La última review de Tony Soprano

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Dicen que más vale tarde que nunca, y espero que abusar de este refrán me sirva como suficiente excusa que justifique todo lo que he tardado en presentar mis respetos a Los Soprano. No hay blog de televisión que se precie que no haya dedicado su propio espacio a esta serie. De hecho, TodoSeries ya lo hizo en un “Series de tu vida” de la mano de Daniel Bernat. Y, sin embargo, he sentido la necesidad de volver a rescatar a Tony y compañía una vez más. Al fin y al cabo, los grandes nunca mueren.

¡Atención! Este es un post homenaje a toda la serie, pero libre de spoilers. Sois bienvenidos a pasar…

Entré por primera vez en casa de la familia Soprano hace más o menos año y medio. Y apenas si ha pasado una semana desde que presencié el punto y final de su historia. Sé que muchos pensaréis que es demasiado tiempo el que me ha llevado verla. Pero no me arrepiento en absoluto. Los Soprano no es una serie para ver en un mes. No tiene sentido hacer grandes maratones intensivos (aunque en el tramo final sea casi imposible resistirse). Es una serie que hay que dejar reposar, disfrutar poco a poco, y paladear sorbo a sorbo, como el buen vino.

Reconozco que sus inicios no me resultaron fáciles: me perdía entre nombres de personajes, rangos y situaciones. Y es que Los Soprano, por naturaleza, no es una serie sencilla. Requiere de un espectador activo y atento, que absorba cada detalle y lo interiorice. Un espectador que recuerde, capaz de relacionar actos y detalles aparentemente insignificantes con unas consecuencias que a menudo se toman el tiempo necesario para llegar. Como en la vida real.

Porque sí: Los Soprano es real. Muy real. Como sucede en nuestro día a día, los resultados de cada acción no siempre ocurren de manera inmediata. Y, del mismo modo, la serie no recorta y encorseta situaciones de manera que quepan perfectamente en la hora aproximada que duran sus episodios. Podemos ver cómo una chispa salta y quizás, cuatro episodios después, encontraremos las cenizas del incendio.

Del mismo modo, jamás encontraremos grandes cliffhangers ni sorpresas inesperadas al terminar los episodios. ¿Quién las tiene al final del día? Cualquier capítulo de Los Soprano puede acabar con Tony llegando a casa, abriendo el frigorífico y comiendo pasta fría directamente de la fuente mientras mira en silencio a Carmela. Y, de ese modo, es capaz de dejarnos con la boca abierta.

Algo que llama poderosamente la atención (al menos es lo que me ocurrió a mí, nada acostumbrada a ello) es que la serie no explica nada con palabras. Ni tenemos voz en off que nos guíe (gracias a Dios), ni los personajes nos ponen en situación con sus diálogos como es lo habitual en las series de televisión: cuando presenciamos una conversación a menudo ignoramos la raíz del problema que se trata. Y sólo a través de pistas que se van dando poco a poco podemos reconstruir el cuadro completo. Y eso es parte de lo que hace esta serie tan creíble: si nadie, en la vida real, explica el contexto de una conversación a alguien que ya lo conoce, ¿por qué iban a hacerlo estos personajes?

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Una de las primeras cosas que engancha de la serie son las conversaciones que entabla Tony Soprano con la doctora Jennifer Melfi, su psicoanalista. Mafiosos hemos visto muchos en televisión y (sobre todo) en cine, pero nunca habíamos tenido la oportunidad de acceder a ese otro lado; al que les hace más humanos. En los primeros compases de la serie, cuando aún no tenemos las herramientas suficientes, estas conversaciones son las únicas que nos dan acceso a la auténtica esencia del personaje. Sin embargo, conforme avanzamos, las citas con la psicóloga cada vez se espacian más. Y es que ya no nos hace falta que Tony se sincere con palabras. A estas alturas, sus miradas, sus silencios y sus respiraciones, tan profundas, nos dicen todo lo que necesitamos saber.

Porque, ¡qué valiente hay que ser para apoyarse tanto en los silencios! Hay que tener la maestría de saber hacerlo y, por supuesto, el apoyo de una cadena dispuesta siempre a innovar y a apostar por lo mejor como es HBO. En cualquier otro canal Los Soprano no habría sido igual. Y, por supuesto, HBO no sería como es sin la serie de David Chase. A día de hoy resulta imposible imaginar una sin la otra.

