Pilotos de midseason: American Crime

FELICITY HUFFMAN, TIMOTHY HUTTON

Todo va muy rápido en American Crime. Más rápido de lo que uno espera, o al menos más rápido de lo que yo esperaba. Piloto veloz, cero rodeos, para una serie corta (temporada de 11 episodios en formato anthology, que si te suena a chino te lo aclaro después del salto) que capitanean Felicity Huffman y Timothy Hutton y que, también en un alarde de rapidez, Movistar Series presentó en Madrid el miércoles pasado y emitirá con tan solo 24 horas de diferencia respecto a ABC, la cadena que la programa en USA. Lo que nace de un crimen prosigue con varios sospechosos, y apunta a tensiones raciales, a drogas, a una radiografía social con una factura técnica que no huele a network, sino a cable. ¿Le damos una oportunidad?

“Es el tráiler que mejores vibraciones nos ha transmitido”, decía Martínez en los pasados upfront, y es que una de las mejores cosas que se puede decir de la serie de ABC… es que no parece de ABC. Sí, ya sé que estos tipos son los que trajeron Lost, y muchas otras buenas series, pero American Crime se aleja, al menos por el tono y el estilo visual de su piloto, de lo que uno asocia con la alphabet network.

La trama arranca con la muerte de un joven, Matt Skokie, asesinado en su propia casa. Su esposa, gravemente herida, es hospitalizada mientras los padres de ambos llegan a Modesto, la ciudad californiana donde residen. La policía actúa rápido y en seguida se señalan sospechosos y se realizan detenciones. Los potenciales culpables llevan escritas en la frente algunas palabras, como “hispano” o “drogadicto”. No son detenidos estrictamente por eso, pero todo apunta a que la serie jugará con esos factores para darle vueltas a cuestiones sociales, con la investigación en sí posiblemente en un segundo plano.

Los conflictos también enfrentan a los padres de las víctimas, y no solo entre ambas parejas, que discuten ya en el piloto por el trato mediático del asesinato: la madre de Matt (una Felicity Huffman en el papel de mujer de piedra) quiere conceder una entrevista para darle resonancia al asunto, mientras que sus consuegros no terminan de ver la conveniencia de hablar públicamente de ello. También hay tensiones entre los propios padres de Matt, que comparten un pasado bastante turbulento.

Como veis, la historia no es un prodigio de originalidad, pero la serie aprovecha esa base para poner en juego algunos personajes prometedores. Me gustó especialmente la pareja de drogadictos, ella tan blanca y él tan negro, tan fascinados por su contraste que no pueden evitar coleccionar recortes de revistas donde aparezcan otras parejas interraciales, como si estuvieran necesitados de confirmar que no son los únicos locos. Cuesta decir a qué están más enganchados, si el uno al otro, o cada uno de ellos a la droga, o ambos a la idea de proveer para el otro; o si, en realidad, no se tienen más que como excusa para drogarse, un compañero de viaje. Están tan aislados del mundo que será interesante verlos a partir del forzoso aterrizaje que supone su detención. También el núcleo familiar de los Gutierrez, con el padre y su hijo a la cabeza, promete bastante, en este caso por el trabajo de los actores.

La verdad es que una vez visto el piloto, y su ya mencionada rapidez, que incluye detenciones aunque no culpables, uno se pregunta a qué dedicar los diez episodios restantes. Y la respuesta es esa radiografía social que comentábamos al principio. Puede ser una gran serie si no recurre a las moralinas y a los estereotipos. Si las cosas funcionan, habrá segunda temporada, pero será con otros protagonistas y otra trama, que para eso es una anthology series. Y con esta definición que os había prometido en la entradilla, damas y caballeros, me despido a más ver.


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