In the flesh: Mi novio es un zombi. Y tu madre también.

kieren

Como cantaba Alaska y Dinarama en plena movida, “Mi novio es un zombi, es un muerto viviente que volvió del otro mundo para estar conmigo. Mi vida ya tiene sentido, recuperé el amor perdido, intacto pero podrido. Sus ojos amarillos me hacen enloquecer, tiene algo ese chico y yo no sé qué es”. Ciertamente, debo confesarme fan fatal de In the flesh y de su sensible y decidido protagonista, Kieren Walker. Nunca unos ojos muertos (o más bien no muertos) habían dicho tanto. Pero me estoy adelantando. Para todos aquellos que dudéis sobre esta pequeña joya británica, os daré unas cuantas razones para verla sin destrozaros a spoilers. Los que ya la hayáis disfrutado, ¿os ha gustado tanto como a mi?

Han pasado cuatro años desde que los muertos salieron de sus tumbas. El adolescente Kieren Walker fue uno de ellos, y como cualquier zombi de manual, se dedicó a atacar humanos y a comer cerebros con lujuria, nocturnidad y alevosía. Después de meses de rehabilitación, medicación y terapia gubernamental, los zombis (o rotters tal y como los llaman despectivamente los vivos), que han sido diagnosticados con el Síndrome del Parcialmente Fallecido (PDS) y tratados con éxito están listos para regresar a sus hogares. Deben usar maquillaje y lentillas para ocultar su aspecto, deben medicarse a diario para evitar atacar de nuevo, y sobretodo, deben afrontar su culpa e intentar no ser asesinados por miembros de la Fuerza de Voluntarios Humanos (HVF), un cuerpo paramilitar que se ha ocupado de la seguridad de pueblos pequeños y aislados como Roarton, lugar de la acción. Debo decir que con una premisa así, ya me tenían ganada. ¿Zombis con conciencia? ¿Pueden ser curados? ¿Son zombis o infectados? ¿Terapias para la reinserción y grupos de apoyo? ¿Pueblo perdido lleno de paletos con gatillo fácil? ¿Angustia adolescente? ¡I’M IN! Olvidaros de los croissants rancios de Les Revenants y sus fantasmas sin sustancia, los zombis de verdad beben pintas en el pub con los amigotes. (Y luego las vomitan.)

In The Flesh

Por supuesto, y como en la mayoría de obras de temática zombi, la situación puede ser tomada como una metáfora, una alegoría sobre el miedo y la aceptación a lo diferente. Cómo la sociedad trata a las minorías. Como las personas reaccionan a los cambios. Me recordó a la primera temporada de True Blood, con los vampiros saliendo del ataúd, integrándose y luchando por sus derechos como ciudadanos. ¿Por qué no aplicarlo al género de moda? Habrá quien ponga el grito en el cielo y opine que un zombi no puede sentir nada, que no es más que un muerto que camina y se pudre. Curiosamente casi todos los zombis mueren definitivamente por destrucción de masa encefálica. ¿Y donde reside nuestro yo? Las emociones, los recuerdos, las decisiones, todo lo que forma nuestro carácter reside en el cerebro. Así que ¿por qué no puede ser posible una cura? Revertir el proceso de putrefacción, o al menos pararlo ya es posible. ¿Por qué tememos la imagen de un muerto viviente?

Porque no es más que nuestro reflejo, el monstruo interior que todos cobijamos y el terror que nos produce no es nada más que la idea de desaparecer como entidad, como personalidad, como conciencia, deshumanizarnos para no ser más que una carcasa pútrida sin voluntad de decisión. El terror de desaparecer. De morir. ¿Qué ocurriría si se pudiera volver? ¿Si la muerte no fuera el final? ¿Si tuvieras otra oportunidad para vivir pero primero debieras ser un no muerto mascasesos? ¿Y qué pasa si no se quiere volver? Hasta aquí, quien espere ver tiros, gore y cráneos blanditos como pulpa de melón se llevará un chasco. Pero no se alarmen, jóvenes castores, In the flesh no es The Talking farm. En el pequeño, aislado y ficticio pueblo de Roarton, la violencia es mucho más real y palpable. Los veteranos del HVF se mantienen como fuerza indiscutible del pueblo, a las órdenes del vicario de la iglesia, que ven la reinserción de los parcialmente muertos como una amenaza y harán todo lo posible por eliminarlos. Todos sabemos lo rápido que vuelan las noticias en un pueblo pequeño, así que la vuelta a casa de los no muertos no tardará en descubrirse, y con ellos, los conflictos no harán más que subir de tono.