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Hablábamos antes de un mafioso que va al psicólogo. Una premisa extraña, sin duda, que puede resultar incluso cómica en un primer momento, cuando vemos cómo Tony maquilla de eufemismos sus conversaciones para mantener al margen, en la medida de lo posible, a la psicóloga de sus actividades. Una comicidad –mezclada con sorpresa- que también se transmite a toda la familia de Tony: mafiosos que se equivocan, que parodian escenas de El Padrino cuando se reúnen en un ambiente distendido, que se pasean en calzoncillos por su casa y que adoran comer pasta, tener sexo y recaudar dinero. Mafiosos, en fin, más cercanos que nunca. Siempre he mantenido que la gran ventaja que tienen las series con respecto al cine es que tienen la capacidad de hacer que conozcamos mucho mejor a sus personajes, que evolucionemos con ellos, y que llegue un momento en el que les conozcamos como si fueran viejos amigos. Por eso Los Soprano puede detenerse a mostrarnos ese lado de la cosa nostra que, de otro modo, habría resultado imposible explorar.

La serie aprovecha, además, para ahondar en aspectos tales como el papel de las esposas de los mafiosos; mujeres con mucho carácter, pero también con muchísima paciencia, que aceptan el rol que han elegido desempeñar; señoras capaces de volver la mirada ante las infidelidades y actividades de sus maridos, fingiéndose ciegas y olvidando sus afrentas si un buen reloj de oro o un coche se les pone por delante. Esas mujeres católicas hasta la médula que, sin embargo, se enfurecen si el sacerdote les habla de crímenes o corrupción, tomándolo como una ofensa personal. Al fin y al cabo, no hay que olvidar de quién financia a la parroquia local.

La galería de personajes de la serie es magnífica. Por nombrar sólo a unos pocos, podemos hablar de Silvio Dante, el segundo a bordo de Tony, su mejor y más fiel hombre de confianza, capaz de mover todos los hilos estando siempre a la sombra; o de Carmela, una esposa hecha a medida de Tony: fuerte y con carácter, que sabe más de lo que parece pero capaz de callar cuando las circunstancias lo requieren, aceptando los pros y los contras del papel que ha decidido jugar; o de Christopher Moltisanti, el joven mafioso soñador con aspiraciones a escritor que tan bien encarnó la caída en desgracia; la odiosa Janice, el bueno de Bobby Baccalieri, el temperamental Paulie Gualtieri (cuyos gestos con las manos es inevitable tratar de imitar), la terrible Livia Soprano (cuya sombra acecha a Tony durante toda la serie), el peligroso Corrado “Junior”, o el desgraciado Pussy Bonpensiero. Todos estos nombres nos evocan escenas magistrales, y a todos los recordamos ahora, mirando atrás, con una media sonrisa que se nos dibuja sin querer. Las dos familias de Tony se entremezclan y, aunque queramos separarlas, al igual que el personaje, llega un momento en el que resulta imposible.

Sin embargo, no cabe duda de que el auténtico protagonista de la serie es el inmenso Tony Soprano. Un personaje al que hemos visto sufrir a escondidas, mostrar su lado más cruel, engordar con los años, temer por los suyos, y ensañarse como nadie. Un personaje complejo, a caballo entre las antiguas costumbres italianas y los nuevos aires americanos que contagian todo lo que le rodea. Un personaje atormentado pero fuerte. Alguien capaz de liderar con mano de acero a los más terribles asesinos y de llorar contemplando a unos patos. Qué terrible es Tony. Y qué débil se nos muestra a veces. Qué odioso puede llegar a ser. Y qué atractivo. Qué real y, a la vez, qué increíble resulta este personaje.

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Supongo que resulta imposible hablar de Los Soprano sin referirnos a su final. Un final –inexplicablemente- polémico que no voy a describir en detalle para no herir la sensibilidad de los que aún estén por ver la serie. Sin embargo, sí hay algo que decir: Los Soprano no podía haber tenido un final más perfecto. Es imposible hacer algo mejor. La última secuencia es para enmarcar, de principio a fin. Dicen que se tardó casi dos años en perfeccionar el guión de esos últimos cinco minutos, y no me extraña. En el instante en el que terminé la serie, una de las primeras cosas que se me vino a la cabeza fue el preguntarme cómo era posible que este final fuera tan criticado. Es claro, es honesto, y no deja lugar a dudas. Si no lo has entendido, amigo, entonces no has comprendido nada de esta serie.

