Pilotos de Otoño: Person of Interest

Me atrevería a decir que prácticamente todos los que añoramos Lost de una forma u otra, nos apuntamos Person of Interest en la lista de series a tener en cuenta en esta nueva temporada. ¿El motivo? Que el personaje principal está interpretado por el enorme Michael Emerson, anteriormente conocido como Benjamin Linus. En mi caso había un segundo aliciente: Jim Caviezel, uno de los ídolos de mi adolescencia. Con todo, estaba ansiosa por hincarle el diente a la nueva serie de la CBS y, aunque no ha sido para tirar cohetes, el piloto es correcto y, lo más importante, nos presenta una serie con posibilidades.

¿De qué va Person of Interest? Finch (Michael Emerson), un multimillonario y John Reese (Jim Caviezel), un ex-agente de la CIA al que todos dan por muerto, se alían para prevenir el crímen en Nueva York, una ciudad donde cada 18 horas se produce un asesinato. Para ello, cuentan con la ayuda de un sistema de vigilancia gubernamental, creado por el propio Finch, al que acceden de forma ilegal. Una especie de Gran Hermano que todo lo ve y que clasifica a las personas, a través de sus números de la seguridad social, en dos grupos: relevantes e irrelevantes. Son estos últimos los que interesan a los protagonistas: aquellas personas que la máquina selecciona y después deshecha porque no ponen en riesgo a la sociedad pero que pueden verse involucradas, de alguna forma, en un crimen a pequeña escala. Impedir que estos crímenes se produzcan es la misión de Finch y Reese.

La estructura de los capítulos se ve de forma clara en el piloto. Dos tramas diferenciadas: Por un lado, cada semana veremos un crimen que Finch y Reese tratarán de impedir. En este sentido, la estructura es muy parecida a la de los procedimentales tipo CSI, con una historia que empieza y acaba en el mismo episodio. Por otro lado, y aquí está la gracia, la trama de continuidad se basará en descubrir qué circunstancias y vivencias de su pasado han llevado a Finch y Reese hasta dónde están. Datos que vamos conociendo a través de flashbacks y conversaciones.

En el piloto, el crimen que tratan de impedir es uno en el que Diane Hansen (Natalia Zea), una guapa e intrépida asistente del fiscal en quién la máquina ha puesto su atención, va a verse envuelta. Ambos dan por sentado que será la víctima pero ¡Oh, sorpresa! Resulta ser el verdugo. Hansen resulta ser la cabecilla de una banda de policías corruptos que roban drogas de futuras operaciones policiales, matan a los testigos y hacen cargar con las culpas a criminales a los que tienen acceso. Típico, la verdad es que esta historia es un pelín insípida. Cierto es que la ejecución está bastante lograda: Tiene ritmo, acción, crea picos de tensión en los momentos oportunos y te convence de una tesis antes de hacer un giro de guión más o menos inesperado. Es una lástima que esta sea la trama que se lleva más minutos porque lo realmente interesante es la historia de Finch y Reese.

¿Qué nos dice el piloto de ellos? De John Reese sabemos que, por algún motivo, ha acabado viviendo en la calle, que es capaz de tumbar a cuatro niñatos con pretensiones sin despeinarse, que sus huellas aparecen en media docena de crímenes y que sobre él pesa una orden de busca y captura en cuatro países diferentes. El primer encuentro con Finch nos da más datos. Elegante y enigmático, el mutimillonario parece saberlo todo de John Reese: Un hombre al que el mundo da por muerto, que en su vida pasada trabajaba para el gobierno y que sus tareas le causaron dudas más de una vez. Sabe, también, que arrastra un terrible sentimiento de culpa por no haber podido evitar el asesinato de su novia, Jessica. Tanto es así, que Reese ha intentado quitarse la vida en varias ocasiones. Finch juega con ese sentimiento de culpa para convencer a John Reese de unirse a su cruzada contra el crimen, presentándole a Diane Hansen como la mujer a la que sí podrá salvar a tiempo. Primer dato sobre Finch, sabe cómo manipular a las personas.

Finch es un hombre muy celoso de su intimidad, tiene acceso a prácticamente toda la información del mundo y, además, cuenta con recursos para obrar a sus anchas. El multimillonario es capaz de localizar el hotel donde se hospeda Reese, atarlo a la cama y hacerle pensar que se está cometiendo un asesinato en la habitación de al lado, en cuestión de horas. En resumen, es un hombre poderoso. Sabemos también que el gobierno le encargó el diseño de la máquina de vigilancia tras el 11-S para evitar una masacre parecida. Con lo que Finch no contaba es que, igual que puede ver cómo se urden los grandes atentados, puede observar cómo se planean miles de crímenes a pequeña escala sin poder hacer nada al respecto. He aquí el primer punto en común de los protagonistas: el sentimiento de culpa, la lista de irrelevantes es lo que carcome a Finch. Al final del piloto salen a la luz más coincidencias: Finch también ha perdido a alguien y, no sabemos porqué, el mundo también piensa que ha muerto.

Por otro lado, durante el episodio podemos intuir otras semejanzas. Reese guarda un enorme rencor hacia gobierno y el hecho de que el multimillonario decidiera guardarse un acceso al sistema de vigilancia, por si acaso, indica un cierto recelo (aunque también es posible que se trate de una simple ambición de poder). Resulta curioso, también, que el día al que nos envían los flashbacks de John durante el episodio sea, precisamente, el 11 de septiembre de 2001, el día de los atentados por los que se creó el sistema de vigilancia. Vale, quizá esto último no tiene ninguna relevancia y sólo estoy poseída por el espíritu de Benjamin Linus.

A parte de los protagonistas, el piloto nos presenta otros dos personajes. Por un lado, la inspectora Carter (Taraji P. Henson) que está decidida a averiguar quién es John Reese y por otro, el detective Fusco (Kevin Chapman), uno de los policías corruptos que, al final del episodio, empieza a trabajar para Reese y Finch.

En mi opinión, el gran error de Person of Interest es construir una historia en torno al manido tema de luchar contra el crimen aunque sea de forma poco ortodoxa. El personaje de John Reese desprende un aroma a héroe rebelde porque el mundo lo ha hecho así, desafiante pero tremendamente eficaz, que no me cautiva. El diálogo que mantiene con Fusco en el coche de camino a Oyster Bay con sentencias del tipo “voy a perdonarte la vida porque la lealtad es una cualidad que valoro en un hombre”, es perfectamente atribuible a cualquier malote de pacotilla.

La mejor baza de la serie es, sin duda, Finch, la razón principal por la que quiero ver el próximo episodio. Un personaje que, dicho sea de paso, en ocasiones me ha recordado mucho a Benjamin Linus (Lo sé exactamente todo sobre usted, Mr. Reese / Nunca voy a mentirte). La cuestión ahora es: ¿Finch es bueno o malo? ¿Es tan sencillo como ser el bueno o el malo? Realmente el sentimiento de culpa es lo único que le mueve, ¿o hay algo más? Jugar con la ambigüedad y el misterio del personaje puede darnos grandes momentos.

De momento, me la apunto en la agenda. ¿Qué decís vosotros?


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