Narcos supera a Narcos

Cuando a finales del pasado mes de Agosto Netflix nos dio acceso a los primeros cinco episodios de la tercera temporada antes de ser estrenada, ya comenté que esas primeras impresiones presagiaban lo mejor para esta nueva etapa. Y así ha sido.

La nueva Narcos ha superado con nota la losa de Pablo Escobar que pesaba sobre cualquier historia venidera que mostrase los años más convulsos que se vivieron en Colombia. Mi temor, e imagino que el de muchos, no estaba tanto en la excelente factura de la serie, en su dirección, en su argumento, en sus actores…sino más bien en que los creadores fueran capaces de parir otra historia distinta donde la figura de Pablo Escobar quedase sepultada por la fuerza de los nuevos acontecimientos.

Tras la muerte del narco más famoso de todos los tiempos, el cártel de Cali, ya sin competidor alguno, se extendió como una mancha de aceite por toda la sociedad colombiana. Suyos eran la mayoría de políticos, jueces, militares, policías, funcionarios, empresarios, banqueros, clubes deportivos…y un largo etcétera de gentes normales que complementaban su mísero sueldo con los regalos, prebendas y propinas que los de Cali esparcían como quien riega un jardín. Su puto jardín.

Este era su imperio, una multinacional del narcotráfico con cuentas en los bancos más prestigiosos de América y Europa que acabaron rendidos a los miles de millones depositados en sus cajas; y con empresas totalmente legales cuyos balances resultaban beneficiados por las ingentes cantidades de dinero aportadas por los narcotraficantes de Cali quienes utilizando a testaferros y gentes de su confianza controlaban toda su actividad desde la distancia con un único fin: el blanqueo de capitales.

Eso y la imperiosa necesidad de diversificar sus actividades “legales” marcando con ello una clara tendencia a dar el salto para convertirse en respetables empresarios y hombres de negocio y cuya expansión empresarial fue refrendada al aparecer en la famosa lista Fortune que aglutinaba a las corporaciones más poderosas del mundo.

Y con esta premisa precisamente arranca la nueva temporada de la mano de un narrador en éste caso, y sustituyendo al agente Murphy de la DEA de las dos primeras temporadas, su compañero Javier Peña. Él será quien nos guíe por esta nueva etapa alternando su interpretación con la voz en off donde las imágenes reales mientras narra, sacadas de los noticieros de la televisión de aquellos años, reforzaran el relato dándole un toque realista y de veracidad impresionantes.

Ese afán por convertirse en personas dignas y respetables hará que el jefe de Cali, Gilberto Rodríguez Orejuela, acuerde tácitamente con el gobierno colombiano el fin de sus actividades a cambio de inmunidad para ellos y sobre todo para sus negocios legales. Gilberto ha evolucionado y se ve a sí mismo perteneciente a otra clase social más elevada donde el lujo, la buena vida y sobre todo la tranquilidad se van imponiendo sobre otras cosas. Y eso de andar colocando bombas y matando a inocentes –que lo hizo– y eso de los tiroteos en las calles con centenares de muertos –que él mismo ordenó– quedan ahora en la trastienda de su memoria incluso de la propia historia de su país.

Y así de esta forma tan sencilla Gilberto reúne a sus socios, a Miguel, su hermano y auténtico jefe ejecutivo del cártel, a su ahijado Pacho Herrera, un psicópata impredecible que lleva las relaciones con el cártel de Juárez y cuya aparición en esta temporada será el preludio de la cuarta que vendrá. Y por último a su hombre de confianza en Nueva York, el violento Chepe Santacruz, encargado del suministro en la Gran Manzana y quien obtiene con sus acciones tan pingües beneficios para el cártel que es considerado ya como uno más de “la familia”.

A todos ellos un Gilberto rebosante de felicidad les promete con un brindis una nueva vida legal y llena de lujos. Es más, el infame acuerdo es tan ventajoso que la renuncia a sus actividades no se producirá de forma inmediata, sino que los narcos gozarán de un periodo de seis meses para entregar los depósitos de droga junto con los laboratorios y los pisos franco, y mientras dure ese plazo para su redención podrán seguir ejerciendo toda su actividad sin que nadie, absolutamente nadie, les moleste. Como cabría esperar todos brindan acompañando al jefe, pero el recelo en sus caras vaticina que esa apuesta se convertirá en el detonante que ponga todo patas arriba.

