Pilotos de otoño: The Mob Doctor

The Mob Doctor tiene uno de los mejores puntos de partida de los que me he empapado últimamente, y de entrada parecía uno de los pilotos más interesantes para septiembre. Que le den a los delirios post-apocalípticos, a Sherlock Holmes y al décimo intento de supervivencia del alicaído Matthew Perry: una doctora arrinconada por la mafia de Chicago suena mucho mejor. Porque esta serie, con la carapán Jordana Spiro (Dexter), el encantador Zach Gilford y el siempre carismático Zeljko Ivanek habla de eso: de cómo una chica criada en los bajos fondos de la ciudad de Illinois, ahora cirujana competente y comprometida, se mete hasta el cuello en el fuego cruzado de una mafia. Acaba, por tanto, con una peligrosa doble vida. ¿Y eso por qué? Por salvar a su familia y, más concretamente, a un hermano que se mete en demasiados problemas. ¿Pero hasta dónde llega la interesante premisa? ¿Aprovechan las miguitas de una historia increíble, nos motiva lo que vemos? De eso hablamos. ¡Dentro review!

Ficha

  • Título: The Mob Doctor
  • Género: Drama
  • Cadena: Fox
  • Fecha de estreno: 17 de septiembre
  • Creadores: Josh Berman & Rob Wright

Si uno se mete de lleno con The Mob Doctor tiene que pasar por alto dos cosas: en primer lugar, su realización pastelera, guarrilla, muy poco hecha y muy poco cuidada y, con todo ello, bastante cutre. Y segundo, un guion con unos diálogos que echan para atrás, y un retrato inicial de la protagonista, la doctora Devlin (Spiro fue coprotagonista en la primera temporada de la cachondérrima Harry’s Law), que es completamente de agachar la cabeza e irse silbando para otro lado. ¿Por qué? Porque no siempre funciona presentar a un rol principal con el toque badass, es decir, malota. Malote puede ser Hugh Larie, porque le dan líneas de malote y el tío sabe hacer. Pero Jordana Spiro necesita clases de interpretación y cuando camina soltando frases monosilábicas en plan “oh yeah” y mueve la melena al aire, nosotros tenemos, porque nuestra sinapsis nos lo dicta, que bajar la cabeza.

Ser una líder femenina con poder les funciona a unas (Christine Baransky en The Good Wife) pero no a otras, como Kerry Washington en Scandal, cuyo carácter patea-culos es igual de ineficaz que el de Grace Devlin. Sin embargo, la buena noticia es que para el final del episodio se le bajan los humos, pero el daño está hecho y no nos podemos olvidar de cómo nos presentan al personaje: sacando un destornillador de la cabeza de un tipo con una seguridad y un engreimiento todo marroneros y a lo polichoni de Barakaldo.

Pero, con todo, el origen problemático de la prota es uno de los factores que realzan el resultado de este aceptable capítulo piloto. Grace podría ser perfectamente una Fiona Gallagher (Emmy Rossum) a la que la vida le dio mejores oportunidades, pues precisamente comparte con la versión americana de Shameless ciudad –la increíble Chicago– y barriada, es decir, la zona Sur, esa que tan bien nos retratan desde Showtime con el tren pasando de lado, las casitas decadentes y las familias desesperanzadas pero unidas en lo malo: es la familia, descubrimos a lo largo del episodio, lo que mueve a la doctora Devlin a tomar sus descuidadas y peligrosas decisiones, que parecen irracionales, estúpidas y apresuradas, y quizá precisamente sean eso.

Por un lado, se entrega a trabajar para el mafias Moretti con la intención de pagar la deuda de su hermano. Es una heroína, una salvadora. Y, por otra parte, bordea el límite de la legalidad para ayudar a su paciente, una chavalita embarazada de su barrio. Su barrio —barrio— que, en su caso, es una extensión natural de su familia sanguínea. Es, también, una protectora. Lo tiene todo, mala suerte que no esté soltera.

Y es que de The Mob Doctor, que podemos traducir como La Doctora de la Mafia, hay que destacar que va más allá del esquema de una serie de médicos. No se queda ahí. The Mob Doctor es una serie de médicos, sí, pero ofrece algo más. Lo adivinamos, un poquito, al ver su piloto, y ver que le interesa más la suciedad de la calle y el drama familiar que resulta ser, en fin, centro del conflicto. Es sólo el principio, pero las intrigas se adivinan como el pan de cada día y puede ser realmente interesante cómo la protagonista y su entorno hacen frente a las consecuencias de las acciones que realiza Grace en el tercio final del episodio (fantástico), que marcará –seguro– el resto. Y las demás preguntas que se nos plantean son igual de prometedoras: ¿descubrirá su madre y su hermano qué hace al margen de ellos y de la ley? ¿Cómo tomará revancha Flanigan de su médico residente tocaballs?

Tras ver el episodio, que mantiene nuestro interés en sus cuarenta minutos, yo me quedo con dos cosas. Una muy buena, que es la conversación sobre Star Wars y la Estrella de la Muerte, marcando un símil brutal con las partes íntimas de la paciente adolescente, vecina de la prota de toda la vida.

El otro elemento que me marcó en cuerpo y alma es el diálogo más estúpido que he escuchado en mucho tiempo. El personaje de Gilford, que ya hizo de médico en –la infravalorada– Off the Map, y al que todos queremos por Friday Night Lights, le espeta a Jordana Spiro que lo que ha hecho, que es mentir al padre de una paciente, es ilegal. Y ella, tan pancha, le responde: menos mal que no somos abogados. Y se pira (agitando la melena rubia). Así zanja la discusión. Y bueno, por favor. Vaya basura de guion es eso. Vaya basura. Pero gorda. ¿En serio? Dan ganas de lanzar el mando a la pantalla de la tele al oír esa mamarrachada. The Mob Doctor ha sido un fracaso de audiencia. Yo creo que es por eso. Ese intercambio tan sinsorgo de frases es destructor de mundos. ¡Eso es ilegal! ¡Menos mal que no somos abogados! ¡Vete a freír espárragos y que te quiten la maldita licenciatura, chavala!

The Mob Doctor juguetea con una idea redonda, pero el problema es la ejecución. Ni la puesta en escena atrae, ni los actores, y hay apartados del guion –diálogos, personajes– que son de bochorno completo y total. La parte final engancha, y la serie puede dar mucho de sí, ¿pero con qué calidad? Es buena idea seguirle el rollo un par de episodios más, ver adónde nos lleva, ver qué hace, porque esto, que es flojo, puede ser un culebrón de aúpa y todo un placer televisivo.

  • Lo mejor: Lo interesante de la idea. La metáfora de la Estrella de la Muerte mola mucho, y el final deja con ganas de más.
  • Lo peor: A pesar de su prometedor guion, que es novedoso y original –adapta, sin embargo, una novela italiana,– muchos de sus diálogos son pura caca de vaca (exportada de Murcia). Rozan con una facilidad asombrosa lo ridículo y lo vergonzante; hemos puesto antes un ejemplo, pero revisionando el episodio podríamos anotar otros tantos más. Por suerte, no resiente tanto el resultado final, aunque sí que le quita mucho de su potencial. Los actores están faltos de energía, y Zeljko Ivanek, que siempre motiva, no motiva tanto como deseásemos.


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