Feud: Bette & Joan: “You Mean All This Time We Could Have Been Friends?”

Nada mejor que dar el cerrojazo a esta fantástica historia, contada a través de ocho capítulos, que hacerlo titulando éste último como lo han titulado ellos. Un sensacional epílogo que pone de manifiesto cómo el mediático enfrentamiento entre dos actrices consagradas y representantes del mejor y más famoso cine que haya gestado Hollywood fue promovido e incentivado desde la sombra a veces y en otras de forma descarada, por aquellos hombres de la industria que únicamente atendían a los designios del dinero. Si había conflicto entre las estrellas, si se hablaba de sus desavenencias y peleas, si se recogía en revistas su odio…, mejor que mejor, porque esa repercusión sería trasladada a las salas de cine en forma de miles y miles de espectadores alrededor del mundo ansiosos por verlas juntas en la pantalla.

Sin importarles lo más mínimo las grietas y heridas dejadas entre dos mujeres tan tenaces como bellas, dos caracteres duros como pocos y forjados a base de golpes y recompensas que fueron dejando su huella en su parte más expuesta a las miradas, así como también en su interior, fueron ellos, esos hombres ambiciosos y con pocos escrúpulos, quienes soplaron las llamas de sus egos como actrices hasta que el gigantesco incendio provocado levantó en ellas ampollas incurables.

Desde que Ryan Murphy puso en marcha esta historia hasta que FX emitió el piloto el pasado mes de Marzo y del que ya dejamos nuestras primeras impresiones, todo apuntaba a que sería un viaje por el Hollywood de antes, una especie de “documental” para enseñarnos los entresijos de la industria de aquellos años a través de sus dos actrices más representativas: Bette Davis (Susan Sarandon) y Joan Crawford (Jessica Lange).Lo que no sabíamos ni preveíamos era que tras el aparente envoltorio se escondería una narrativa que nos mostraría la parte más profunda, la esencia de una vida, de unas relaciones y donde el viaje hacia la vejez se nos revelaría de la forma más cruel posible. Porque aquí no hablamos de personas normales con vidas normales y haciendo cosas normales, sino de dos actrices volcadas en su trabajo y, por qué no decirlo, cegadas por él y por una fama que se cobraría con creces, emulando tal vez la leyenda de Fausto, no sólo la posesión de sus almas sino la de sus propias vidas.

Si existe una representación de lo que es y significa el ocaso de una estrella, además de la afamada “Sunset Boulevard” de Billy Wilder, es esta serie de Feud. La diferencia con aquella es que aquí ese trágico destino se va fraguando lentamente, paso a paso, y así y en cada episodio hemos podido ver que la meta, el punto final, sería inequívocamente trágico. No se nos muestra el final de Bette, sus últimos días, pero sí el de Joan y es a ella a quien seguimos durante la mayor parte del episodio final y en quien recae toda la fuerza dramática del capítulo.

Joan ha perdido su mansión tras despedir a su fiel acompañante Mamacita porque no tenía dinero para pagarla y porque esta no soportaba ver el deterioro de su “señora”. Aunque hacia la mitad del capítulo recuperemos a su doncella-secretaria-guardaespaldas… quien se ofrece a trabajar a tiempo parcial para ella, más por compasión y pena que por otra cosa. Ya sola y sin compañía alguna, Joan vive ahora en un pequeño apartamento donde la vemos cocinando, limpiando y fregando el suelo de la cocina… ¡de rodillas! Su aspecto estremece pero no tanto por lo físico, que también, sino porque da pena. Una pena enorme al verla así y que se cuela en nosotros para encogernos el corazón. Un detalle más de su deterioro físico y el abandono para sí misma, nos llega una noche mientras se cepilla los dientes y vemos que sangra. Cuando acude al dentista, éste observa, además de constatar una infección generalizada en su boca, que le faltan ocho molares, cuatro de arriba y los cuatro de abajo. Sonriendo, ella le cuenta que cuando empezó su carrera como actriz siendo muy joven, un agente que tuvo le aconsejó extraerlos porque, según le dijo, haciendo eso su cara adelgazaría y sería más fotogénica durante años.

Sacrificios y más sacrificios con el fin de alcanzar su objetivo. Enferma como estaba y conociendo que su fatal destino pudiera no estar tan lejos, decide reconciliarse con su pasado más familiar. De las dos hijas de su primer matrimonio, una de ellas la visita y lejos de reprocharle su actitud de lejanía con respecto a ella, se muestra tremendamente agradecida por todo lo que le dio durante estos años.