El acuerdo con el gobierno de Colombia y su presidente Samper, a quien el narco financió su campaña presidencial, está cogido con alfileres y serán los norteamericanos quienes, contando con el beneplácito de Washington para transformar Colombia en una isla paraíso blindada ante los movimientos comunistas y revolucionarios de América latina, enviaran a sus huestes de diplomáticos y agentes de la CIA para que cosan las costuras y eliminen los recelos que esta rendición del estado de derecho a los narcotraficantes supondría para la opinión pública de aquél país.

Pero Washington, como suele ser habitual en los grandes imperios, tiene dos manos y a menudo la derecha no tiene ni puta idea de lo que hace la izquierda. Y así las cosas la DEA, que no entiende de politiqueos ni pactos, sigue la pista de los Rodríguez Orejuela para darles caza y extraditarlos a los Estados Unidos. Y será el agente Peña, con la ayuda de dos agentes inexpertos pero de firmes convicciones y volcados en su trabajo, quienes actuaran al borde de la legalidad cuando no totalmente al margen de la misma, siendo ellos tres quienes muevan todos los hilos y utilicen todos los recursos a su disposición para apresar a los narcos y ponerlos a disposición de la justicia.

De nuevo una figura del pasado emerge como el gran muñidor de todo, aquél que había creado, fomentado y pagado la aparición del los PePes con la excusa de combatir a Pablo Escobar y cuyo verdadero fin no era otro que fomentar con millones de dólares las milicias paramilitares para que combatiesen a la guerrilla. Bill Stechner entra en escena “aconsejando” a Peña, de esa manera que suelen deslizar los consejos los agentes de la CIA, para que se olvide de todo eso del narcotráfico, que esa es una guerra perdida y que lo verdaderamente preocupante para Washington son los movimientos comunistas y revolucionarios que están surgiendo por toda Latinoamérica.

Así las cosas, los conflictos no tardan en aparecer y lo hacen de la forma más impactante posible. Por un lado el cártel de Cali que ya publicita entre sus “asalariados” el acuerdo con el gobierno de Colombia y que estos empiezan a ver como una tragedia en caso de producirse.
¿Qué harán los policías de Cali sin el sobresueldo de los narcos? ¿Se conformaran con su paguita de mierda como agentes públicos? ¿Qué harán los socios narcotraficantes de los Rodríguez Orejuela al verse desprovistos de la noche a la mañana de sus suministros y por tanto de sus vidas de lujo? ¿Qué harán los jueces y magistrados, los abogados, periodistas y los banqueros cuando ya no reciban los fondos? ¿Qué harán todos los miembros de su ejército particular que ahora patrullan con los Kalashnikov al hombro y sus pistolas en la cintura, aquellos que espían a funcionarios, que vigilan a los jefes de otros cárteles, los que chantajean a periodistas, políticos y magistrados? ¿Qué harán todos ellos cuando la gran idea de Gilberto se lleve a efecto?

En su fantasía de transformación en una persona respetable y multimillonaria, Gilberto abrió la caja de los truenos y todos sus antiguos aliados, incluso su propia familia, sin olvidarnos por supuesto de la DEA, conspiraran para sabotear ese acuerdo.
En una operación rocambolesca orquestada por esa agencia, Gilberto es descubierto por casualidad en una de sus mansiones y arrestado. La encarcelación del jefe del cártel de Cali supone un vuelco dentro de su propia organización y aunque él se esfuerza en transmitir que sigue al mando y que su estancia entre rejas será muy breve, lo cierto es que en el mundo exterior las cosas funcionan a otro ritmo y su estrella poco a poco se va apagando. En éste punto, y ese es su mayor temor, ya no tiene justificación el acuerdo con el gobierno de Colombia pues resultaría difícil de explicar a la opinión pública de su país cómo van a negociar con alguien cuando ya lo tienen preso.

