La vuelta de Friday Night Lights

Hay varias cosas de Friday Night Lights (FNL para los amigos) que me ponen los pelos de punta. Una de ellas, asegurada en cada capítulo, es la música de los créditos. En este primer episodio de la segunda temporada todo han sido pelos de punta hasta esos acordes iniciales: cinco magníficos minutos de intro. Y después, durante el resto del capítulo, más de lo mismo. Vuelve Friday, boys

Personalmente, me apasionan las contradicciones. No es que me gusten, es que me llaman la atención. Así que si nos hemos (porque no he sido yo solo…) pasado meses diciendo que FNL no es una americanada de serie por mucho que gire entorno al fútbol americano… ¿qué mejor contradicción que arrancar la segunda temporada con música insolente, cuerpos sinuosos / musculados en una piscina y una preciosa chica enfundada en un bañador rojo? Sí, la primera en la frente. Y después la segunda: Landry queriendo entrar en el equipo (¿¡perdón!?); y la tercera: Julie echándole el ojo a otro. Por suerte, la enorme (en todos los sentidos) señora Taylor llega para salvarnos. Rompe aguas en el ídem y camino al hospital. Qué bien le queda al entrenador el papel de padrazo llegando a toda prisa al hospital… Y qué bien quedan esos renovados créditos iniciales…

¿Qué esperar de una premiere? Bueno, lo normal: que se nos presenten problemas. Queremos ver los trazos maestros de la nueva temporada, y parece que los tenemos. En primer lugar, el equipo… Ya no está el entrenador Taylor, sino uno con algo más de mala leche. Smash tiene todas las de convertirse en la única estrella del equipo a sus ojos, porque ya hemos visto que con Riggins no parece entenderse. Tampoco con Buddy, un Buddy que ha bajado a los infiernos y cuya casi ya ex mujer se ha quitado años y echado novio.

Lyla es la siguiente parada del tren de las sorpresas. La Garrity se nos ha puesto el hábito y parece salida de un documental sobre los Bush. Será interesante ver hacia dónde tira este personaje, del que al menos ya hemos visto en este primer capítulo unas preciosas imágenes de bautismo (y no es ironía).

Venga, chaval, ¡ataca!

Me preocupa la trama de Tyra y Landry. En primer lugar, porque no me parece muy verosímil que acabe pasando algo entre ellos, y estamos a puntito de caramelo; en segundo, porque no me seduce la idea de que hayan matado al violador. Seamos realistas: estamos en una serie americana y eso significa que Landry no podrá salir impune. Me parece injusto para el personaje que tenga que purgar; ¿dónde se ha visto un tío así, un genio de las matemáticas capaz de quedarse a solas con la rubia más rubia del instituto, pero incapaz a la vez de mover un brazo… ¡y llamar a su mejor amigo para preguntarle “alguna técnica”!? Desde luego, con esa capacidad analítica llevada a todos los ámbitos, no se puede decir que Landry no sea un personaje coherente…

Para el final he dejado a Matt Saracen y Julie Taylor. ¿Qué han hecho con Julie en estos meses? ¿Dónde está la chica que conocíamos? Pues sigue ahí. En el mismo sitio. La misma chica inquieta que llega a verse reflejada tanto en sus padres… que necesita huir. Impagable la cara del entrenador cuando, en el coche, oye a su hija decir eso. No lo dudo: Matt y Julie seguirán. Pero veremos a qué precio…

Nada más. Gran inicio de temporada para una serie que sigue desprendiendo calidad por los cuatro costados: guiones, interpretaciones, música… y esa forma de mover la cámara.


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