Por qué todos deberíais ver The Knick

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Hubo un tiempo en el que las cosas no eran como son ahora. Un tiempo en que los cirujanos no utilizaban guantes para operar a los pacientes, en que el quirófano era un aula llena de curiosos, el mejor anestésico era la cocaína, y las ambulancias eran carros de caballos. Una época en que las radiografías parecían cosa de brujería, y algo llamado penicilina era una quimera con la que solo se podía soñar. Así era la medicina a principios del siglo XX. Así es The Knick . Y ahora que acaba de empezar su segunda temporada es el momento perfecto para empezar a verla.

¿Y qué es The Knick? Esta serie nos cuenta la historia del Knickerbocker, un hospital de Nueva York que existió en la realidad. El creador quizás os suene de algo: Steven Soderberg. El director de la saga Ocean’s Eleven, Erin Brockovich o Traffic vuelve a la televisión tras la buena experiencia que le supuso Behind the Candelabra (un par de Emmys y Globos de Oro lo atestiguan), encargándose también, aunque bajo pseudónimos, de la fotografía y el montaje.

La serie nos mete de lleno en un momento en el que la medicina estaba cambiando rápidamente, en que cada día había un nuevo descubrimiento y quedarse atrás suponía el fin para un hospital. El eslogan con el que promocionaron la serie no engaña: la medicina moderna tuvo que empezar en algún lugar. Eso sí, no esperéis la típica serie de médicos, tiene más de Boardwalk Empire que de House (aunque las comparaciones entre protagonistas son inevitables), y se atreve a ser explícita de una manera que me lleva a daros un consejo: no la veáis durante la comida.

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El protagonista es el doctor John Thackery, interpretado sólidamente por Clive Owen; un tipo ególatra, solitario, drogadicto y difícil de controlar, pero que también es un genio. Tres médicos completan el equipo del doctor Thakery: el inexperto residente que trata de demostrar a su padre que es capaz de ser tan bueno como él, el doctor que opina que debería tener un puesto mejor, y el nuevo cirujano asociado del hospital: primero de su clase en Harvard, formado con honores en Europa, y negro, algo que parece borrar de un plumazo todos sus logros previos. No podemos olvidarnos de los secundarios, que a lo largo de la primera temporada y ahora más con la segunda se comen la pantalla. Entre mis favoritos, el ambulanciero irlandés, que consigue pasar del asco a la ternura de una escena a otra; y la enfermera Elkins (interpretada por la hija de Bono de U2), y que tiene una manera de mirar que desnuda el alma.

Mi parte médica disfruta (por no decir que flipa en colores) con cada artilugio y cada descubrimiento, con cómo mezclan la investigación cuando el 99% de los tratamientos que usamos ahora impensables, con figuras reales como el cirujano William Halstead (al que debemos los primeros tratamientos contra el cáncer de mama, o el uso de guantes quirúrgicos) o la historia de María Tifoidea, una cocinera que contagió el tifus a decenas de ricos neoyorquinos.

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Pero mentiría si dijera que The Knick solo es eso. The Knick nos adentra en un mundo oscuro, sucio, sórdido, duro. En el que, si todo iba bien, podías considerarte afortunado si cumplías los 47. No se corta en tocar temas como la inmigración, con gente que la mayoría de las veces acababa hacinada y muriendo sin saber una palabra de inglés; nos habla sobre lo imposible que era para una mujer poder decidir lo que iba a ocurrir con su vida o con su cuerpo, se mete a fondo en el tema del racismo, enseñándonos cómo un doctor negro tiene que soportar que sus propios pacientes no quieran que los toque.

Recuerdo mi pensamiento nada más ver el primer episodio: cómo me alegro de vivir en el siglo XXI. Sí, ahora mismo tenemos cura para la sífilis, un parto no suele suponer una amenaza para la vida de una mujer, y con una vacuna prevenimos la meningitis. Pero ahí tenemos la corrupción que hace que cada vez los ricos sean más ricos, la lucha de la mujer por ser considerada como igual, el abuso de sustancias como medio para evadirse, la violencia racista, el fracaso profesional. Y al otro lado, entre toda esa oscuridad, una sonrisa de alguien que pronto dejará de ser un desconocido, un amor indebido, una complicidad inesperada, un viaje en bicicleta. Y entonces piensas que por eso engancha The Knick: porque a pesar de todo lo que hemos avanzado, las personas seguimos siendo esencialmente iguales.


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7 comentarios

  1. Tincho

    Se ve muy interesante, además de que me encanta Clive Owen. Creo que le voy a echar un ojo. Se agradece la recomendación 😉

  2. “Deberíais”… con todo respeto para los hermanos españoles, su “español” está de la verga. No es nada práctico.
    Fuera de eso la serie es mediocre, pero el ver cómo vivían en esos años es una perla.

  3. Yo

    Muy buena critica, sobre todo imparcial, la tomare muy en cuenta..

    Sarcasmo off…

    sigue asi chico.

  4. Nuvo

    “…ahí tenemos la corrupción que hace que cada vez los ricos sean más ricos” ¿a qué viene esta frase tan tontorrona?

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