Y aquí ocurre algo significativo dentro de la historia y que a veces suele ser habitual que suceda en algunas narraciones y que afecta sobre todo al protagonista: cuando su papel pensado y escrito por los creadores y guionistas queda difuminado –desconozco si intencionadamente o no en éste caso– y todo el protagonismo se vuelca en otro de los personajes concebido a priori como secundario, es entonces cuando sucede algo y ya puede salir el personaje principal elegido muchas veces en pantalla, ya le podemos ver haciendo y deshaciendo cosas, moviéndose, hablando y llevando la voz cantante…todo eso da igual porque quien se llevará el codiciado título será aquél que tenga los conflictos más graves, el que dude y luche, el que actúe y el que con sus actos genere acciones y reacciones de los otros, incluso de él mismo.

Por definición El Protagonista siempre será el que mueva la acción, y Narcos tiene a uno muy potente… y escondido: Jorge Salcedo (Matías Varela). Un ingeniero que trabaja para el cártel de Cali como jefe de seguridad y cuyo sueldo le proporciona una vida si no lujosa, sí de cierta estabilidad y bienestar dentro de la Colombia de aquellos años. Jorge trabaja duro y le encanta lo que hace. Él vigila las transmisiones telefónicas de los rivales y enemigos del cártel, él es quien se encarga de la seguridad personal de sus jefes, él establece las escoltas y capitanea un grupo de información encargado de montar puestos de seguimiento, vigilancia y escuchas allá donde sea necesario gracias a unos dispositivos electrónicos a la última y gracias principalmente al dinero de la droga .

Pero Jorge lleva encima a la madre de todos los conflictos. Él, en su inocencia, cree que ese trabajo para los capos de la droga es temporal y que, pasados unos meses y gracias al dinero obtenido, lo dejará para montar su propia empresa de seguridad. Su trabajo de inteligencia cuasi militar es limpio y jamás se ha manchado las manos de sangre ni visto a nadie asesinado por los narcos. Así que por qué no considerar todo aquello como una fantástica experiencia profesional antes de independizarse ¿verdad?

Parece mentira que un personaje tan meticuloso, tan discreto e inteligente no supiera ver el coste que tendría para su vida y la de los suyos ese pacto con el diablo quien le demandará, con esa amabilidad y generosidad que destaca en los mafiosos cuando las cosas van bien, una y otra vez lealtad sin fisuras. Él quiere irse y montar su negocio legal, pero no le dejan. Y menos ahora que Gilberto está preso y es su hermano Miguel quien sujeta el cetro como el nuevo Rey de Cali.

En un escenario cada vez más estresante y paranoico para los narcos donde su seguridad flaquea y se producen algunos éxitos de la DEA, aparece el elemento que había permanecido oculto en la vida de Jorge porque siempre se resistió a ello y jamás quiso levantar la alfombra para descubrir la mierda que había debajo. La sangre y las muertes le estallan frente a su cara. Él asiste aterrado a las primeras torturas de aquellos de los que se sospecha puedan ser el topo de la DEA, presencia los primeros asesinatos, las primeras venganzas…y viendo que las cosas se ponen muy feas, y que antiguos compañeros suyos son torturados y asesinados al creerlos confidentes, Jorge decide saltar la valla y pasarse al otro lado a cambio de inmunidad, protección y un vuelo a los Estados Unidos para empezar una nueva vida.

A partir de éste punto la acción de la historia coge un ritmo trepidante donde la tensión y las intrigas de unos y otros saltan entre escenas de tal forma que mantiene en vilo a los espectadores quienes asistimos atónitos ante tal la cantidad de hechos dramáticos sin apenas tiempo para pensar y cuya resolución permanecerá incierta hasta el final del último capítulo.

Los creadores de Narcos han demostrado en esta nueva temporada que lo importante en las historias, además de la historia en sí, son sus personajes, a los que ha dotado de unos registros tan variados como profundos. Unos personajes que recorrerían todas las variantes de los héroes y villanos de las mejores historias. Unos héroes y unos villanos que tienen su soporte en hechos reales y que aunque la lógica dramatización de algunas tramas les podrían situar en el plano de la ficción, no se nos olvida, gracias sobre todo a ese intercalado de imágenes que sucedieron en la realidad y a la fabulosa interpretación de los actores, que estamos ante la narración de unos hechos dramáticos que sucedieron de verdad y que convirtieron a Colombia y a sus habitantes en un polvorín por culpa de los experimentos y actitudes maquiavélicas y egoístas de muchos.

