Pilotos de otoño: The Playboy Club

The Playboy Club
No se puede juzgar una serie sin haber visto ni siquiera un episodio. Esta ley básica que respetamos la mayoría de aficionados a las series no la conocen en la Parents Television Council, esa organización estadounidense que censura cualquier material televisivo que pueda ser indecente. Su dedo mediático apuntó a The Playboy Club meses antes incluso de su estreno. La acusaban, sin haberla visto, de pornográfica. Algunos estados se negaron a emitirla. Y varias asociaciones de mujeres insinuaron que hacía apología de la prostitución y el machismo. Bien, ¿habéis visto el piloto? Se me ocurren muchos adjetivos para definirla (insípida, vulgar), pero desde luego pornográfica y machista no están entre ellos. The Playboy Club no debería pasar de una temporada (dudo que la complete), pero desde luego no porque sea indecente y ofensiva para el pueblo americano, ese que es capaz de tener una recortada en la almohada, pero que le tapa los ojos a sus hijos cuando sale una mujer vestida de conejito en la tele. En fin, vamos a hablar de The Playboy Club…

Cinco millones. Una barbaridad si fueran de euros, pero una cantidad ridícula si hablamos de espectadores. Todos esos reunió The Playboy Club delante del televisor el pasado lunes. Un resultado que es un poco mejor que el que consiguió Lone Star el año pasado (4 millones). La serie de Fox duró la friolera de dos episodios, así que a The Playboy Club le vamos a dar algo más de margen, tal vez hasta el quinto o sexto capítulo. Y eso que la idea no es mala. La ejecución sí, pero la idea no. The Playboy Club podría hablarnos de ese periodo de liberación sexual de los años 60, a veces confundido con explotación sexual, de la vida de Hugh Hefner o de la figura de las conejitas en la sociedad, pero se va a quedar, basándonos en el piloto, en una telenovela ligera sobre la vida de sus protagonistas.

El episodio piloto empieza y acaba con los sueños de Maureen (Amber Heard), una conejita que acaba de ser contratada para el club que Hugh Hefner tiene en Chicago. Su trabajo consiste en vender cajetillas de tabaco vestida de conejita sexy, aunque a ella lo que realmente le interesa es ser la estrella del show. Cantar, bailar. Entre medio tiene tiempo de matar a un pez gordo de la mafia por accidente, de destrozar una relación sentimental, de empezar otra y de olvidarse una llave en la escena del crimen. A su lado, desde el primer momento, está Nick Dalton (Eddie Cibrian), un abogado que frecuenta el club y que ayuda a Maureen a deshacerse del cadáver (no era la primera vez que lo hacía), poco antes de llevársela a casa para tomar un té y que aparezca su novia, la conejita más veterana, para sorprenderlos sin una buena excusa. Carol-Lynne (Laura Benanti), la despechada, es sin duda uno de los (pocos) puntos fuertes del episodio. La Bunny Manager es fría, experimentada y no parece que vaya a asumir demasiado bien que una jovencita se haga con el favor de su público. Ella es una buena excusa para ver el piloto y volver a la semana siguiente.

The Playboy Club

El resto de conejitas encarnan mejor que Maureen ese papel de mujer que lucha por su liberación sexual, ambiciosa y dispuesta a romper barreras, que parece ser la idea de la que parte la serie. Brenda (Naturi Naughton) quiere ser la primera conejita afroamericana en ocupar la portada de Playboy. Y por el camino no piensa perderse ni una fiesta. Igual que Janie (Jenna Dewan), una bonita morena que mantiene una relación con el camarero del Club, al que auguro un complicado y estresante futuro. Finalmente tenemos a Alice (Leah Renee), cuya historia es posiblemente la más compleja de The Playboy Club. Alice es una mujer casada que mantiene el trabajo aparentemente porque está muy bien pagado, pero que acaba el episodio en una fiesta diferente a la que tienen sus amigas conejitas en la Mansión Playboy. También Nick Dalton tiene aspiraciones, aunque las suyas son políticas y sus relaciones algo más peligrosas.

La ambición de los personajes es el punto de partida de un piloto que, en mi opinión, es el reflejo del personaje de Maureen: simplón e insustancial. Su actuación deja bastante que desear, por no decir que es más inexpresiva que una farola, aunque el trabajo de ambientación, vestuario, maquillaje y peluquería es bastante bueno. No es la mejor serie de este año y desde luego no es Mad Men, pero es justo decir que es mejor de lo que me esperaba. Me han faltado desnudos, humo de tabaco y alguna que otra irreverencia, pero no podemos olvidar que aunque estamos en un Club Playboy, también estamos en NBC. Y eso es una losa para una serie que se basa en el imperio que ha desnudado a más mujeres en la historia.

¿Lo mejor del episodio? Ya lo hemos dicho. El personaje de Carol-Lynne, la historia de Alice y el trabajo de ambientación. Y los modelitos de las conejitas, que según leí en una entrevista a Laura Benanti, refuerzan la autoestima de las que lo visten. Me habría encantado vivir en los años 60 en Chicago: todos son muy guapos y muy guapas.

¿Lo peor? No sorprende y no seduce, dos elementos que se le presuponían. Y el personaje de Hugh Hefner, que aparece un par de veces en el episodio, una por teléfono y otra de espaldas sentado en una silla, como si fuera el malo del Inspector Gadget. Muy pobre. Sí, el viejo Hef pone la voz, pero no es suficiente para salvar los muebles. Me temo que The Playboy Club no estará mucho tiempo abierto…


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