Pilotos de otoño: Revolution

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No es lo mismo que te presenten como el tipo que lanzó a volar el avión de Lost, que lo hagan como el tipo que ideó Undercovers. No es lo mismo. No es lo mismo que en el tráiler de presentación de una película diga “del director de Elf” que “del director de Iron Man”. No es lo mismo. Y no es lo mismo que en tu currículum ponga que eres el creador de una serie de Tarzán (The WB, 2003) que duró ocho telediarios a que diga que eres el creador de Supernatural, que también durará ocho, pero temporadas. No es lo mismo. Con la incertidumbre de saber de qué lado caería la moneda esta vez, más el cartel impuesto de “heredera de Lost”, J.J. Abrams, Jon Favreau y Eric Kripke presentaron Revolution en NBC, la cadena con peor puntería para los dramas de los últimos años. ¿Habrán dado en el clavo esta vez?

Ficha

  • Título: Revolution
  • Género: Drama
  • Cadena: NBC
  • Fecha de estreno: 17 de septiembre
  • Creador: Eric Kripke

Revolution se sitúa en un atrevido y arriesgado escenario post apocalíptico. Algo, no sabemos el qué, apagó de un día para otro todas las fuentes de energía conocidas por el ser humano. Los móviles se quedaron sin batería, los aviones cayeron del cielo, las bombillas dejaron de iluminar e incluso los Mac se apagaron. La noche del blackout, como se conoce a ese fenómeno -y que nos trae a la memoria la extinta y fugaz FlashForward-, el mundo entero cambió para siempre. Revolution salta entonces quince años hacia el futuro, donde grupos de humanos se organizan en pequeños poblados y sobreviven como sus antepasados, de la tierra, el agua y los animales. Una existencia aparentemente tranquila que se tambalea cuando entra en escena Gus Fring el Capitán Neville (Giancarlo Esposito), que lidera a una banda de milicianos armados que llegan al poblado con la intención de llevarse a Ben Matheson, al que conocemos en la escena inicial de la serie y que sabe más del apagón de lo que le ha contado a nadie. Tras una disputa, Ben acaba con un disparo en el pecho, su hijo Danny (Graham Rogers) secuestrado por los malos y su hija Charlie (Tracy Spiridakos) en busca de su tío Miles (Billy Burke), al que también persiguen y que posee información “sobre el día D”. A Charlie la acompañan Maggie (Anna Lise Phillips), una doctora que estaba amenizando las noches de Ben, y Aaron (Zak Orth), un ex empleado millonario de Google que tiene miedo a prácticamente todo lo que se mueve y al que Ben, en un alarde de inteligencia, le entregó una llave USB que se presenta como vital para desencallar la ausencia de energía.

Vaya por delante que Revolution no es tan mala como apuntaban algunas reviews. No me pareció tan mala como Alcatraz, por citar el último traspiés de Abrams. Y desde luego es mejor que Terra Nova. Es más, Revolution entretiene, porque si algo saben hacer Abrams y Favreau es eso, entretener. Claro que, si hablamos del piloto de una serie, no basta con eso. De hecho, ese balance es demasiado pobre para una serie que quiere conquistar a la audiencia en 42 minutos. ¿Otro punto positivo? Favreau y Kripke, con la innegable mano de Abrams detrás, consiguen que nos preocupemos por el destino de los personajes a pesar de que los hayamos conocido cinco minutos antes. Otro tema muy distinto es que esos personajes tengan la profundidad que exigimos a nuestras series favoritas y, lo más importante, que actúen de una forma coherente a las situaciones con las que se encuentran. Y ahí Revolution se pega el piñazo padre.

Para empezar, Revolution es víctima de su campaña de marketing. Su tráiler de lanzamiento, el que vimos en los upfronts 2012 de cuatro minutos de duración, es como ver el episodio piloto a cámara rápida. Salvo la escena final, con el ordenador de la posguerra y esa estampa tan lostiana, todo lo demás ya lo habíamos visto. Sabíamos que Ben moría, que secuestraban a Danny, que Charlie iba en su ayuda, que se encontraba con un joven que luego la traicionaría (¡incluso vimos su marca en el brazo!) y que acabaría encontrando a su tío, un D’Artagnan moderno que mantiene un idilio con la bebida. Si algo no salía en esa promo, es porque no interesaba. Así que, más que debatir sobre las sorpresas del episodio piloto, que son nulas, deberíamos mandar el debate a otra mesa: ¿merece la pena hipotecar el capítulo de presentación a costa de la promo de presentación? Yo creo que no, pero tal vez si no hubiera visto aquella promo, hoy no estaría aquí.

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¿Cuál es el principal problema de la serie? En mi opinión, las decisiones que toman los personajes no son lógicas y las situaciones que se dan son poco creíbles. ¿Cuántos de nosotros reconoceríamos ser alguien al que busca una banda de matones armados hasta los dientes? Yo no, desde luego, y menos si esa banda la capitanea el Pollo Hermano. Y en una ciudad como Chicago, aunque queden cuatro gatos, ¿cuántas posibilidades hay de entrar en un bar, preguntar por alguien y que ese alguien sea la persona con la que hablas? ¿No se han acabado las balas en 15 años? ¿Y qué opciones hay de que el malo que secuestra a Danny pase por casa de una de las pocas personas del mundo (eso parece) que tiene una fuente de energía? Son situaciones forzadas que le restan credibilidad al piloto y que se podrían haber gestionado de una forma distinta. De una forma mejor. Tampoco los personajes son una innovación en el mundo de las series post apocalípticas: está la adolescente soñadora y guerrera (inspiradísima en Katniss de Los Juegos del Hambre), Charlie; está el tío rebelde que es una máquina de matar, Miles; está el torpe que se embarca en la aventura para ser torpe y tratar de hacer gracia (no lo consigue en el piloto), Aaron; está el malo maloso implacable que tiene únicamente por encima al Final Boss, Neville; y está el malo-bueno, Nate, que es ese arquero con el que Charlie claramente tendrá una relación sentimental que no queremos ver.

Revolution no es la serie oscura y cruel que se supone de un mundo donde sólo sobreviven los más fuertes, los mejor equipados o los menos escrupulosos, es una aventura sobre la reunificación familiar. Ni siquiera parece que vayamos a prestar demasiada atención -teniendo en cuenta la escasez de flashbacks– al por qué del apagón y a esos meses posteriores en los que el mundo tuvo que reinventarse. Si aceptamos Revolution como tal, es posible que lleguemos a disfrutarla. Eso sí, hay que aceptar que no es lo mismo ser la nueva Lost, que ser la nueva The Event. No es lo mismo.

  • Lo mejor: Giancarlo Esposito; el personaje de Maggie, que es algo más que la madre circunstancial de Charlie y la novia del héroe caído; y la factura técnica, fantástica.
  • Lo peor: Previsible. Y las reacciones de algunos personajes son exasperantemente absurdas.


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