Quiero destacar aquí algunos de los secundarios cuya presencia me ha parecido esencial para la historia bien por su papel como por su magistral interpretación y que ha reflejado fielmente el universo en el que estaban:

-“El Navegante” interpretado por Juan Sebastián Calero. Un sicario en la vida real al que ya vimos en la etapa de Pablo Escobar y hombre fiel del cártel de Cali cuyo perfil psicológico aterra tanto por su presencia como por sus acciones. Él representaría a esos asesinos de gesto tranquilo que jamás se ponen nerviosos y que nunca levantan la voz cuando discuten o… matan.

-Arthur Crosby interpretando al embajador de Estados Unidos en Colombia. Un hombre en la línea más ortodoxa de su país y que se ve obligado a contemporizar y alternar los deseos de los agentes de la DEA con las relaciones diplomáticas con el gobierno colombiano.

-David Rodrigue (Arturo Castro), el hijo de Miguel Rodríguez Orejuela quien busca un cargo de relevancia dentro de la organización aprovechando que su tío está preso para convencer a su padre que él debería llevar la seguridad y no Jorge Salcedo por el que siente odio y celos al ver cómo su figura va cobrando protagonismo de la mano de su padre Miguel. David es otro psicópata asesino con ínfulas que hará todo lo posible por ganarse la admiración de su padre. El hijo de Miguel existió en la realidad pero con el nombre de William Rodríguez y con otro perfil y otras acciones que en nada tienen que ver con el personaje mostrado aquí. Suya es la novela titulada “Yo soy el Hijo del Cártel de Cali”.

-María Salazar (Andrea Londo), una superviviente que se une sentimentalmente a Miguel Rodríguez Orejuela a pesar de que los de Cali ordenaron el asesinato de su esposo y padre de su hija. Una mujer que cambiará de bando cuando el viento no sople a su favor con la facilidad que lo hacen aquellos que no reconocen patria ni bandera y se guían unicmante por sus intereses.

-Guillermo Pallomari (Javier Cámara), un personaje real que se convirtió en el contable del cártel gracias a su obsesión y control de todas las cuentas, de todos los ingresos y gastos que con la paciencia de un artesano anotaba en un libro secreto que acabó siendo determinante para la investigación de la DEA y una incomodidad tanto para el gobierno de Colombia como para los americanos.

-Franklin Jurado (Miguel A. Silvestre), otro personaje real que gracias a sus estudios universitarios fraguó la inmensa y rentable red de empresas y blanqueo de capitales jamás conocido hasta entonces. El papel de Miguel A. Silvestre es pequeño y con escasas apariciones en pantalla aunque esos pocos minutos sirven para mostrarnos el perfil de éste tipo de sujetos que mueven el dinero por paraísos fiscales sin dejar rastro alguno.

-Y por último añado a esta lista de secundarios a la esposa de éste último Christina Jurado (Kerry Bishé) una excelente actriz que ya vimos en Halt&Catch Fire y que aquí refleja fielmente el papel de las esposas de estos delincuentes quienes atraídas por el lujo y la riqueza viven una vida superficial y pija sin plantearse cualquier cambio que suponga la renuncia a ese bienestar. Christina es abordada por el agente Peña para que le revele el lugar donde se encuentra su esposo a cambio de inmunidad. Un conflicto que ella abordará con miles de dudas y donde su estatus actual prevalecerá sobre otras circunstancias.

-Y dejo para el final el potentísimo cierre de esta historia donde la presunta victoria de la DEA, con un Javier Peña felicitado por sus superiores, se quedará desdibujada cuando él mismo reconozca apesadumbrado que aparecerán otros narcos, muchos más y que sin duda nos recuerda aquél “consejo” que le dio el agente de la CIA Bill Stechner cuando le dijo que esa guerra estaba perdida.