Hay series que prometen cerrar su historia y no lo hacen. Otras, sin embargo, se esfuerzan al máximo por atar cada cabo. Y Los Soprano hace lo que mejor se le da: seguir fiel a su esencia, condensando en sus últimos minutos un homenaje a todo lo que ha sido y a lo que siempre ha defendido. A ese explicar sin palabras. A ese juego de miradas que, sólo tras seis temporadas de atención sabemos interpretar. A esa imagen final que ya nos anticiparon episodios atrás… En sus últimos minutos nos sumergimos en un mar de emociones guiados por Tony –o James Gandolfini; llega un momento en que ya no sabemos cuál es cuál- y, con él, lo entendemos todo. Y, como reza la canción de Journey que nos acompaña, no dejamos de creer. Creer que la vida seguirá. Creer que hemos asistido al mejor adiós que podíamos imaginar para una de las mejores series –como su final- made in America.

Con la conciencia algo más tranquila tras este ejercicio de redención, me despido de vosotros compartiendo, cómo no, la cabecera de la serie, justamente considerada como una de las mejores de la historia de la televisión.

See you in hell, Tony Soprano.


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6 comentarios

  1. Tras meses viendo la serie, el mítico final de Los Soprano llegó, y mi reacción literal fue abrir mucho los ojos y gritar “¿¡QUÉ!?”. Tras comprender el final y no que había sido un fallo de mi reproductor, opté por la clásica posición fetal en el sofá durante la siguiente media hora. Cinco días después, conseguí recuperarme lo suficiente como para escribir sobre ello. http://www.notodopuedeserlost.blogspot.it/2012/12/the-sopranos-end.html

  2. Ignacio

    Una vez que me decidí por descargar la serie, me entero del final. Vale la pena verla igual?

    • Ignacio, por supuesto que merece la pena verla entera, aunque conozcas su final. Y, quién sabe… tratándose de esta serie puede que ni siquiera te lo hayan contado bien… 😉

  3. Quakto

    Mi serie favorita…..cuando terminó, no sabia como reaccionar, ya no solo a ese final tan perfecto(no le veo ningún fallo), si no a la pérdida de la serie, después de 6 temporadas cada personaje lo había hecho de la familia, que iba a hacer sin saber que les pasaba a cada uno de ellos….me sentí incluso vació, se que suena superficial hablar así de una serie pero es lo que sentí en su momento.
    También pienso que hay que disfrutarla con tiempo y no pegarse un atracón, la vi en dos años y medio y creo que mejor que en un mes!
    Grande la pareja protagonista, Eddie Falco una grande y un Gran RIP James Gandolfini, no hay mejor tony soprano!

  4. Juan Jesús

    Me ha encantado tu opinión. Se nota que has disfrutado la serie como lo hice yo este último verano (tardé tres meses, pero no me podía resistir y no estaba siguiendo otra en ese momento así que imagínate). Tony Soprano es probablemente de lo mejor creado para la televisión, de eso no hay ninguna duda. También es cierto que desde que Breaking Bad acabó, lo de que The Sopranos es la mejor serie de la historia habría que discutirlo y mucho (aún así es mi tercera serie favorita, solo por debajo de Breaking Bad y Mad Men). Su realidad no tiene límites, esos finales de episodio casi siempre relajantes eran, irónicamente, estimulantes, y qué personajes… podría nombrar tantos (y de tanta calidad) que me dan ganas de volver a verla otra vez. Disiento de lo que dices del final, me pareció en su momento una burla al espectador, aunque ya he leído tanto sobre él (o te encanta o lo odias, no hay término medio) y comprendido algunas teorías sobre la (¿SPOILER?) muerte de Tony, que no me ha quedado más remedio que, tristemente, asimilarla 🙁 Aún así, no me queda otra que recomendársela a todo el mundo, en especial a los que consideren que les encanten las series, porque es de ese tipo de arte que hay que apreciar sí o sí, aunque sea una vez en la vida. Saludos a la página, que hacéis un gran trabajo para este mundo seriéfilo 🙂

  5. Lluis

    Tan solo la genial the wire supera a Los soprano, pero siempre bajo su estela, sin duda sin Los Soprano y sin expediente x las series seguirian tratandonos como a niños. Tu comentario sobre la fata de explicaciones en las excenas es lo siempre he dicho acerca de El Padrino, punto de inflexion, en mi humilde forma de verlo en las historia del cine, yo diria que mas que ciudadano kane pero entiendo que se me tiren muchos encima.
    Salud a todos¡

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