Moone Boy: Pequeña locura irlandesa

Moone Boy: Pequeña locura irlandesa

Boyle, Irlanda rural, 1989. Martin Moone tiene 12 años, una familia a la que el calificativo de disfuncional se le queda pequeño y un amigo imaginario que a todos nos suena: es Roy, de The IT Crowd. Estas breves premisas sirven para armar una de las sitcoms que más están sonando últimamente, Moone Boy, cuyos seis capítulos (ya sabéis lo breves que son las temporadas en Gran Bretaña) fueron emitidos entre septiembre y octubre pasados por Sky1, y que obtuvo la renovación para una series 2 incluso antes de que el piloto viera la luz. Con un tono surrealista pero ligado a la actualidad de la época, con unos personajes inverosímiles pero a la vez reconocibles, Moone Boy es una pequeña locura irlandesa perfecta para la típica tarde tonta de domingo…

El propio Chris O’Dowd, Roy en The IT Crowd y Seán Murphy aquí, es el creador de la serie, escrita a cuatro manos junto a Nick Vincent Murphy. O’Dowd, nacido en Boyle, consideraba esencial que la serie estuviera ambientada y filmada en su país, y lo cierto es que no mentía: hay muchos elementos culturales y sociales en Moone Boy que son pura Irlanda, desde la importancia de la religión hasta ciertos tintes de hooliganismo infantil, pasando por un capítulo casi centrado en la figura de la expresidenta Mary Robinson, menciones a U2 y, of course, ese delicioso acento irish. Moone Boy no es una sitcom al uso. Tirando de definiciones rápidas, podríamos equiparar a su estructura familiar con la de Malcolm in the Middle y a su protagonista con el de la tira cómica Calvin y Hobbes, por aquello del contrapunto imaginario (aunque Seán es mucho más condescendiente que Hobbes); pero es indudable que la serie tiene sello propio.

Martin es fantasioso, pero al mismo tiempo denota algunos síntomas de una madurez superior a la de sus propios padres, la resignada en casa y luchadora fuera Debra y el superado Liam (fantástico Peter McDonald), y desde luego superior a la de sus hermanas, a saber: la feministísima Fidelma, la irrecuperable Trisha (sacada de un capítulo de Beavis and Butt-head) y la matona Sinéad. Las tramas son ligeras en apariencia, y parten del clásico esquema de problema / resolución, generalmente (pero no exclusivamente) aplicado a Martin, pero al mismo tiempo tienen un cierto trasfondo histórico y una segunda lectura que enriquecen el visionado. En cuanto a los demás personajes, apenas los hay relevantes fuera de la familia Moone, aunque dos de ellos son un pequeño hallazgo: el bueno de Pádraic, complemento perfecto al surrealismo de Martin; y el meta-matón Declan Mannion, una improbable mezcla de dureza y justicia.

La música juega un papel muy importante: yo decidí quedarme a bordo cuando sonaron The Waterboys y su Fisherman’s Blues, y el uso de U Can’t Touch This en el 1×05 supera los límites de la imaginación. Por su parte, los fans de Pink Floyd se congratularán al descubrir nombres de capítulos como Another Prick in the Wall o Dark Side of the Moone.

El único pero que le pongo a Moone Boy es que el listón de carcajadas, al menos en mi caso, se quedó en el marcado por el piloto; ninguno de los cinco episodios siguientes logró hacerme reír tanto como el primero. Eso, y que el unicow que vemos en los créditos no sale en la serie… ¿Habrá que esperar a la segunda temporada? Mientras llega, te recomiendo que le des una oportunidad al 1×01. Posiblemente Moone Boy no sea una serie para todos los públicos, pero si estás entre los afortunados, enhorabuena: te divertirás, y cerrarás cada capítulo con una sonrisa, como si de alguna manera tu también hubieras sido un niño de 12 años, a finales de los 80, en Boyle


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