos nos atrapa.

La serie comienza en el Medellín de 1989 donde los narcos, dirigidos por Pablo Escobar (Wagner Moura) como Jefe absoluto del Cártel de Medellín, campan a sus anchas controlando una red de influencias tan amplia que alcanzan desde la política, judicatura, medios de comunicación hasta los bancos y algunos de los más altos representantes de la oligarquía colombiana. Y todo gracias a los millones y millones de dólares obtenidos con la coca. Los americanos habían enviado allí recursos y hombres con el fin de ayudar y, sobretodo, presionar al gobierno colombiano para poner fin al negocio de Pablo Escobar.

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El Agente norteamericano de la DEA, Steve Murphy (Boyd Holbrook), trasladado a Medellín por su gobierno, nos lo irá contando con voz en off durante todos y cada uno de los 20 capítulos de las dos temporadas de este ciclo. Su voz es el presente y se nota por el tono que emplea que el paso de los años, la distancia en el tiempo, le han hecho reflexionar y mucho sobre lo que ocurrió entonces, no sólo sobre su propio papel y el de su compañero más cercano, Javier Peña (Pedro Pascal), también agente de la DEA, sino de todos aquellos que formaron parte de aquél universo de violencia y corrupción.

Murphy interviene indiscriminadamente en determinados y elegidos momentos de cada capítulo narrando en un tono cínico la mayoría de las veces y haciendo que el pasado sea en ocasiones más cercano a los hechos y, en otras, se desplace años atrás mediante flasbacks incluso cuando él ni tan siquiera había pisado suelo colombiano. Él nos relata no sólo lo que pasó sino sus propias impresiones, ya sea poniendo en solfa al gobierno colombiano como las medidas que había tomado su propio gobierno desde Washington. El Murphy verdadero es el que aparece agachado y con un polo rojo en la foto collage junto al cadáver de Pablo Escobar.

Él y su compañero Peña serán los personajes que tiren de la historia cediendo todo el protagonismo al único protagonista aquí: Pablo Escobar.

Los conflictos de los agentes de la DEA, todos, excepto alguno de tipo personal y que tiene poco encaje, tendrán que ver siempre con las decisiones y las operaciones llevadas acabo para detener a Escobar. Ellos, junto con el famoso Bloque de Búsqueda dirigido por el Coronel Carrillo (Maurice Compte), un radical justiciero y obsesivo dispuesto a todo con tal de dar caza a Escobar, son los que aportarán la acción a la narrativa.

Capítulo tras capitulo iremos viendo que atraparlo se convertirá en una misión casi imposible. Pablo Escobar había repartido dinero a espuertas para ganarse la fidelidad incondicional de la gente, o sea, contaba con un ejército de agradecidos dispuestos a prestarle su apoyo para lo que fuera. El Patrón, como así era conocido, había construido viviendas para aquellos que dormían en los basureros, financiado instalaciones deportivas en los barrios más desfavorecidos. Además, dio apoyo económico a clubes de fútbol que les permitió fichar a jugadores estrella y a él blanquear ingentes cantidades de dinero provenientes del narcotráfico.

También con dinero de la misma procedencia financió a tal o cuál candidato político. Dos millones de dólares le bastaron para convencer a los guerrilleros del M-19 para que asaltasen el Palacio de Justicia y presionar así al Gobierno que estaba a favor de su extradición a Estados Unidos. Y cuando la ola creciente de respaldo de aquellas clases desfavorecidas estaba en su punto más alto, se presentó para la Cámara de Representantes de Colombia y consiguió ser diputado. Incluso negoció con el Gobierno un estatus de manos libres para su persona y sus operaciones a cambio de pagar toda la deuda externa del país. Esa era la Colombia de entonces. Esa era la Colombia de Pablo Escobar.

Y todo esto es lo que vemos: una catarata de planos, secuencias y diálogos, engarzados todos ellos de una forma magistral con imágenes reales de la época para dotar a la historia de un “realismo mágico”, una referencia que toma el nombre de la corriente literaria imperante en Sudamérica aquellos años y que vemos en la intro del capítulo piloto.

