Jaleel White, ‘the return’

Jaleel White, 'the return'

Cosas de Casa (Family Matters para los puristas) fue una serie de éxito en los 90 protagonizada por una ¿típica? familia afroamericana, que narraba… pues eso… las cosas que pasaban en una casa. Coherente, muy coherente. Los que no tengáis ni idea de lo que estoy hablando es porque, posiblemente, sois menores de 20 años; así que, si es tu caso, deja de leer este estúpido post y sal a la calle a disfrutar de tu juventud.

Bien, ahora que sólo quedamos los de las generaciones lúcidas, ya podemos sacar a relucir nuestro lado nostálgico y proclamar a los cuatro vientos aquello de “cualquier época pasada fue mejor”. ¿Os acordáis de cuando erais unos pipiolos? ¿De cuando todo el mundo os decía lo guapos que erais y desconocidos os regalaban caramelos? Pues resulta que llega un día que esos privilegios se desvanecen, que ya nadie os vuelve a decir lo guapos que sois (las abuelas propias no cuentan) y que los caramelos de desconocidos los tenéis que pagar (salvo el primero, que es gratis).

Este traumático proceso por el que todos los humanos pasamos se compone de varias fases que hacen más llevaderos los golpes de la vida… a menos que seas un niño prodigio. Caso Joselito. De la noche a la mañana digievolucionó de Pequeño Ruiseñor a Pequeño Palomo (aka asquerosos ratones del aire). De ser el chico que toda madre querría para sus hijas, a ser el hombre ante el que todas se cruzaban de acera si se lo encontraban por la calle. Bastó un cambio de voz. A partir de entonces descendió de manera imparable a los infiernos: droga, alcohol, más droga… Incluso llegó a ejercer de mercenario en un país africano. True story. Interesante biografía la de Joselito… Casi tanto como la de Jaleel White. Prácticamente los podríamos considerar almas gemelas, ya que tanto el uno como el otro han pasado por un calvario similar: de estar en lo alto a caer en la caca. ¿De quién fue culpa? Lo de Joselito ya hemos aclarado que fue a causa de la pubertad, mientras que lo de Jaleel se ha de achacar a un personaje con nombre y apellido: Steve Urkel.

“Ha sido él”

Extrañamente, la gente empatizó con este ser odioso y ridículamente torpe. Poco a poco, como si del simbionte de Spiderman se tratara, el monstruo se fue apoderando de la persona… hasta anularlo por completo. Jaleel fue creciendo y creciendo y los pantalones cada vez le quedaban más cortos, así que los productores de Cosas de Casa tuvieron la brillante idea de hacer madurar a Urkel, y decidieron que se convertiría a tiempo parcial en una abominación llamada Stephano.

¿Quién o qué era Stephano? Pues la versión fucker y sin gafas de Urkel. Conste que que un miope se quite las lentes no le convierte en un folletti, por mucho que Jaleel y Clark Kent nos pretendan demostrar lo contrario. Este acto sólo llevó a que miles de niños miopes de la época, decidieran acabar con la tiranía de sus gafas en un intento (en vano) de más molar. Los pobres, desorientados por la falta de visión, iban en busca de las chicas que les gustaban topando con todos los elementos de mobiliario humano situados entre el punto A (ellos) y el B (la chica). Luego recibían un “no” por respuesta y un doloroso trauma para el resto de sus vidas. O eso me ha explicado un amigo.

Resumamos: Jaleel White se acabó retirando de la interpretación por la presión del encasillamiento, y las leyendas urbanas sobre él empezaron a surgir: que si murió de sobredosis, que si salía en Aquellos maravillosos años junto a Marilyn Manson, que si trabajaba de reponedor en un Mercadona de Valencia, que si se pasó al porno con el seudónimo de Mandingo, que si doblaba la voz de Sonic en los videojuegos del erizo azul… No os riáis, que uno de estos supuestos bulos es verídico.

Sin embargo, cuando toda esperanza parecía perdida, Dios creó Internet, que vendría a ser para los artistas lo que el asilo político para los desterrados: un refugio, una nueva oportunidad. Y así fue como Jaleel decidió ponerse manos a la obra para guionizar una webserie. Bueno, siendo más exactos, la guioniza, la protagoniza, la dirige e incluso prepara los bocadillos de mortadela del catering. Un auténtico artista del Renacimiento, vamos.

Si os pica la curiosidad, navegando un poco por la red (cómo me gustan las expresiones añejas) podréis encontrar fácilmente Fake it till you make it, que así es como han bautizado a la criatura. Yo tuve (guiño para los que quieran saber dónde están disponibles todos los episodios de esto) el estómago suficiente para aceptar el reto de visionar el piloto. Y he de admitir que no lo entendí. No porque el serial sea una tragedia griega compleja, sino por culpa de mi limitado nivel de inglés. Aún así, deduje el hilo argumental de la historia: triunfador asesora a pringao que quiere ser artista. Algo así. Supongo que sería de perogrullo explicar quién interpreta al triunfador, pues sólo faltaría que Jaleel se autoretratase cual idiota. Ese honor, el de ser el tonto de la función, recae sobre las espaldas de un muchacho blanco. Es curioso que en la mayoría de series yankees ideadas por negros aparezca la figura del muchacho blanco e imbécil. Supongo que nos merecemos esa fama, por listos.

En conclusión: ¿Fake it till you make it aporta algo al mundo audiovisual? No. ¿Vale la pena ver Fake It till you make it? No. ¿Fake it till you make it supondrá la resurrección de Jaleel White? Rotundamente no (1.500 tristes reproducciones en el momento que yo la vi). Por lo tanto, exniños prodigios de la Tierra, tendríais que aprender una valiosa lección: cualquier tiempo pasado siempre fue mejor.

...Así que mejor que tú ni lo intentes…Así que mejor que tú ni lo intentes


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