Pilotos de otoño: Selfie

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ABC presentó en los pasados upfronts una nueva sitcom cuya premisa sonaba muy interesante. Selfie pretendía ser una versión actualizada de la oscarizada My fair lady, que a su vez se inspiró del Pigmalión de George Bernard Shaw. La idea inicial era realmente atractiva porque se trataba de llevar el argumento universal de Pigmalión que ya describió Ovidio en su relato original y trasladarlo a nuestros días para incorporarle todo el tema tecnológico y de redes sociales con el que tantos espectadores pueden verse reflejados. Por lo tanto, el punto de partida ya era cuanto menos sugestivo porque se enfocaba la serie como una redefinición del clásico con moraleja incluida para todos aquellos insta-adictos y sus demás derivados virtuales. Aún así, y aunque es pronto para poder juzgar con claridad, después de ver el piloto no podríamos decir que estemos ante una serie que esté a la altura de calidad que su premisa prometía. Pero si todo pintaba tan bien, ¿cuál es el problema en Selfie?

El principal problema de Selfie es que por su condición de sitcom acaba desdibujando el conflicto y volviéndolo demasiado banal. Además, creo que la aproximación al concepto de ‘creador’ que presentó Ovidio tratado desde el punto de vista cómico no es acertado porque la obliga a mantener un objetivo transversal para toda la serie y no pienso que, de la manera en que está tratado, pueda aguantar muchos capítulos. El piloto nos presenta a Eliza (referencia directa a Pigmalión y My Fair Lady), adicta a las redes sociales y su móvil. El detonante para introducirnos a Henry Higgs, el gurú del marketing, es la vergüenza pública que pasa nuestra protagonista tras un incidente escatológico en un avión delante de todos sus compañeros de trabajo y, por supuesto, ser expuesta en todas y cada una de las redes sociales. Parece ser que este acto atroz (modo ironía on) la supera y le destroza la vida, porque a partir de ahí decide cambiar su vida y pasar de los amigos digitales a los de carne y hueso. Es entonces cuando acude a Henry, su antagonista. ¿En serio? ¿Tan grave es este suceso como para querer cambiar toda su vida? Parece ser que así lo piensan en la serie creada por Emily Kapnek, artífice también de la cancelada Suburgatory. Pero nosotros podemos ver desde el principio que la situación no es tan mala como la pinta. Puede que en el mundo digital en que vivimos sea muy importante mantener nuestro estatus impecable, pero bien sabemos que todo se puede superar. Lo que se convierte en viral un día, nadie lo recuerda la semana siguiente. En serio Eliza, podrías haber esperado unos días y tu pequeño percance habría sido historia antigua, casi como la de Pigmalión.

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“La relación de ternura entre creador y criatura se acentúa en las historias en que el creador se enamora del ser artificial”, explican Jordi Balló y Xavier Pérez en su libro La semilla inmortal cuando hablan del argumento universal de Pigmalión. Y así lo vemos ya desde este primer episodio. Henry acabará enamorándose de Eliza, y seguramente todo llegará de una manera bastante chapucera y sacada de la manga como fue el deus ex machina que nos llevó al desenlace del piloto. Henry no tiene por qué ayudar a Eliza, pero aún así lo acaba haciendo en una escena totalmente rocambolesca con lluvia incluida. Tenemos entonces a protagonista y antagonista ya de un mismo lado.

El capítulo tiene varios gags interesantes, eso no podemos obviarlo. Hubo momentos en que me reí, tampoco voy a mentir. Sus alusiones constantes a la adicción que la mayoría tenemos a nuestros teléfonos móviles, redes sociales… y el afán por compartir cada segundo de nuestro día, nuestras comidas, pies en la playa etc, resultan graciosas por identificación. Sentimos empatía con Eliza porque todos nos hemos tomado alguna vez una selfie (siempre desde un ángulo picado) o hemos compartido esa comida cool tipo muffin de blueberry que tan apetitoso se veía (aunque después su sabor fuese horrendo) y lo hemos acompañado del hashtag #yummy o #pequeñasdeliciasparaalegrarmelatarde o cualquier otra combinación eterna de palabras que sonase súper elaborada. Pero toda esta euforia digital y los gags que de ella se derivan no podrán estirarse eternamente si la trama que los acompaña no es lo suficientemente potente. Aunque Henry y Eliza estén ya en el mismo barco, es bastante evidente que sus constantes choques tratarán de ir llenando de gags los siguientes capítulos. Esperemos que Henry no logre cambiarla demasiado rápido porque todo lo que tiene que ver con su adicción digital es lo más remarcable de la serie.

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Ya como tema personal, hay otro punto en contra y es mi animadversión hacia John Cho. Es cierto que en este piloto no ha estado tan mal como esperaba, pero su inexpresiva cara no logra transmitirme nada ya desde tiempos de Flashforward. Sé que estamos ante una sitcom, pero el personaje de Cho está estereotipado hasta el extremo y lo pintan como un solitario amargado que odia la tecnología, un autentico control freak.  Y como los polos opuestos se atraen,  el personaje de Eliza, interpretado por Karen Gillan, es todo lo contrario. Tiene puntos graciosos, pero a veces también roza la exageración. Es frívola y cínica, una auténtica estrella de Facebooks y compañía, pero con cero aptitudes sociales fuera de las redes. Fue un patito feo en su juventud, pero vio en las redes sociales la oportunidad perfecta para despuntar. La verdad, que los personajes más interesantes me han parecido las nerds del club del libro encabezadas por Bryn. Espero que veamos más de ellas en futuras entregas.

No tengo nada en contra de las comedias. De hecho, las amo,  y más concretamente las sitcoms. Además, me parece muy interesante que se trate de variar un argumento universal jugando con diferentes géneros y aproximaciones. Ahí radica la originalidad de una trama. La genialidad de la misma reside en su capacidad de adaptación de ideas ya contadas (porque amigos, como diría uno de nuestros grandes cantautores, no hemos inventado nada) a nuevos tiempos, contextos, géneros y personajes. Pero, lamentablemente, y siempre teniendo en cuenta que estamos tomando como referencia únicamente el piloto; no ha sido el caso de Selfie. Se ha banalizado tanto el conflicto que se ha convertido en lo que podría ser el argumento para una chick flick, pero que no creo que logre aguantar más de una temporada. Los por qué de Eliza para nada son lo suficientemente grandes para interesarnos a largo plazo, y nada tienen que ver con la apuesta personal de Henry Higgins en sus presuntamente obras homónimas predecesoras.

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¿Habéis visto el capítulo? ¿Creéis que me equivoco o soy muy tajante? Espero comentarios y, ya que me gustan las sorpresas, sobre todo espero que el siguiente capítulo me sorprenda y logre hacer que me retracte con mis palabras.


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4 comentarios

  1. yshaarj

    Antes se les acabaron las ideas a hollywood (peliculas)
    Ahora se les acaba a los que hacen series
    Menos mal que en el mundo gamer aun hay juegos con buena historia, y lo mas importante, historias mas largas e interactivas

  2. Yo me he visto el piloto unas 3 veces y no sé de qué va la serie. No sé de qué va ni me interesa, sólo quiero tener a Karen Gillan en mi pantalla todo el tiempo que sea posible. Y así llegue a ser la peor serie de la historia, me la veré hasta el último capítulo que hagan. Por esa perfección escocesa llamada Karen Gillan.

    • kmj

      No tan exagerado, pero si, si no estuviera Karen Gilligan ni la hubiera empezado.
      Lo mismo me ha pasado con Manhattan Love Story, sino fuera por la protagonista no perderia 20 minutosde mi vida en ella.

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