Homeland a la carrera

Desde el final de la pasada temporada ya había dudas de cómo se encauzaría la actual. El último episodio abría la puerta a un juego del ratón y del gato que, en principio, daba que pensar que sería el núcleo de esta tanda de episodios. Sin embargo, todo lo que ha pasado ha hecho coincidir a todo el mundo en que el ritmo de Homeland, sobre todo al inicio, era desbocado. A partir de ahí, de todo un poco, más allá de alabar de manera generalizada el valor de los guionistas a la hora de afrontar las tramas, se generan debates acerca de la conveniencia del ritmo, de si se quema trama muy rápido, o de si estamos en una huida hacia adelante. Si quieres hablamos ya más libres después del salto.

El planteamiento original de Homeland, descubrir si Brody era un traidor o un héroe, estaba superado desde el episodio 8 de la temporada pasada, y más que rebasado con el final de la propia temporada. Así pues, la intriga que alimentó toda la primera temporada, primero descubrir a Nicholas y luego saber qué se traía entre manos, estaba descartada para este año. La situación de partida, por lo tanto, se podría centrar, como esperaba la gran mayoría del público, en el juego del ratón y el gato de que primero Carrie recordara el cliffhanger final de la temporada pasada, y lograr desenmascarar a Brody. La premisa sería igualmente interesante y entretenida, pero a la luz de los hechos, hay una pregunta clara ¿habría sido Homeland fiel a sí misma si hubiera optado por este enfoque? Muchas personas acusaron el final de la temporada pasada de fácil y cobarde. Otros plantearon que la esperanza de vida de la serie bajo ese contexto quedaba muy reducida. En resumen, un Brody vivo, igual de traidor y sin desenmascarar podría haber divertido, pero sería una serie más policíaca que de intriga o de espionaje.

El inicio de temporada prometía u ofrecía continuidad a este escenario, y así era todo hasta el último minuto del segundo episodio. A partir del descubrimiento del vídeo de Brody tras tan solo dos episodios, esta teoría salta por los aires y nos deja a todos con la boca abierta. Es cierto que, haciendo retrospectiva del tándem Gansa y Gordon uno puede recordar enormes y brutales cliffhangers de 24 en tan solo 4 ó 5 episodios llevando la trama a extremos inimaginables para la ficción americana que no voy a detallar por no espoilear. Sin embargo, ese momento, que ha generado momentos de euforia entre los seguidores más clásicos de la serie y a los que se sumaron tras la riada de premios, abre la puerta a la intriga. Aunque aún tardaríamos dos episodios, esta claro que, a partir del cuarto se descarta la trama pillar a Brody, cosa que ya se ha hecho, y que el juego será descubrir algo nuevo. Algo que no conocemos y que debemos descubrir poco a poco a partir de lo que entresaque Carrie. Y aun así, como ocurrió en Marine One, apuesto por sorpresas mayúsculas.

Pensemos, entonces, lo siguiente. En cuatro episodios, sólo cuatro, se ha reconducido una trama que parecía inevitable para toda la temporada (pillar a Brody), y que, además, se rematará en el quinto episodio enterrando el dilema original de Héroe o traidor. En sólo cinco capítulos se da la vuelta a una temporada que apuntaba una inercia clara y se liquida la idea original de la serie para retomar su tono de espías que la llevó a una más que laureada primera temporada. Para hacer eso en poco menos de cinco horas hay que correr y mucho.

Sin embargo, ya había algunos comentarios en esta primera parte especialmente por el  tercer episodio.  El gran reto (y a mi juicio enorme éxito) de los guionistas de la serie es correr a la velocidad que lo hacen sin desubicar a los personajes. Homeland es una serie que es especialmente grande por la profundidad de cada uno de ellos y por el uso de sus motivaciones para explicar sus comportamientos individuales que asientan la trama. Para justificar el bandazo que supone la actuación de Carrie al final del cuarto episodio, con un odio contenido más que evidente, es muy necesaria la crisis del tercer episodio. El deleite interpretativo de la depresión de Carrie al final del tercer episodio ha dado lugar a elogios por la interpretación de Carrie, pero también de parodias y comentarios sobre la gesticulación y la inestabilidad del personaje (tanto en el Saturday Night Live de las últimas semanas, como en otros vídeos). Incluso (y aquí entono el mea culpa) hubo quién considero que se abundaba en la enfermedad y el sufrimiento de Carrie, pero, efectivamente, si no fuera así, la delación del cuarto episodio habría quedado coja, inexplicable o, en todo caso, mucho más superficial.