amy

El apocalipsis interior siempre resulta más demoledor, más espantoso que enfrentarse a muertos andantes. Kieren Walker (humor británico 1: el zombi protagonista se apellida Walker, ¡Walker!) vuelve a Roarton con ración de apocalipsis doble, interior y exterior. Debe enfrentarse no solamente al cargo de conciencia de haberse comido a un par de vecinos, si no también a una familia rota primero por su muerte y luego su resurrección. Por no hablar de que el líder del HVF de su pueblo ya le odiaba desde antes de estar parcialmente muerto. A su alrededor se forma una historia llena de ternura, humor, violencia, drama y amor. Desde la amiga zombi que está encantada de haber vuelto a la no vida, al vicario de la iglesia que cree que los rotters son esbirros del mismísimo Diablo, a la hermana que se ve atrapada en la encrucijada de ser del HVF teniendo un hermano parcialmente vivo. No quiero desvelar mucho más de los personajes, quiero dar la oportunidad para sorprenderos, para emocionaros, para reíros con unos capítulos que están hilados muy finamente.

ren

Recalcar que la fotografía es excelente, que los parajes elegidos encajan a la perfección con esa idea de soledad, de aislamiento, de pobreza intrínseca y mental en una Inglaterra profunda en estado puro. Todos los personajes están bien definidos, a excepción, para mi gusto, de Rick, el amigo de Kieren, que quizá no tenga demasiado tiempo en pantalla. Y aunque haya algún momento culebronero, los diálogos son directos y creíbles. La caracterización es sencilla pero muy efectiva. Consigue lo que persigue, un sutil y ligero sentimiento de que algo está fuera de lugar. Y la selección musical se compenetra tan bien con los capítulos que se hace difícil pensar en otra banda sonora. No puede fallar el humor inglés, que refresca y da autenticidad a situaciones que suelen tomarse demasiado en serio en este género.

  • Lo mejor: El guión, las interpretaciones principales, toda la parte del proceso de rehabilitación (enfermera/asistente social incluida), Amy Dyer y sus ganas de vivir, los paralelismos con acciones racistas y/o fascistas. El acento british cerrao. Te quedas con ganas de saber más.
  • Lo peor: Alguna incongruencia en algún que otro personaje (sin duda marcado por la corta duración de la serie), te quedas con ganas de saber más sobre alguna que otra subtrama.

Dominic Mitchell ha firmado una de las mejores miniseries del año (una perita en dulce del género) y sin duda, ha dejado abierta la posibilidad de una continuidad con un final con varias incógnitas por resolver. Con los tiempos que corren y con The Walking Dead de capa caída (no en audiencia, sí en calidad de script)… ¡Que alguien resucite a In the flesh!


Categorías: Opinión Etiquetas:

25 comentarios

  1. […] Walker a un pueblo que todavía se lame las heridas del apocalipsis zombie. Su primera temporada nos encantó, así que esperamos repetir sensaciones con esta segunda entrega, en la que tendrán más tiempo […]

  2. […] a Keaton Henson en ídolo de corazones rotos? Hace ya unos días que la segunda temporada de In the flesh ha acabado, y aún así no puedo dejar de pensar en lo mucho que nos ha regalado en seis episodios. […]

  3. Ernes

    Una serie verdaderamente estupenda. A mí me da que los guionistas estaban esperando a que les renovasen una tercera temporada, de ahí la precipitación de los dos últimos capítulos de la segunda temporada. Es todo perfecto, pero el cierre es precipitado y lo que antes era creíble y bien llevado, pasa a tener poca lógica y a no entenderse.

    A la serie le pongo un 8,5. Inteligente, con humor británico, buena y crítica.

¡Únete a nuestra comunidad!

Déjanos tu comentario »