Nuestro nuevo paciente: In treatment

¿Alguien me escucha? ¡Por favor, ayuda! Dios, esta situación ya se hace inaguantable, no puedo seguir así, mi vida se derrumba. Bueno, no, no tengo vida, llevo encerrado en esta cárcel craneal mucho tiempo y ya se hace insostenible, y encima ese loco de Jax no me deja vivir tranquilo. Por favor, no le hagan caso, no se pasen a su bando y caigan en el lado del mal, yo soy el good guy de la historia. Me llamo Paul, y estoy aquí para traeros amor, pasteloso y baboso pero bonito, muy bonito. Sigan conmigo un ratito mientras le doy esquinazo a Jax y verán lo que tengo para ustedes…

Yo os presento a José Manuel Bustos, y él os presenta la penúltima maravilla de la televisión americana: In Treatment. ¡Aplausos!

Me gustan las series americanas. Adoro las series americanas. ¡Las amo! ¿Por qué? Pues no sé… A mí siempre me gusta decir que las cosas que te gustan, que adoras, lo haces involuntariamente. Uno no elige que le gusta, simplemente un día, en un momento, en un segundo, te das cuenta que adoras algo, que no puedes vivir sin esa cosa o persona. Por ejemplo, con la música pasa eso, un día te pasan un grupo cualquiera y a los 20 segundos sientes como algo dentro de ti te dice que esa es tu música. Con las series me pasó algo parecido hace ya unos pocos años. Cuando veo una serie busco pasar un buen rato por supuesto, pero busco más, busco sentir algo, sentirme identificado con algún personaje, sentirme identificado con algo de la historia… sentir que yo podría estar dentro de la propia serie e interactuar y vivir lo que veo en ella. Necesito series que me lleguen, que me hagan comerme el tarro, que me afloren sentimientos (si una serie consigue hacerte llorar, señores y señoras, eso es una serie) y en definitiva que me den todo lo que busco.

In Treatment me lo da, me ha hecho pensar, reflexionar, llorar, reír, he sentido miedo a esos silencios incómodos, a esas situaciones que nunca te gustaría vivir, me he sentido identificado con los personajes, con ciertas historias, me he alegrado con algunos momentos y me he sentido triste con otros.

Es un arma de doble filo esta serie, porque te toca la fibra sensible, para bien o para mal, y puedes pasarlo mal en algún momento porque de pronto te tocan un tema que te atañe personalmente en tu vida… ¿Pero no es eso bonito? ¿No es bonito sentarte o tumbarte a ver una serie, y ver como unos tipos son capaces de escribir y otros de interpretar algo que te llega, algo que te hace volar tu imaginación y escapar de la realidad? Yo os respondo, es bonito, precioso y maravilloso (¡ha quedado ñoño pero bonito!), y si todavía no habéis experimentado eso con una serie, dejad ya las comedias baratas, dejad Heroes y Kyle XY y ved series de calidad.

Y la grandeza de esta serie se puede apreciar todavía mas cuando te fijas en que está grabada con dos o tres cámaras, que cuenta prácticamente con 5 o 6 actores más alguno ocasional, que se graba prácticamente en dos escenarios que son una habitación y un porche… si con eso son capaces de crear esto, ¿qué harían si tuvieran una isla?

Un doctor, cinco sesiones...Un doctor, cinco sesiones…

La estructura de la serie como hemos dicho es muy sencilla: cada capítulo está centrado en la sesión de terapia entre el protagonista (Paul) y uno de sus pacientes.
Son cuatro pacientes: Laura (una joven que tiene un problema con sus relaciones afectivas, no es capaz de comprometerse y usa el sexo como forma de evitar tener que enfrentarse a ello); Alex (un piloto del ejercito que siente un gran grado de culpabilidad por haber aniquilado por error un lugar repleto de civiles, cosa que intentar esconder tras su gran egocentrismo); Jake y Amy (una pareja con problemas entre ellos, derivados de una infidelidad anterior que han acabado en unos celos y desconfianza terribles); y Sophie (una adolescente gimnasta que tiene problemas de identidad debido a la presión a la que es sometida y a sus traumas infantiles).

Por último, tenemos a Gina, la terapeuta de Paul.
En cada capítulo vamos viendo una de las sesiones en orden de cada personaje, y los 20 o 25 minutos de episodio son un continuo diálogo entre el protagonista del capítulo y Paul. Simplemente eso, pero como decían Rolling Stones: “It’s only rock and roll, but I like it“.

Es una serie con la que incluso aprenderéis cosas, si algo me ha hecho ver esta serie, es lo difícil y complicado de la vida de un loquero… todo el día viendo pacientes que te tiran su mierda a la cara para que la huelas, disecciones y analices buscando que ha comido que le ha sentado mal. Está claro que eso quema y mucho (aunque también he aprendido que cobran bastante dinero por sesión).

¿Qué más os puedo decir?
¿Qué los actores y actrices son abrumadoramente buenos?
¿Qué tiene los mejores y más inteligentes diálogos de toda la televisión?
¿Qué no le hace falta ni diálogos para que una escena sea lo más brutal que has visto en mucho tiempo?
Todo eso sobra, de verdad, lo sabéis, y si no lo sabéis es porque no lo habéis visto todavía. Como se suele decir en estos casos, paso ya de hablaros más y dejo que lo veáis por vosotros mismos, que sintáis, que oláis y que oigáis todo lo que os pueden ofrecer las terapias de Paul Weston.

Por mi parte, me voy a mi sillón favorito, con una copa de mi whisky favorito, un buen habano, y veré de nuevo el primer episodio de esta magnifica serie


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