El ritmo, la angustia, la intensidad y la brutalidad de algunas escenas, dirigidas estas últimas entre otros por José Padilha (Elite Squad), contrastan con los momentos más personales del capo, los más íntimos y humanos. Esa contradicción, ese abismo entre la crueldad y la imagen de hombre generoso y preocupado por los más desfavorecidos, se irá alternando de forma aleatoria entre un estado y otro, confiriendo al relato una intensidad pocas veces visto.

Aunque también hay lugar para imágenes de otro tipo y que ahondan en sus sentimientos más profundos, más íntimos: aquellas en las que Pablo Escobar se refugia en su familia, entre ellas su madre Hermilda Gaviria (Paulina García) por la que siente un gran respeto y adoración. Ella no será nunca la impulsora de las crueles acciones que tome su hijo, pero tampoco le reprochará nada. Lo que sí hará es mostrarle su cariño y comprensión como si su hijo fuese el elegido por un destino superior, viéndose obligado a hacer lo que hace. Su esposa Tata Escobar (Paulina Gaitan) representará en ocasiones el contrapunto a la madre y nos dejará escenas de tensión entre ambas, a veces soterradas y otras con enfrentamientos a la cara. Pero Tata ama a su esposo y aunque notemos que le gustaría llevar otro tipo de vida, la comodidad y el lujo que él les ha proporcionado a ella y a sus hijos entierran ese anhelo una y otra vez siempre que aparece el conflicto en su cabeza.

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Pero las cosas duran lo que duran y la desmesurada ambición y el éxito no sólo crea recelos y envidias aquí y allá, sino que invita a otros a desear ese trozo del pastel. Cuando no, a arrebatártelo directamente.

El cártel de Cali aparece de forma contundente en la segunda temporada como un personaje colectivo cuyo objetivo será mermar la capacidad operativa y de movimientos de Pablo Escobar. De estética elegante y con una educación mucho más refinada que la de Pablo Escobar, aunque usando métodos similares a los de él, los dirigentes de este grupo irán moviendo piezas y estableciendo alianzas, algunas de las cuales nos dejarán con los ojos como platos, para extender su telaraña de poder y hacerse con todo el control del narcotráfico en Colombia y en Estados Unidos, su principal mercado.

Si hay algo recurrente tanto en la ficción como en la realidad es que cuando en un universo como el colombiano de aquellos años, con una situación política convulsa, con una desgarradora situación social, donde grupos armados y guerrillas se alzan contra el Gobierno mientras los delincuentes y los narcos campan a sus anchas generando ingresos multimillonarios que contaminan vertical y horizontalmente grandes capas de la sociedad, es la aparición de un personaje que cobijado en la sombra moverá los hilos aquí y allá sin importarle lo más mínimo la moral y los actos de aquellos a los que va a respaldar. Este personaje, con un sentimiento patriótico muy arraigado, sólo buscará una cosa: cumplir a rajatabla las consignas de su gobierno, el de Estados Unidos.

Bill Stechner (Eric Lange), agente de la CIA, es ese hombre. A través de sus escasas apariciones nos dejará esa sensación extraña de que a veces las cosas pasan ajenas al azar y la casualidad y que resultaron de esa manera porque algunos así lo quisieron, lo planearon y lo ejecutaron. Él será el nexo entre su gobierno y el cártel de Cali y urdirá una alianza perfecta para que el dinero del narcotráfico de los de Cali vaya a los paramilitares que combatían a la guerrilla comunista, auténtica obsesión de Washington. A su vez, y por esta colaboración, los de Cali recibirían toda la información de la que disponían los americanos sobre Pablo Escobar: sus laboratorios, sus contactos, sus rutas, sus pisos franco… todo.

