Mosaic, cuando “Elige tu propia aventura” se hace serie

Un experimento narrativo. Esta sería la calificación más acertada para la historia producida y dirigida por Steven Soderberg y escrita por Ed Solomon, cuya aventura comenzó a finales del año pasado como una App para iOS, como un “juego” que nos recuerda a aquellos libros infantiles con el título genérico “Elige tu propia aventura”. La diferencia con aquellos es que la interactuación de los jugadores queda acotada en este caso a elegir a qué personaje de la historia preferimos seguir.

Superada la primera fase, la historia salta a la pantalla de la mano de HBO convertida en una serie de siete episodios donde la tensión y la intriga la irán convirtiendo en un relato clásico al más puro estilo thriller y con muchas, muchísimas referencias a cualquiera de aquellas que nuestra memoria alcance a recordar sobre éste género.

Olivia Lake (Sharon Stone) es una autora de relatos infantiles que preside la fundación Mosaic donde da cabida a nuevos artistas y jóvenes talentos a los que sufraga sus exposiciones y publicaciones. Pero Olivia ya no vende lo que vendía y mantener la fundación resulta oneroso para su economía y necesita encontrar nuevos inversores que den continuidad a su proyecto y a su vida.

Ubicada en Summit, una localidad del estado de Nueva Jersey con unos paisajes nevados que reflejan la grandiosidad de aquél lugar y donde Olivia posee una espectacular mansión que por su construcción y decoración nos recuerda a las casonas de las estaciones invernales de Los Alpes. Allí vive sola y llena su vida con amigos como el estrambótico Shapiro (Peter DÁlessio) un confidente libertino y homosexual que enriquece los tiempos muertos de ella; y con continuas fiestas privadas que, bajo la escusa de conseguir fondos para su fundación, en realidad le sirven para tapar algo que irá cayendo a plomo sobre nosotros a medida que avancemos en la historia: La soledad de una mujer madura que fue tremendamente atractiva y que se va imponiendo a cada plano y con cada diálogo con una fuerza dramática espectacular. Ella necesita gente a su alrededor, necesita reír, necesita vivir y sobre todo necesita flirtear y de manera egoísta en muchas de sus acciones sentirse otra vez querida y más que cualquier otra cosa, deseada.

La llegada de Joel (Garrett Hedlund), un dibujante convertido por necesidad en camarero a una de sus fiestas es motivo más que suficiente para volverse a ilusionar con la pasión y el amor de un cuerpo joven y atractivo. Y tal es su flechazo que Olivia, viendo al joven desamparado y sin un lugar donde vivir, le ofrece quedarse en una de las cabañas de su propiedad para que allí pueda desarrollar su faceta artística a cambio, eso sí, de encargarse del mantenimiento de la finca de su propiedad y…si se tercia y se da la ocasión que también mantenga otros aspectos de su solitaria vida.

Pero el dinero se vuelve a imponer como poderoso caballero, los fondos no llegan en cuantía suficiente y ella se desespera ignorando que los terrenos de su inmensa finca poseen en el subsuelo uno de los minerales más demandados por la industria aeroespacial y de los dispositivos móviles. Recibe ofertas, contraofertas millonarias, pero no quiere vender, no quiere desprenderse de sus raíces, de su mansión, de su jardín adornado con personajes de sus cuentos donde los escolares de la zona acuden como si de un parque temático se tratase. Aunque que en realidad lo que ella no desea, no quiere, es desprenderse de su glorioso y triunfante pasado.

Su resistencia a la venta enfurece a un poderoso grupo inversor cuyas compras de terreno en la zona han sido frecuentes en los últimos tiempos. Un grupo presidido por Michael O’Connor (James Ransone) un personaje oscuro y avaricioso dispuesto a llegar a donde sea con tal de adquirir los codiciados terrenos para extraer el nuevo oro de los nuevos tiempos. Para esa función cuenta con Tom Davis (Michael Cerveris), un alto ejecutivo sin escrúpulo alguno y mano derecha de aquél, que pone en marcha un plan maquiavélico para rendir la voluntad y la resistencia de Oliva a la venta de los terrenos.

