Los Simpson: sin ton ni son

Los Simpson: sin ton ni son

Los Simpson me han acompañado durante todo ese tumultuoso espacio de tiempo que va de la infancia a la adolescencia. Cuando acababa las clases, volvía raudo y veloz para mi casa, comía con tranquilidad y me espatarraba en el sofá esperando con ansia el inicio del programa. Y me divertía. Pasaron los años, empecé el instituto, pero la rutina permanecía inalterable… o casi. Acababa las clases, me fumaba un cigarro en el lavabo, volvía de tranquis para mi casa, comía rápidamente y me sentaba en el sofá para rever capítulos cuyos diálogos ya era capaz recitar de memoria.

Y así, como el que no quiere la cosa, llegué a la Universidad… “¡Quién lo iba a decir, con lo tonto que parecía!”- exclamó mi madre cuando le di la noticia. El día a día cambió sensiblemente: me levantaba sobre las 11 de la mañana, consultaba el horario académico, y si las asignaturas que tocaban eran de aquellas en las que el profesor no pasaba lista, me acostaba otra vez… Hasta que empezaban las aventuras y desventuras de la familia amarilla. Sin embargo, oh sorpresa, cada vez empalizaba menos con sus personajes. ¿Había cambiado yo? ¿Habían cambiado ellos?

Empecé a trabajar y, por incompatibilidad horaria, perdí el rastro simpsoniano durante algunas temporadas. Fue hace poco, en uno de esos ataques de nostalgia tan frecuentes en esos seres que estamos empezando a bordear la peligrosa barrera de los 30, cuando me dispuse a retomar el hábito. Al reencontrarme con Los Simpson tuve una extraña sensación: como cuando quedas con una ex-novia años después. En esa clase de citas suele ocurrir que el uno, para regocijo del otro, ha empeorado ostensiblemente.

Pues en esta ocasión eran ellos, Los Simpson, los que habían envejecido mal. ¿Por qué? Pues por querer hacer como esos cuarentones que pretenden seguir siendo modernos y acaban siendo ridículos y provocando vergüenza ajena. La serie animada más famosa de la historia está en esa fase de decadencia lamentable, de querer reinventarse y agradar a todos los públicos: cameos y reversiones de antiguos episodios clásicos se han convertido en los pilares de las nuevas tramas.

Cameos,,, ¿existe algo más forzado que incluir en un guión una supuesta aparición estelar de algún famosete? Sí, es aún peor cuando la celebrity en cuestión interviene en formato dibujo. No se le reconoce. No tiene gracia. La tendría si su presencia sirviera para repartir alguna que otra hostia a la siempre parodiable constelación de estrellas hollywoodiense… pero no: Los Simpson no se atreven a ponerse al nivel de mala leche de Family Guy.

Esa es otra: la etiqueta de serie familiar que arrastra la obra magna de Matt Groening, ese humor blanco, lastra. Y además se repite. Se repite. Se repite:

Los capítulos centrados en Bart son siempre así: el chaval hace alguna maldad típica de crío, le castigan, descubre en sí una habilidad que hasta entonces dominaba en exclusiva Lisa, ambos se pelean por demostrar quién es el mejor, recapacitan y se retractan de todo lo que han hecho/dicho. Fin.

Los capítulos centrados en Lisa son siempre así: la niñita conoce algún niñito (o no tan niñito) que es nuevo en la escuela (el hijo de Tony el Gordo, el profesor sustituto), re-conoce alguno que nunca había llamado su atención (Nelson, Ralph, Milhouse) o coincide con algún muchachito en uno de esos viajes que lleva a cabo la familia (Ronaldo, el huérfano brasileño). Sea como sea, se enamora… hasta que se desenamora por algún motivo súper original: o el noviete ha de regresar a su país o demuestra que es demasiado infantil para ella (?) o algo así. Fin.

Los capítulos centrados en Homer son siempre así: Homer ve por la tele algo que le obliga a abandonar su trabajo y a emprender una nueva carrera laboral que derivará en tronchantes consecuencias. Sin embargo, Marge le abre los ojos y le devuelve a la realidad. Homer pide perdón al sr. Burns y éste le contrata nuevamente. Fin.

Los capítulos centrados en Marge son siempre así: Marge está cansada de su rutina diaria y de sus deberes de madre de tres hijos, da un giro en su manera de ser (se implanta tetas, acepta un empleo raro, bebe) y se aleja de su familia… Hasta que recapacita e involuciona transformándose en la misma mujer de siempre. Fin.

Resumiendo: Los Simpson de ahora son una tremenda mier (censurado).

No prometo nadaNo prometo nada


Categorías: Series
¡Únete a nuestra comunidad!

Déjanos tu comentario »