Mientras tanto, Bette sigue con la suya ajena a lo que le ocurre a Joan. Apenas le llegan papeles para interpretar y ya solo la llaman para alguna aparición en determinados eventos y entrevistas cuya repercusión e impacto mediático son inapreciables en comparación con anteriores etapas suyas, pero que le permiten sacar algo de dinero. Si a esto le sumamos que la relación con su hija está rota, vemos cómo en la intimidad y fuera de las fiestas hollywoodienses, ella también está recorriendo un calvario. Pero si hay algo que nos ha dejado ver esta serie, es que Bette era una mujer fuerte como pocas y con un sentido de la libertad e independencia que nada ni nadie había logrado subyugar. Nada sabe de Joan, ni le interesa saberlo. Su manifiesta enemistad le hace ignorar cuantas noticias le llegan sobre ella hasta que le informan de una que la deja paralizada: Joan tiene cáncer. Estremecida, coge el teléfono y se dispone a llamar a su “adversaria” pero lo piensa y al final desiste perdiendo una oportunidad de oro para que la reconciliación entre ambas llegase por fin. Un encuentro con reconciliación que yo, y supongo que todos, deseábamos se produjera. Pero que no fue así.

Menos mal que para eso está Ryan Murphy quien nos regala en éste último capítulo una secuencia magistral, una invención, una fantasía de esas que quedarán grabadas en la memoria televisiva donde planos y diálogos se alternan y superponen para lanzarnos el mensaje sobre lo que podría haber sido y no fue: Con una Joan a quien su demencia ya le jugaba malas pasadas, una noche se levanta de la cama porque ha escuchado hablar a gente en el salón de su apartamento. Con el pelo suelto, despeinada, la cara desencajada, en camisón y sin rastro alguno del atractivo físico del que gozaba, caminando a duras penas se dirige a la estancia y los ve:

Hedda Hopper y Jack Warner, dos de las personas que más repercusión tuvieron en su vida aunque por motivos distintos, están sentados entorno a la mesita el uno frente a la otra, vestidos de gala y bebiendo mientras hablan y ríen. La toma que vemos de los dos es desde los ojos de Joan y entonces es ella misma la que se cuela en el plano pero ahora va vestida de gala. Saluda, y mostrándose feliz, muy feliz por tenerlos allí, se sienta con ellos a beber y conversar. Pero a esa mesa le falta un invitado, una invitada en este caso. Una radiante Bette aparece de entre las sombras de la habitación para sorpresa de los tres y se incorpora al encuentro. Los cuatro nos brindan mediante esta representación metafórica los mejores años de Hollywood donde todos brillan rezumando glamour mientras hablan, ríen, beben y fuman contando anécdotas en las que estuvieron involucrados. Y todo en una armonía que no habíamos visto en ninguno de los ocho episodios de esta historia. Es precisamente Hedda, la que haciendo mención al paso de los años de todos ellos, la que suelta esta frase antológica:

Bette and Joan will always be young and beautiful, always perfectly captured in their prime, in riveting black-and-white as the statuesque beauty of Grand Hotel.

Pero probablemente el momento más revelador es cuando Joan dice que no sabía quién era cuando no era una estrella de cine: la figura de “Joan Crawford” se había impuesto a Lucille Le Sueur de manera tan contundente que ya no reconocía su verdadera identidad cuando se encontraba sola.

Y es aquí, en el final de ese encuentro imaginario, cuando Joan se dirige a Bette con esta pregunta que da título al capítulo final:

You mean all this time we could have been friends?

De éste sueño, de esta demencia, Joan es despertada por Mamacita quien la ve sentada sola en la mesa y hablando… para nadie. Una situación inexistente pero que nos sirve como enseñanza de cómo las cosas que ocurrieron bien podrían haberlo hecho de forma muy distinta a como lo fueron.

En la gala de los Oscars, las estrellas y actores invitados se toman un descanso bebiendo y hablando mientras por una pantalla se está transmitiendo el momento “In memoriam” que recuerda y homenajea aquellos fallecidos desde la última gala. Tras varios rostros aparece el de Joan Crawford y es precisamente Bette la que, copa en mano y fumando, hace una reflexión en voz alta sobre lo poco que significa el trabajo de toda una vida como actriz cuando Hollywood le dedica apenas dos segundos a la homenajeada.