Y el elegido para ello es Eric Neill (Frederick Weller), un vividor, un estafador, un buscafortunas con un amplio historial de engaños a ricas millonarias. Conocedor como es de los anhelos y deseos de ese perfil de mujeres, Eric irá tejiendo una tela de araña sobre Olivia para cautivarla, conquistarla, abducirla y una vez rendida a sus encantos, firme la venta de sus terrenos a cambio de un futuro lleno de felicidad y amor junto a él. Una fantasía romántica solo en la cabeza de ella, porque en la de él únicamente existe la fantasía del color verde de los billetes

Lo malo es que el destino, tan omnipresente en los thrillers, desbarata sus planes al enamorarse de ella. El cazador cazado hace que todo el plan se derrumbe y ponga patas arriba produciendo el enfado al grupo inversor que le paga por su trabajo y que desea hacerse con los terrenos. Y no sólo para ellos, sino para el propio Joel, que ahora ve peligrar su propio futuro artístico y de manutención al quedar relegado a un segundo plano en los deseos de Oliva. Otro cazador cazado que, en su inocencia, cometió el gran error de presentarle a ella a su antigua novia. A partir de ahí todo su atractivo se fue resquebrajando hasta descomponerse por completo.

Una fiesta, mucho alcohol, reproches, vete de mi casa, no me puedes echar así, me debes el alquiler de estos meses ¿Me vas a cobrar el alquiler?…insultos, amargura, violencia…y Olivia es asesinada ¿Por quién? Pues según las pruebas policiales todo apunta al estafador, a Eric, que es encarcelado, acusado de asesinato y que gracias ¿en serio gracias? a las artes de la abogado de oficio consigue una reducción de la pena a sólo ¿sólo? dieciséis años.

Y es en este punto donde su hermana Petra (Jennifer Ferrin) aparece comiéndose la pantalla en cada plano, en cada secuencia y será ella, una minuciosa restauradora de obras de arte, la que teja una red de alianzas y complicidades que, a priori, podrían parecer inverosímiles pero que gracias a su forma de ser, a su encanto calmado, a esas miradas dramáticas mantenidas en un tiempo que se hace asfixiante, logra convencer a todos aquellos actores principales del suceso para que investiguen junto a ella y pongan en cuestión las investigaciones y la condena a su hermano. Así lo hace con Joel, primer sospechoso del asesinato pero descartado más tarde; con el Sheriff Nate Henry (Devin Ratray) quien se convertirá en el conductor de toda la investigación con una interpretación y un sosiego de elogio y que me recuerda mucho en sus gestos, en sus análisis y en su constancia a la Sheriff de Fargo que interpretaba Allison Tolman y que curiosamente aquí es la actriz que interpreta a la abogado de oficio ¿pura coincidencia?, y la que consigue de una manera rápida y sospechosa la condena de Eric para que todo quede cerrado, atado y bien atado. Pero las artes de Petra se extienden más allá rozando incluso el descaro y el atrevimiento al conseguir que el antiguo jefe de policía Alan Pape (Beau Bridges), reciente colaborador tras su jubilación y convertido en jefe de seguridad de la corporación que desea quedarse los terrenos, para con ese arte, ese encanto personal, irle desgranando aquellas incongruencias, aquellas pruebas no analizadas del todo, aquellos agujeros de la investigación con el fin de ir derribando sus murallas y convicciones impuestas por sus nuevos jefes.

Hablar a estas alturas de cómo rueda Soderberg sería una locura. Es él el que convierte una historia sencilla, un thriller típico y en ocasiones tópico, en algo grande. La forma de meternos en la historia a través de su atmósfera, de la iluminación a bajas luces, de esos primeros planos, de los contrapicados dramáticos a los personajes, de sus saltos en el tiempo alambicando los acontecimientos para liarnos de tal manera que el viaje se transforme en una incertidumbre constante…Todo estos aspectos juntos hacen que esta serie sea algo único y excepcional, tal y como hizo con otras historias también típicas como The Knick, como Traffic y como Erin Brockovich entre otras. Sencillas historias a las que su toque personal en la dirección logró encumbrar.

¿Y cómo acaba? ¿Cómo es el final? Pues es poco sorprendente al carecer del impacto y de la sorpresa tan comunes al género. Y lo hace a través de esa sencillez que nos demuestra que a veces lo importante en las historias es el camino y no su resolución.
Mosaic no se convertirá seguramente en una serie de grandes audiencias, pero para los que amamos la narrativa cinematográfica y serial es un lujo que cosas así se lancen a la aventura y me agrada mucho ver que HBO haya apostado por ella reafirmándome en mi decisión de seguir manteniendo la suscripción con ellos por productos como éste.


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