Pilotos de Midseason: The Following

Cartel de presentación de la serie

Resulta que ha empezado una serie nueva que se llama “The Following”. Lo digo con cierto distanciamiento, lo advierto, porque me he tomado el visionado de su capítulo piloto exactamente así. No he investigado nada, no sé quién lo dirige y me he enterado de quiénes son los protagonistas a medida que han ido apareciendo por la pantalla. ¿Por qué? Del mismo modo en que cuando conoces a una persona te empieza a atraer sin saber casi nada de ella, igual creo que hay que hacer con una serie. Sin condicionamientos, sin hipsterismo malentendido, a pecho descubierto. ¿De qué otra forma podría daros mi opinión con cierto criterio?

Hay cosas innegables. Por ejemplo, que el dinero se huele. Hasta en las series. Es evidente que la apuesta parece importante porque la factura visual que presenta The Following es ciertamente interesante. Es igualmente obvio que el reparto de actores tiene peso: Kevin Bacon (sobran presentaciones), James Purefoy (al que yo, honestamente, no conocía), Maggie Grace (Shannon, en Lost), Natalie Zea (la mujer de Raylan en Justified) o Shawn Ashmore (el tipo helado de X-Men). Está bien, la fachada es buena, es elegante y guapa. Pero, ¿y cuando abre la boca? ¿Y cuando empieza a hablar? ¿Enamora? Como siempre, dependerá de ti.

La serie empieza fuerte, sin rodeos. Es lógico, es un piloto y hay que enganchar a las primeras de cambio. El problema es que prácticamente se ha desnudado en la primera cita. Eso siempre tiene público, claro. Pero vamos con el argumento y todas las sorpresas (?) que nos trae en 44 minutos.

Hay un señor muy malo (James Purefoy) que, además de personificar en un solo cuerpo la sensualidad, la inteligencia y la seducción, tiene el pequeño defecto de que es un poco asesino. ¿Cuál es su superpoder? Básicamente, lo que parece que va a ser el eje de la serie y que hace honor a su título: es capaz de dominar las mentes ajenas con una facilidad que para sí quisieran los vampiritos de Crepúsculo.

Y si hay uno muy malo, tiene que haber uno muy bueno. El policía. Pero, oh albricias del guión, viene con la tara del alcohol, del pasado complicado y del “yo-trabajo-mejor-solo-porque-los-demás-sois-meros-estorbos”. ¿El superpoder? El conocimiento extremo que tiene de su némesis. Porque de nuevo, en un giro inesperado, el asesino le ha marcado durante toda su vida profesional. Kevin Bacon fue el único capaz de detenerle cuando estaba apunto de acabar su obra artística: acabar con 15 chicas en un ataque romántico inspirado en la alegre literatura de Edgar Allan Poe. Pero en esa captura acabó la carrera del policía, herido en su corazón y obsesionado en su cabeza.

Aquí faltan un par de elementos para configurar una sin par serie de policía y asesino. No os preocupéis, que a los 10 primeros minutos los tenéis. Purefoy escapa y vuelve a las andadas para que el FBI despierte de una borrachera al único agente del mundo que podría leer sus pistas y volver a encerrarle. El otro elemento es, claro, el amor. Y éste viene dado por Natalie Zea, la ex mujer del malote, con lo que se avecina un simpático triángulo de confidencias y partidas de Trivial.

Lo único que creo que puede salvar a la serie de una sucesión de situaciones ya trilladas es el hecho de que el asesino puede manipular con suma facilidad a casi cualquiera que se le ponga por delante. El problema es que ya en este episodio piloto ha parecido un tanto ridículo y, a veces, poco creíble este recurso. O se utiliza bien, o esto va a ser una fiesta de “agentes dobles”.

Y hasta aquí puedo (y quiero) leer. Lo demás, amigos, viene por vuestra cuenta. Si me preguntáis mi opinión, no os voy a engañar: a mí ni me ha gustado la serie ni la voy a seguir. Los motivos creo que han quedado bastante claros, pues en un capítulo piloto en el que pasan tantas cosas y casi no da tiempo a hacer la digestión de una sorpresa cuando ya estás en la siguiente, poco creo que me vaya a ofrecer en los siguientes que no haya visto ya. Por un lado no tenemos pausa ni reflexión, y por el otro estamos colmados de estereotipos.

Lo sé, los hay a quienes les gustan las que se desnudan en la primera cita y son resultonas por fuera. Yo no soy de esos. Al menos en las series. Unfollow.


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