Primera sesión de Galactica :: Saltamos en 33 minutos

Todo a punto para mi primera sesión de Battlestar Galáctica. El nivel está muy alto porque acabo de ver Dexter, a mi parecer, la mejor producción del año muy por encima de Heroes. Nunca había encontrado el momento para enfrentarme con Galáctica, pero los parones de otras series, y algún que otro fan incondicional de Starbuck y compañía, me han convencido para ponerme al día (llevo tres temporadas de retraso). Empieza el episodio piloto. Los cylons fueron creados por el hombre… son máquinas que han evolucionado hasta tener apariencia humana… están programados para sentir como humanos… algunos ni siquiera saben que no son humanos… STOP. He olvidado quitarme mi habitual coraza anti ciencia ficción. Ahora sí, empecemos de nuevo…

No cometas el error de leer esto si no has visto la primera temporada

Han pasado sólo tres días desde que empecé con el episodio piloto que, al final, ha sido lo único que no me ha convencido de la primera temporada. Reconozco que me costó un poco entender el hecho de que la humanidad tuviera que subsistir en naves completamente equipadas y que cada 33 minutos tuvieran que 'saltar' (cambiar de localización en la galaxia) para evitar el confrontamiento con los cylons. Ni siquiera, en los primeros episodios, me creí el papel rebelde de Starbuck. Sus puros me parecían de chocolate y sus vaciladas fuera de lugar e infantiles, en una nave en la que el orden y la disciplina son básicas. Superada mi fobia por la ciencia ficción, y el episodio piloto (repito que me pareció insípido), la serie empezó a engancharme.

Entonces llegó Apolo, la cordura de la presidenta Roslin, la locura de Saúl, el carisma del comandante Adama, la soledad de Helo y, sobre todo, el desconcertante Gaius Baltar y su conciencia en forma de Número Seis. ¿Quién es realmente Baltar? ¿Por qué su misión parece mucho más trascendental que la del resto de los mortales? Gaius es el responsable de que los cylons hayan conseguido información privilegiada, pero él vale más por lo que calla que por lo que sabe. Su misión será encontrar el método para descubrir a los cylons infiltrados entre Galactica. Pero vayamos por partes.

Imagen de Battlestar GalacticaGaius y número Seis, que no se separan en toda la temporada

Humanos y cylons tenían un pacto de no agresión después de una guerra entre las dos razas que acabó con un armisticio que, cada cierto tiempo, se debe ratificar en una asamblea. Los cylons llevan varias décadas sin asistir a la asamblea, hasta que Número Seis se presenta por sorpresa. Es bella, es inteligente, tiene forma humana y es capaz de sentir como los humanos, pero es un cylon y tiene sed de venganza, de dominar un mundo que a los humanos se les ha escapado de las manos. Los cylons jamás han asistido a una asamblea porque jamás lo han necesitado. Conviven con el resto de los mortales sin que éstos lo sepan, esperando la señal, la luz verde, que dé comienzo a la mayor invasión de toda la humanidad. Hoy es el día.

Mientras tanto, los humanos han pasado sus últimos años de vida disfrutando de las comodidades de la paz. No están preparados para una supuesta guerra que ni se imaginan e incluso sus naves de combate, como Battlestar Galactica, están mejor vistas como piezas de museo que como mecanismos de defensa. Por eso, el inesperado ataque cylon consigue destruir la mayor parte de la población, cortar las comunicaciones y dejar a Galactica como la única nave militar superviviente. A su alrededor, varias naves llenas de civiles suponen los últimos latidos de la población humana. Una pizarra en el despacho de la presidenta Roslin es todo el censo de una especie en extinción.

Imagen de Battlestar GalacticaApollo y Starbuck, los dos cracks de Galactica

Especialmente inquietante supone el descubrimiento de Boomer. Siente como los humanos e incluso mantiene una relación con uno de los soldados de Galactica, pero es un cylon y tiene una misión. Esa misión, seguro, marcará el destino de la segunda temporada de Battlestar Galactica (prometo ponerme la semana que viene). Tras llevar a cabo una operación de alto riesgo para nutrir la nave de víveres, se presenta ante Adama. En el momento en el que va a estrecharle la mano, su software se pone en marcha, saca un arma y atenta contra el comandante. Varios disparos en el pecho dejan a la nave sin timón, a la deriva del segundo Tight y su sibilina esposa.

Mientras tanto, Roslin, que no comparte las decisiones militares de Galactica, intentará hacer la guerra por su lado con el apoyo de Apollo y Starbuck. La mejor piloto de Galactica, capaz incluso de pilotar un cylon, se ha consagrado como el personaje más carismático de la galaxia. Su rebeldía contrasta con su lado más humano, su encuentro con el desterrado Helo promete ser de lo más interesantes y sus puros ya me parecen los de la victoria. Galactica debe sobrevivir con escasez de armas, de recursos, de pilotos, de guías y de fe. Sin embargo, Adama ha asegurado a la especia superviviente que les conducirá a la tierra prometida. ¿Pero, realmente existe La Tierra? En situaciones límite, sólo la esperanza de encontrar una vida mejor puede motivar a una nave en la que sus ocupantes han perdido el hogar, la familia y los sueños.


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