Hasta siempre, Doctor House

Si hay algo característico en el ser humano es la curiosidad, nada capta más nuestra atención y nos predispone a aprender que las novedades. No es extraño pues, que con las series nos ocurra lo mismo, y nos desvivamos por las nuevas ofertas dejando de lado las veteranas series en antena que en su día nos enamoraron. Les tenemos cariño, pero perdemos la pasión por ellas. Algunas tienen su parte de culpa, porque con el tiempo han perdido calidad y credibilidad en sus tramas. No es el caso de House, en que intuyo tiene más que ver el tipo de formato: la repetición semanal de enfermedades raras que se resuelven siempre por una asociación de ideas casual de nuestro brillante médico. Aún así, pensándolo fríamente, este no debería ser un motivo real de cansancio, ya que la resolución de misterios consecuencia de una sagaz detective es la esencia de toda novela negra de Dashiel Hammet, Raymond Chandler, Agatha Christie o el mismísimo Arthur Connan Doyle, y sigue funcionando y renovándose en la actualidad. Nuevamente pues, el factor novedad. Así que como somos algo más que naturaleza, y si reflexionamos podemos ser objetivos y conscientes de nuestra injusticia, he creído oportuno homenajear a House en su semana de despedida y ponerlo en su lugar, mostrando que no me olvido que ya revisionó Sherlock Holmes mucho antes que Guy Ritchie, la BBC y Lucy Liu, y que ya se hacía arte antes de Mad Men.

Creo que todos compartiréis conmigo el fenómeno que supuso House en España. Alzando a cuotas inimaginables de audiencia a una cadena secundaria y novata como Cuatro. Sólo recuerdo un efecto parecido con la primera emisión de CSI, que desató el furor por la criminología en el país, y cuyo visionado era sagrado todos los lunes cenando en casa de mis padres, en plena adolescencia, como lo era el de House, más tarde, los martes. Pocas series americanas han conseguido en los últimos años tal unanimidad en el público general aquí.

Sin duda, el gran acierto de la serie fue renovar tanto el clásico Sherlock Holmes por un lado como las trilladas series de médicos por el otro, fusionándolos para mostrar por primera vez en televisión un médico déspota con los pacientes, sin paños calientes ni amabilidad forzada, que a la vez era un genio de la deducción de misterios adicto a la vicodina. Dos pájaros de un tiro. En esta adaptación no podía faltar su fiel escudero Watson, Wilson, el contrario que le mantiene los pies en el suelo y le conecta con la realidad. El sentido común y la humanidad, representado perfectamente en este oncólogo que empatiza en exceso con sus pacientes.

Otro de los aciertos de la serie fue destinar un guionista exclusivamente para cada episodio. Esto ha permitido combinar concienzudamente los casos de enfermedades raras con pacientes con una historia y una moraleja que invitan a reflexionar sobre temas de actualidad y de la esencia humana, evitando así reducir el caso a un mero misterio a resolver. También ha servido para elaborar esa batería de rápidos, brillantes y brutales monólogos y diálogos para House. O las famosas consultas semanales express, que tantos momentos humorísticos memorables han aportado.

Lo que hace de una buena idea, una buena serie es la elaboración y complejidad de los personajes, no sólo de los protagonistas sino también de los secundarios, de los que ésta tiene muchos. Diferentes personalidades contrarias o parecidas a House han formado parte de su equipo durante estos ocho años . Desde el primero compuesto por: Cameron, la joven moralista que se enamora de su brillante jefe – que no podría ser una personalidad más clásica; Chase, el enchufado hijo de médico reputado, que con el tiempo ha evolucionado a mejor hasta quebrantar su juramento hipocrático para librar a un país de un señor de la guerra; y Foreman, no especialmente querido, el chico afro-americano de barrio que ha llegado a neurólogo gracias a su esfuerzo y ambición. Curiosamente este último ha terminado convirtiéndose en el jefe se su mentor, dando la sensación que ha olvidado cómo ha llegado hasta allí y gracias a quién. Hasta las posteriores incorporaciones de Taud y Trece. El primero es un personaje más maduro que la media, un infiel empedernido que cambia la provechosa pero aburrida cirugía plástica por el diagnóstico; la segunda, el gran descubrimiento del renacer de la serie en la cuarta temporada, la nueva sex symbol televisiva, Olivia Wilde. Una médica bisexual enferma de Huntington, que acabará conviertiéndose en la primera persona por la que House hace un acto altruista. En esta última temporada irrumpen con fuerza y no desentonan en el equipo las nuevas doctoras Adams y Park, más carismática esta última, que personalmente me hace mucha gracia.

Uno podría pensar que con la ausencia de actores y cambios de equipo la historia podría haberse resentido, pero no ha sido así, la encrucijada que supuso la primera disolución del equipo allá por la cuarta, se resolvió maravillosamente con esa hilarante yincana para elegir a los nuevos candidatos, que si han funcionado se han mantenido y sino, su despedida ha aportado un contraste y una reflexión sobre quién no puede con la personalidad de House y porqué, como Masters. Salvo Kudner, cuya salida sí fue abrupta, una lástima que la administración Obama nos lo robara.

Aunque ha tenido altibajos, la serie ha sorprendido incluso en sus últimas temporadas cuándo se creía que estaba agonizando, ofreciendo varios de los mejores capítulos de su historia: la maestría enlazando las alucinaciones con la muerte de Amber, zorra implacable, en el cuerpo de House y el corazón de Wilson, y su chocante regreso cuando creíamos que el romance con Cuddy por fin se había consolidado; el verdadero beso Cuddy-House tras el derrumbe del edificio, el psiquiátrico, la cárcel… Aún me estremezco con la angustiosa escena de la auto-operación de los tumores y se me pone la piel de gallina con ese My body is a cage de Peter Gabriel saltando desde la terraza del hotel. Sin duda la banda sonora cuidadosamente elegida y el talento musical de Hugh Laurie, han aderezado el saber hacer de los guionistas a la perfección.

Los que quieran disfrutar del último episodio en compañía de otros fans, la FNAC de Madrid, Barcelona y Valencia, junto a FOX, han preparado un visionado especial mañana a las 20:00. Por mi parte, declaro esta la semana de House, y os invito a comentar afectuosamente la despedida de una serie que ha podido gustar más o menos, pero que sin duda ha marcado una época. No sin antes hacer una mención a mi querida Desperate Housewives, que a pesar de sus errores sigue siendo especial para mí, porque con aquella voz en off a lo Sunset Boulevard fue la serie (junto con Lost) que me enganchó a ver las ficciones americanas al día. ¡Hasta siempre, Doctor House!


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