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De ahí que la segunda temporada de Narcos sea la del ocaso de Pablo Escobar. Poco a poco irá perdiendo apoyos por culpa de los atentados indiscriminados que dejaron centenares de víctimas, muchas de ellas niños. Pero también por el acoso continuo de la DEA y, sobre todo, de un grupo de paramilitares apodados “Los Pepes” que, amparándose en la indignación y rabia de aquellos que había sufrido los zarpazos de Escobar, emprendieron una violenta cruzada contra todo aquél que perteneciera a su núcleo más cercano, contra aquellos colaboradores externos que le daban asesoramiento, contra periodistas que de manera sibilina habían justificado sus acciones o que simplemente le habían entrevistado. Los Pepes, acrónimo de Perseguidos por Pablo Escobar, fue un invento de ya sabemos quién… y a cambio de qué.

Con este panorama, donde sus más afines iban cayendo en emboscadas de la Policía o muertos por los paramilitares, con la mayor parte de sus laboratorios desmantelados, sin apenas negocio, sin red de intermediarios… el dinero iba menguando con la misma rapidez que con la que se consiguió. Incluso en su propio ejército de sicarios se producirán bajas notables entre sus más fieles.

Con su familia retenida y vigilada por la Policía en un hotel, incomunicado absolutamente de todos, sin dinero, sin medios y sólo con la compañía de uno de sus hombres más leales, Escobar decide emprender una huida a un lugar que nos extraña y donde un hombre mayor les recibe sorprendido, pero sin una brizna de entusiasmo.

Nada sabíamos de su Padre y ahora le vemos en soledad y viviendo en una casa muy modesta, cuidando del ganado, de la tierra, levantándose a las cinco de la mañana para iniciar su jornada hasta la puesta del sol. Un personaje que nos transmite ternura y pena, además de un mensaje muy claro y que debió captar Pablo Escobar siendo joven cuando él, acompañado de su madre, decidieron abandonar a su padre: el excesivo trabajo y el esfuerzo no garantizan siempre la riqueza y la prosperidad.

Escobar y su sicario se quedarán unos días refugiados en la casa del padre. Le acompañarán en las duras tareas cotidianas, disfrutarán de la vida al aire libre, de la comida escasa pero sana, de esos paisajes salvajes que invitan a la contemplación y a la felicidad sin que el primer bien material sea el dinero, sino conseguir buena leche ordeñando las vacas. En una maravillosa escena, Pablo Escobar confiesa a su padre que le gustaría quedarse a vivir allí con su mujer y sus hijos, a quienes imagina correteando por los campos y cuidando de los animales y disfrutando por fin de una vida tranquila. Y aquí llega quizás el momento más dramático de la temporada. Algo que, por inesperado, se le clavará en el pecho a su hijo.

Pablo Escobar emprenderá la marcha en compañía de su sicario alejándose por un camino hacia su destino final y pensando seguro que la última oportunidad para haber llevado una vida normal y tranquila se le acababa de escapar para siempre de entre las manos. Ese camino, esa marcha, le llevará hacia el capítulo final de su vida y sobre su vida: su muerte.

La tercera temporada de Narcos se estrenará en 2017 y dará crédito al título elegido por Netflix para la serie al utilizar el plural en lugar del singular. De ahí que la tercera se focalizará en el otro cártel, en otros Narcos, los de Cali, con unas prácticas y alianzas que enrojecerán a más de uno. Para esta nueva etapa se cae del equipo de creadores Doug Miro, manteniéndose en ella Carlo Bernard y Chris Brancato, y para sorpresa nuestra se incorpora al elenco de actores Javier Cámara, que hace pocos días colgó un video en las redes sociales ensayando el acento colombiano con una palabra que ya se ha hecho mítica en la serie por las incontables veces en las que la pronuncian y que ha ocupado más de una referencia en artículos de opinión: “hijoeputa”. Es de agradecer la valentía de Netflix al mantener el lenguaje propio de la mayoría de los actores, hablando como lo hacen ellos, con ese deje propio y esos palabros comúnmente utilizados por aquellas tierras.