Y al igual que sucedió con el final de segunda temporada cuando es preguntado en las dependencias de la DEA “¿Cuánto sabe el cártel de Cali? anticipándonos así el traslado de la acción del Medellín de Pablo Escobar al Cali de los hermanos Orejuela. Aquí la pregunta se transforma en una afirmación contundente por el responsable del Departo de Justicia de los Estados Unidos dirigida a él y que anticipa dónde se desarrollarán los hechos de la cuarta temporada:

“Ahora hay que ganarle la batalla al verdadero enemigo en la guerra contra las drogas: México”

Y con esto finaliza esta espectacular y asombrosa temporada situándonos ya en la lanzadera de la cuarta en Méjico cuya tensión y ritmo deseo fervientemente que no decaiga. Es allí, en la zona de Juárez, donde el negocio de la droga se muestra más pujante que en cualquier otro sitio. Y estos hechos, más cercanos a nosotros en el tiempo, los conocemos ahora por las noticias, como también sabemos de la crueldad y prácticas de los narcos de aquellas tierras cuando éste verano el asistente de producción de la serie para Netflix, Carlos Muñoz Portal, fue asesinado en una zona rural de Méjico mientras buscaba localizaciones para la próxima temporada de Narcos.


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4 comentarios

  1. Guillermo

    A falta de dos capítulos para terminarla he de decir que está muy bien construida, mejor que las dos primeras que se alargan algo innecesariamente, pero que no hay un personaje con tanto carisma como Pablo (o su familia, se echa de menos a Tata, al primo, a Limón o hasta a la madre). Y eso que el trabajo actoral me parece especialmente bueno. También echo de menos un poco más de ambigüedad moral en los personajes “buenos”, se echa de menos a Murphy en este sentido y Peña está como más rebajado.

    • Tienes toda la razón. Además viendo esta tercera te das más cuenta que las dos primeras tal vez se hubiesen podido concentrar en una sola habiéndola dotado de mayor intensidad y ritmo. Lo que tenía Murphy era un tono irónico y con cierta retranca cuando narraba que no lo tiene Peña, desde luego. Ahora bien, es para reconocer el esfuerzo que significa poder superar a una figura tan mediática como la de Pablo escobar, y aquí lo han conseguido. Esta temporada se ha construido más sobre la base de un thriller y eso nota pero también ayuda a que la historia corra mucho mejor.

      Gracias por comentar, Guillermo.

  2. Sofi

    Esta temporada de Narcos ha sido de las mejores. Tenia cierto recelo, de que no tenga la misma emocion y calidad que las dos primeras, pues al perder a sus personajes principales, como Escobar y Murphy, podria decaer bastante, pero felizmente me equivoque y he quedado muy satisfecha, al punto de que ya estoy esperando con ansias la siguiente temporada.
    Concuerdo contigo Antonio, al decir que Jorge Salcedo, ha sido un gran personaje, que en mi opinion logro opacar incluso al propio Peña, quien esta temporada, se ha mostrado mas cauto y menos vivaz que en las anteriores.
    Otra cosa que quiero comentar, es que es que estos dos nuevos agentes, me han parecido un poco sosos y no han tenido esa quimica y carisma que en su tiempo tuvieron Peña y Murphy.
    Por lo demas, todos los personajes estan muy bien construidos, tanto los principales como los secundarios y el nivel de actuacion es exepcional.
    Una de las escenas que mas me gusto, fue la de la persecucion de los policias a los del FBI, cuando atraparon a Gilberto para poder liberarlo. Me impacto el hecho de ver lo poderosos que eran los narcos, al punto de tener en su nomina a casi todo Colombia. Desde el presidente, hasta el mas bajo de la policia estaban alli para servirlos y estar a su competa disposicion. ¡Increible!
    Debo añadir, que a mi tambien me han gustado bastante, las pequeñas escenas que ponian de los personajes reales, sacadas de los noticieros de esa epoca, para asi poder conocer a los verdaderos narcos que causaron tanta muerte y desgracia en Colombia.

    • Coincido contigo Sofi, ya te comenté que me había encantado y por eso titulé así la reseña. Había temor a que sin Pablo Escobar la historia decayera, pero qué va, todo lo contrario con personajes muy potentes y escenas muy bien rodadas.

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