Personajes de drama (III)

No hay dos sin tres, así que volvemos a la carga en nuestra sección de Personajes de drama para poner encima de la mesa tres nombres que jamás antes se habían juntado. Un curioso triángulo con un adolescente suburbial, a caballo entre los años 60 y 70, en una punta; con una abogada implacable cuyos fines siempre justifican cualquier medio en otra; y cerrando el polígono, otro letrado, uno que lo justifica todo siempre con dinero (bueno, y con fetiches) y que usa toneladas de comedia para tapar el drama. Kevin Arnold, Patty Hewes, Richard Fish. Menudos tres…

Kevin Arnold, Aquellos maravillosos años

Música, por favor. Ni tú ni yo habríamos dado un duro por un personaje llamado Kevin Arnold, estoy seguro. Es un nombre totalmente anodino, huele a suburbio. De hecho lo es, aunque nunca se supo de cuál porque nunca se dijo en la serie. Kevin Arnold era quizá anodino, posiblemente no tenía nada especial, sin duda era un adolescente medio. Pero éramos todos, ahí está la gracia. Todos teníamos una Winnie Cooper, viviese o no al lado; todos teníamos una chaqueta predilecta que jamás jubilábamos, fuese o no de los Jets; todos luchábamos por no hundirnos en la red social del instituto al lado de un mejor amigo, fuese o no Paul Pfeiffer. Kevin Arnold tenía un hermano mayor coñazo, una hermana ausente y unos padres alejados de la perfección. Kevin Arnold sufría lo indecible antes de llamar a esa chica por teléfono, porque esa chica le podía decir que no. ¿Te suena? Sí, Kevin éramos todos… Quizá nuestras chicas no se llamaban Lisa Berlini ni Becky Slater, ni nuestros máximos enemigos Kirk McCray o Eddie Pinetti, pero las historias eran, en el fondo, las mismas. Al benjamín de los Arnold le añadía parte de la personalidad su yo del futuro, al más puro estilo Ted Mosby, con una voz en off que ponía en contexto muchas de las cosas que pasaban. Recuerdo con especial nitidez el episodio Coda (2×07), en que nuestro protagonista abandonaba sus clases de piano rendido ante la superioridad del repelente Ronald Hirschmuller (¡malditos sean todos los Ronald Hirschmuller del mundo!), y solo al final descubríamos el arrepentimiento del adulto Kevin. Un personaje fabulosamente tallado, con el puntito extra que suponía la voz de Armando Carreras en el doblaje castellano. Su alter ego, Fred Savage, estuvo nominado dos veces al Emmy al mejor protagonista de comedia (sí, la serie entraba como sitcom), cayendo en 1989 (primera temporada de la serie) contra Richard Mulligan (Nido vacío) y en 1990 contra Ted Danson (Cheers). Dentro de un año la serie cumplirá un cuarto de siglo y seguimos sin DVD. Otros tiempos, otras series… y otras televisiones: lunes, a las 21.15, en La2.

Patty Hewes, Damages

Chas. Patty Hewes te ha mirado. Seguro, 100% seguro, que además de mirarte te ha visto. Y quizá, solo quizá, te ha puesto entre sus objetivos. Si es así, date por muerto. Patty Hewes no es asesina, es solo abogada, pero no es una abogada cualquiera. Es el corazón de Damages, es donde reside la grandeza de la serie. La culpa, básicamente, es de Glenn Close… Como espectador parcial de la serie (solo he visto dos temporadas) tengo que reconocer que carezco de una visión global del personaje, pero aún así la Hewes está en el Olimpo de los Dioses porque pocos personajes existen tan complejos como ella, tan bien interpretados y tan identificables como el motor de una serie. Casi todo Damages pasa por el tamiz de esta señora de mediana edad que necesita tener el control absoluto de su entorno y más allá, y que lo consigue en muchas ocasiones. La relación con su hijo Michael es digna de spin off, así como la gran batalla psicológica (y no solo psicológica) que sostiene con Ellen Parsons, otro gran personaje. Manipuladora, implacable, feroz, inteligentísima, así es Patty Hewes, alguien que posiblemente debería provocarnos urticaria. ¿Lo hace? A mí no…

Richard Fish, Ally McBeal

Es imposible que exista un bufete como Cage & Fish, obviamente. Pero desde luego que las motivaciones de Richard Fish son reales como la vida misma: dinero, dinero y dinero. Lo único que impulsa a Richard Fish en su carrera como letrado son los billetes de dólar. Yo lo planteo así, con una frase sencilla e incluso poco brillante; él lo adornaría con alguna parábola de lo más ingenioso y tendríamos uno de sus adorables (léase con sorna) aforismos, esas máximas vitales que tan a menudo revolvían las entrañas de lo políticamente correcto. Fish era materialista, inadecuadamente sincero, fetichista de manual; una auténtica joya, seguramente convertido en persona normal por puro contraste. En ese sentido, asociarse con el inclasificable John Bizcochito Cage supuso un movimiento acertadísimo, y no solo por la extraordinaria habilidad del rizoso para ganar casos complicados… El bueno de Richard solo antepondría una cosa al dinero, y son las papadas. Su pasión por los buches le llevaba a idolatrar a Janet Reno, la Fiscal General, aunque tiene que conformarse con la jueza Whipper Cone. Será su otra gran relación, junto con la que mantiene con Ling. Fish es un personaje evasivo, al que cuesta ver más allá de sus frases y sus salidas de tono. Pero no deja de ser transparente, y en más de una ocasión confiesa que parte de su carácter es, precisamente, pura evasión. Resume tan bien como la propia Ally, o incluso mejor, la mezcla de comedia y drama que es la vida.


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