Y ya para finalizar, advertir de algo: lo escrito arriba podría parecer un grandísimo spoiler… y claro que lo es, pero en este caso el spoiler está en las redes a disposición de los curiosos que quieran indagar más sobre lo que pasó en aquellos años. Aunque si sólo se conformasen con eso, se perderían la maravillosa dramatización que han hecho los creadores, porque es precisamente ahí donde la historia se transforma en un relato apasionante, con ritmo, con emociones y donde es difícil discernir quién decía la verdad y quién no. Y todo porque el universo colombiano de aquella época estaba plagado de eso, de hijoeputas.


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15 comentarios

  1. Glaukoma

    Uno de los análisis más certeros y profundos que he tenido ocasión de leer en esta página en mucho tiempo.

  2. Glaukoma

    Por cierto, David, sé que es completamente off-topic, pero vais a valorar de alguna manera la (supuesta) filtración masiva de tramas de la séptima de GoT?

    • ¡Buena pregunta! De ninguna manera. Ni yo, ni ningún colaborador, ni en general nadie que ame (de verdad) la serie, quiere acceder a esa información sospechosamente veraz. Game of Thrones se merece que lleguemos vírgenes a la séptima temporada. Por aquí no se va a publicar ningún spoiler gordo de GoT, sólo las clásicas filtraciones de casting.

      • Glaukoma

        No, si estoy totalmente de acuerdo contigo. Pero es que echo tantísimo de menos GoT que cualquier excusa es buena para leer un post de la serie, jajaja

  3. andres

    Muy buen serie, y eso que soy de Medellín, ya que no falta el que se queja de la voz del protagonista y de la veracidad de algunos hechos; pero de verdad vale la pena.

    • ¡Vaya! Pues es un lujo contar con alguien de allí y que le haya gustado la serie. Cierto que tuvieron que dramatizar muchas situaciones, escenas y diálogos para poder hacer una excelente ficción basada en hechos reales. Y sobre la voz del protagonista fue un conflicto, porque escoger a un actor brasileño que tuvo que aprenderse la forma de hablar de allí era una tarea muy difícil, pero el resultado final creo que ha sido bastante bueno.

        • Estoy de acuerdo. Leí algún que otro artículo en diarios
          de los considerados “serios” y hacían crítica al papel
          de los actores secundarios…que si no daban la talla,
          que no se les entiende cuando hablan, que sus actuaciones
          dejaban mucho que desear…pero nada sobre la historia y
          su cercanía con el espectador.
          Tanto los secundarios como los principales actúan de lujo
          precisamente por eso, porque parece que no actúan.

  4. Marisa de Gabriel

    Diseccionas la trama con tanto interés, que yo, que no pensaba verla, me he propuesto hacerlo.

  5. Sergi Rodriguez

    Una de las mejores series del momento. Veremos si la tercera temporada aguanta sin un personaje como Pablo.

    El tema de la voz al principio es bastante chirriante, sobretodo si estas mas o menos acostumbrado al acento Colombiano , pero es cierto que a medida que vas avanzando en ella se te acaba olvidando.

    Creo que no comentas nada sobre que en Colombia ya existía un “Narcos” (o mejor dicho una serie dedicada a Pablo Escobar), que es “El Patrón del Mal”, que según dicen esta bastante bien (eso si tienes paciencia para 113 capítulos que tiene).

    • Estoy contigo.Ya se pueden esforzar para la tercera en fabricar un protagonista con tanta fuerza y tanto dramatismo como la de este ciclo.
      Y sí, conocía la existencia de esa telenovela colombiana como otras que también se hicieron allí y que trataban directa o indirectamente sobre la vida de Pablo Escobar. Creo recordar que hubo una que trataba incluso sobre los PePes. Y a modo de anécdota: no sé si veías “Entourage” pues en una de sus temporadas Vincent Chase, el prota, conseguía un papel en una superproducción que se titulaba “Medellín” y él interpretaba a Pablo Escobar. Ya te puedes imaginar la carga cómica que tenía aquello 🙂

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