Girls y Veep, una temporada después

Hay series que te llevan al catre con un piloto, series que te gustan pero que aún no las conoces suficiente cómo para hacerlo, y series que directamente, ni por todo el oro del mundo. No te gustan para nada. A las dos primeras son a las que les doy más de una oportunidad, un bonus track de dos o tres episodios. En el primer caso, para comprobar que no es amor de un solo piloto brillante, y a la segunda para ver si su desarrollo, aunque más lento, puede llegar a conquistarme. A temporada terminada, toca revisar la evolución de las últimas apuestas de la HBO, para ver si coincido con mis propias primeras impresiones: Girls y Veep.

Girls quizá sea en la que más disiento conmigo misma. Las razones ya apuntaban a las informaciones y cómo nos la vendían desde el otro lado del charco. Si la promocionas como LA SERIE en que por fín voy a verme fielmente reflejada como mujer veinteañera hasta en el más mínimo detalle, es imposible que no me pase todo el rato comparando y me decepcione cuando descubra que no es así. Lógico. Por eso, no pude ver el piloto de Girls cómo cualquier otra serie sobre un grupo de amigas en la gran manzana, cómo Friends, Como conocí a vuestra madre o Sexo en Nueva York, cuyos protagonistas tampoco tienen nada que ver conmigo, pero los valoro tanto en su conjunto como uno a uno por separado.

Una de las ventajas que suelo tener cuando veo series es que empatizo enormemente con los personajes, los comprendo, los justifico e incluso mis cabreos, cuando matan a alguno con el que me he encariñado, son legendarios. Pero con Girls, la empatía se tranformó en recelo y en un cierto rechazo por la prepotencia que genera una serie y su autora autodenominándose “la voz de una generación”, y su horda de seguidores modernos que la consideran lo más trash del momento. Por suerte, el tiempo lo cura todo, y esa primera indignación se ha ido desvaneciendo gracias a la calidad de la serie, pudiendo disfrutarla al margen de esa campaña de marketing desafortunada, a mi parecer. No somos iguales, no vivimos la misma vida, ni incluso a veces las entiendo, pero he llegado a sentir curiosidad e interés por sus problemas y como los resuelven. Me río con los diálogos made in Dunham, comento con mis amigos lo que le gusta salir desnuda en sus propios guiones, me encantó el beso Marnie-Jessa, y me he quedado en shock al ver la decisión de esta última en la finale del domingo. Es decir, he llegado a vincularme por fín   emocionalmente un poco con la serie al conseguir obviar las diferencias con mi realidad.

Al igual que yo, las chicas han ido evolucionando junto a la serie. Sus vidas se han tambaleado para bien o para mal, incluso su amistad. Marnie se encontraba sumida en una relación seria desde hacía tanto tiempo que había llegado a creer que lo que necesitaba para volver a sentirse viva, era precisamente romperla. Para más tarde darse cuenta que no solo no es más feliz, sino que echa de menos a Charlie y va a la deriva en un mar de soltería con peces que no sabe si le gustan o sólo pesca por miedo a quedarse sola. Las chicas responsables tambén tiene derecho a equivocarse, por ello rompo una lanza a favor de este personaje.

Por otro lado Hannah, ha conseguido el compromiso y amor de Adam, pero una vez que la insegura escritora ha logrado por fín algo de lo que desea, no sabe como sobrellevar ese éxito y asustada ante la idea, rechaza la propuesta de Adam de vivir juntos y decide compartir piso con su ex-novio gay. No diremos que no nos atrae la idea de esos futuros rápidos diálogos “Hi J-Lo in the Grammys entre estas dos mentes ocurrentes. En este punto debo decir que mis simpatías por Adam, han aumentado. Aún siendo un espécimen extraño, los sentimientos por Hannah y la ternura que ahora demuestra con ella han mejorado mi concepto sobre él. Le ha cambiado incluso la expresión de la cara. Pero no por ello olvido, como mucha gente, sus injustificables actitudes en el inicio de la serie, que siguen provocándome arcadas.

Jessa, ha ido cayéndome cada vez mejor al pasar de ser una pedante moderna a tener verdaderos momentos de lucidez. Hasta la finale claro, dónde se ha casado con, atención, el tipo aburrido con el que nunca se hubiera montado un trío (ni ella ni yo) ni con el mismísimo Jason Momoa como invitado. Pensábamos que tras la reveladora reflexión que Katherine le hizo sobre que su comportamiento impulsivo y generador de problemas era simplemente una cortina de humo para no afrontar la ansiedad que le produce madurar y convertirse en la mujer que esta destinada a ser, centraría a Jessa, pero no ha sido así. Jessa ha optado nuevamente por el camino turbulento para convertirse en adulta: una rápida boda con un hombre mayor. Mientras, a Shoshanna la hemos dejado a punto de perder, su mayor preocupación, la virginidad.

Con Veep me ha sucedido algo parecido, aunque le vi posibilidades también he necesitado más capítulos para entenderla y definir mi concepto sobre ella. Sucede en las comedias distintas que cuesta hacerse al nuevo humor, y aunque en este caso el formato ya no resulta lo diferente que en su momento fue The Office y más recientemente Parks o Modern Family, el momento risa sigue sin ser explícito. Sigo pensado que a ciertas series les perjudica el calificativo comedia asociado a su nombre, parece que es obligada la carcajada, cuando en ocasiones el surrealismo es suficiente para brillar. Aun así, reconozco que, para mí, no esta al nivel ni de la The Office más floja ni de mi querida Modern Family, con las que he llegado desorinarme.

La serie gana con el paso de los capítulos, primero porque los proyectos políticos de la vicepresidenta que abrumaban en el piloto, ya no suenan a chino. Quedan más claros e incluso se crea una complicidad con el espectador deseando que se lleven a cabo, y segundo, porque esto se produce en parte gracias a que le coges a Selina el mismo tipo de cariño que a Leslie, esa mezcla entre ternura, pena y vergüenza ajena, gracias sobretodo a la siempre perfecta Julia Loius- Dreyfus, a la que como preveíamos no han tardado en poner nuevamente en las quinielas de nominaciones a los premios, y con razón.

En conclusión, mi opinión sobre las dos ha mejorado, incluso echaré de menos no encontrarme el próximo domingo con un episodio, sobretodo de Girls. Pero a pesar de todo, ninguna ha conseguido engancharme como para declararme fan, aunque me tienen a punto de caramelo, de momento, somos sólo amigos.


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