Así que nos plantamos en el episodio seis como si fuera una nueva temporada y, casi, una nueva serie. El eje ya no es la caza de Brody sino, como ocurre al principio de la serie, descubrir el plan de Abu Nazir. Para ello se lanza la idea de un nuevo ataque y se abre una trama que estaba “durmiendo” desde el final de la primera temporada, que es el topo. Para completar el conflicto entre Carrie y la agencia (ya hemos notado que Estes es un capullo)  nos ponen a un personaje nuevo, enormemente atractivo como es Quinn que pondrá en duda la fiabilidad de Carrie. El hecho de que Quinn sea carismático, muy listo y profesional hace que las dudas que pueda tener sobre Carrie sean, al menos, tan compartidas como las que podíamos tener al principio de la serie sobre la fiabilidad de sus corazonadas. Además, sabemos que Quinn es muy fiable, pero ¿para quién? ¿Para Estes? ¿Para el FBI? ¿De quién es su lealtad? Por su parte, Saul sigue siendo un apoyo básico para Carrie y para las investigaciones, es, casi con ella y Virgil, las únicas piezas fijas desde el principio de la serie. Sin embargo no son pocos los que apuntan a él como posible topo.

El otro pie sobre el que se asientan las incógnitas del equipo es la lealtad mutua y posible utilización entre Carrie y el buen Sargento. Ahora Nick es del equipo, pero por antecedentes y por lo apretado de la situación uno no puede saber muy bien de qué lado cae su lealtad, no ya tanto por Nazir, sino por su propia supervivencia. Por el otro lado Carrie, que en el cuarto episodio odia a Brody hasta un punto que se puede casi palpar pasa a un amor que no sabemos si interpretar como tal o como una técnica de manipulación. En esto Gansa, Gordon y el equipo de guionistas juegan muy bien enseñándonos lo justo para llenarnos de dudas y hacernos cambiar de opinión casi a ritmo de escena.

La intriga del ataque no ha dado de momento muchas pistas. Intuimos que es grande, que está muy meditado y que cuenta con un nuevo agente que, la verdad ha tenido una puesta en escena espectacular. No sabemos que plan tiene Nazir para Brody en él  y, es más, hay motivos para pensar que el terrorista debería sospechar que Brody esta quemado, y aun así, lo utiliza como pieza básica para su acción.

En el lado del topo, la verdad es que, de momento, me ratifico en que, en esta segunda temporada, no hemos visto realmente nada que sea explicable solo por el topo. Ni el registro del sastre, ni el presunto seguimiento son cosas que precisen inexcusablemente del topo para entenderlo. Solo el robo de documentos de Brody parece deberse únicamente al topo, pero tampoco parece un tema que toque directamente la trama en la que estamos… el topo podría haber sido, en ese caso, cualquiera, porque esa lista es un Macguffin en toda regla. En cualquier caso, parece que será uno de los grandes misterios que, espero, llegará a final de temporada.

Además de la trama principal, en los dos últimos episodios el plano personal de la familia Brody ha ganado peso y minutos de metraje. La mala relación con Jessica y todo el affaire Dana-Finn ha hecho que los más impacientes consideren que el ritmo endiablado de los primeros episodios no tenía nada detrás.

Mi teoría es otra. Homeland ha tardado sólo cinco episodios en redirigir el final de la pasada temporada hasta una trama que, de nuevo, tiene más de espías y de misterio que de policías. En los siete episodios restantes se ha de dar entrada a una nueva trama que, debe ser tan inquietante como lo fue la original, pero que, además, debe mantenerse a la altura. Es decir, estos episodios que han provocado un cierto backlash sobre la serie son los que deben asentar las tramas personales de los personajes para un final de temporada sólido. Lo más increíble de Homeland es que es una serie que el año pasado tuvo un final que gustaría más o menos, pero que no se encontró críticas sobre lo inexplicable de los personajes… es decir, la mayoría del público entendió las actitudes de todos ellos al final de la temporada, desde Carrie aceptando el tratamiento a Brody apretando el botón y luego no apretándolo.  Y eso es lo que hizo de ella una serie tan especial. Para que Homeland pueda seguir siendo tan grande como hasta ahora, no necesitamos solo hecho, sino, además, y muy especialmente, motivaciones. Y para eso, a veces, hay que ver hablar a la gente.


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