Pilotos de verano: Saving Hope

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No necesitábamos otra serie de médicos. Eso es lo que pensaba yo antes de ver el episodio de debut de Saving Hope (NBC, 7 de junio). Aunque, en realidad, también lo pensaba antes de que empezaran House o Anatomia de Grey, lo que significa que el problema con los señores de bata blanca es personal. Aún así, abrí mi corazón al mundo de la medicina, expulsé de mi mente cualquier prejuicio y me vacuné contra la intolerancia para ver este piloto veraniego, con la esperanza de que llenara el vacío entre el final de Game of Thrones y el arranque de Breaking Bad. Y tengo claro que durante este tiempo me dedicaré a leer…

Me gustaría decir que le echamos el ojo a Saving Hope cuando conocimos su argumento o su reparto. O cuando vimos su promo de presentación, pero estaría mintiendo. Ni una cosa ni la otra nos llamaron la atención, y aunque el piloto ha corroborado nuestras nulas expectativas, es justo decir que el reparto funciona mucho mejor que la historia.

Una historia que arranca en un taxi donde conocemos a Charlie (Michael Shanks) y Alex (Erica Durance), dos enamoradísimos médicos que se dirigen a su boda cuando un coche se cruza en su camino. El accidente parece no tener repercusiones físicas en ninguno de los dos tortolitos, pero pronto descubrimos una herida en la cabeza de Charlie que no sólo anula la boda, sino que prácticamente reduce a cero sus posibilidades de sobrevivir. Mientras Charlie entra en coma, su cuerpo y su alma se separan, de manera que es consciente de que está vivo y enfermo en una cama de hospital, pero a la vez puede moverse en su forma etérea sin que los demás lo vean. No, no es una TV Movie de Antena 3, ese es el punto de partida de Saving Hope.

Sin ser decepcionante, el piloto es bastante malo. Acierta en la presentación de los dos protagonistas, cuya química es espléndida, pero a partir de ahí se nutre de los odiados clichés del género médico. El que más odio, sin lugar a dudas, es el de que todos los médicos del hospital sean jóvenes guapos y guapas, como si en el salvaje examen de ingreso a la carrera de medicina americana también hubiera un filtro de belleza: “feos a un lado, a hacer series de moteros. Guapos al otro, a las de médicos“. Y no es que me molesten los guapos, es que el trabajo de casting es un mensaje clarísimo de las intenciones de la serie, que prestará más atención a los rollos entre doctores que a otros menesteres. Tampoco es que el punto de partida diera para hacer malabares, pero desde luego no insinuaba que iba a ser una Anatomia de Grey elevado a la quinta potencia. Y para eso, ya tenemos a Anatomia que, dicho sea de paso, es bastante más madura e inteligente que Saving Hope.

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Saving Hope tenía la oportunidad de alejarse de las series de médicos convencionales proponiendo otro formato narrativo. El clásico, el de tres o cuatro pacientes con problemas que se combinan con las historias personales de los médicos implicados, ya lo hemos visto demasiadas veces. Y tampoco es que esas situaciones hayan sido especialmente llamativas en el piloto, que es cuando en realidad te juegas los cuartos. Eso sí, agradecemos que la serie no se recree en la jerga médica y que no haya optado por el habitual lupus para uno de sus primeros casos. De esas historias, la del ex militar es la que ha resultado más inverosímil: el paciente quería amputarse el brazo… ¿y el médico cambia su decisión en medio de la operación? Weird, que diría Ted Mosby. Tampoco me ha convencido el de la embarazada con problemas de sobrepeso, pero supongo que no venía preparado de casa para entender que la medicina, en las series de médicos, suele ser lo menos importante.

El único punto por el que podrían engañarnos para que veamos el 1×02 es lamentablemente el que menos se trabaja en el piloto: el alma de Charlie. Nunca he sufrido una experiencia extracorporal, pero imagino que es un shock bastante serio verse a sí mismo postrado en una cama de hospital. En cambio, Charlie parece asimilarlo con bastante naturalidad y tampoco se extraña de poder hablar con los pacientes que mueren dentro del propio hospital, al estilo Patrick Swayze en Ghost. Eso por no hablar del mundo de posibilidades que se abre en una situación así y que invita a hacer de todo, menos a quedarse allí vestido con el traje de la boda que posiblemente nunca celebrarás. En especial, si está tu chica a punto de consolarse en el hombro de su ex novio, Joel Goran (Daniel Gillies), otro médico guapérrimo que ya tiene la caña a punto.

En definitiva, voto positivo a la química entre Charlie y Alex, que sólo podremos recuperar en flashbacks; al neurociujano Shahir Hamza, un cylon con bata blanca; y al vestido de boda de Alex. Negativo a todo lo comentado y a esos molestos destellos que tan voluntariamente salían de la luz. Por favor, no nos torturen más, o no volveremos… si es que alguien tenía pensado volver. ¿Tú qué harás?

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