Y ya casi al final del capítulo descubrimos cómo las dos líneas temporales representadas por el pasado de las actrices y por las entrevistas en el presente más cercano hechas a otras actrices contemporáneas suyas como Olivia de Havillan (Catherine Zeta-Jones) y Joan Blondell (Kathy Bates) a quienes se les entrevista sobre Joan y Bette, confluyen para enseñarnos que ninguna de estas quiso participar en aquél documental que no hablaba sobre ellas y su trabajo como actrices reconocidas, sino sobre su enfrentamiento.

Estrellas que brillaron representadas aquí por otras dos estrellas Susan Sarandon & Jessica Lange que brillan y levitan sobre sus propios registros interpretativos sin que les haga falta nada más que su pasión por la escena. Estrellas fugaces en un tiempo que, desde nuestra perspectiva, ahora se nos presenta demasiado corto pero que duró toda una vida. Un homenaje a esas mujeres que lo dieron todo por su profesión abriéndose hueco en un mundo donde los hombres que regían los destinos de la industria marcaban e imponían su estética y sus preferencias anteponiendo su ambición a cualquier otro sentimiento.
Es curioso cómo para reforzar este hecho, Muphy recurre a un personaje inventado y por tanto inexistente en la historia real de estas dos actrices, como el de Pauline Jameson (Alison Wright). Una joven recién llegada a Hollywood como simple ayudante pero que escribe guiones y aspira a ser directora algún día, y que se topará una y otra vez, por ser mujer, sólo por eso, con las reticencias, dudas y desprecios de los hombres de la industria.

En los créditos finales se nos mostrará el verdadero destino de aquellas y aquellos que sobrevivieron, con distinta fortuna –alguno incluso con bastante fortuna como es el caso del director Robert Aldrich quien años después batiría récords de taquilla con la famosa “Doce del patíbulo”– a ese mundo de cartón piedra en el que Hollywood había transformado sus vidas.

Bette & Joan se terminó, pero Ryan Murphy nos propone para la siguiente “Feud” un viaje desde la colinas de Hollywood hasta Buckingham Palace donde otro odio entre una pareja de distinta naturaleza, pero odio al fin y al cabo, nos será revelado. Una nueva historia a la que deseo con todas mis ganas que nos atrape de nuevo tal y cómo lo ha hecho esta.

¡Allí nos veremos!


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4 comentarios

  1. sofi

    Yo acabo de ver el último capítulo y la verdad es que me he quedado conmocionada al ver el final de una de las estrellas más representativas de la edad dorada de Hollywood, como era Joan Crawford. De ser toda una diva, arrogante y que creía que todos estaban a su disposición, terminó enferma, olvidada y abandonada por todos aquellos que alguna vez se hicieron llamar “sus amigos”.
    Mejor no pudo haberlo dicho Mamacita, cuando dijo que todos fueron a su entierro, grandes celebridades y antiguos amigos, pero cuando estaba viva y necesitaba de ellos, nadie se acordó de buscarla. Una lástima que eso pase siempre, pues pensamos que tenemos todo el tiempo del mundo para llamar o visitar a familiares y amigos que no vemos de tiempo, olvidando muchas veces que nadie tiene la vida comprada y que podemos dejar este mundo de un momento a otro.
    También pudimos ver lo machista que era Hollywood y el mundo en general en ese entonces. No digo que el machismo haya desaparecido por completo, pues hace poco leí que varias actrices estaban protestando por igualar sus sueldos al de sus pares actores. Pero al menos hemos avanzado al punto de que ahora hay mujeres productoras y directoras, tan buenas o incluso mejores que los hombres.
    También fue una lástima ver que esa dos grandes actrices pudieron haber sido amigas, si es que la prensa y su entorno no hubiera avivado la enemistad entre ellas, por eso me gustó la alucinación de Joan poco antes de morir, en que se reencontraba con las personas que más habían influenciado, para bien o para mal, en ella y aunque sea en su mente, pudo reconciliarse con el pasado.
    Fue realmente un gran placer ver esta gran serie. Comprobar que para llegar a la cima se necesitan grandes sacrificios y que muchas veces al final terminan olvidados o recibiendo escaso reconocimiento. Bien lo dijo Bette Davis, cuando presentaron “In Memorian” en los oscares: “Cincuenta años dedicados al cine y sólo dos segundo para recordarlo”

    • Tienes razón, Sofi. A mí es una serie que me ha emocionado. Ese tránsito, ese viaje hacía la vejez que estamos recorriendo todos, todos los días, es diferente por dramático en ellas, que viven de su imagen y apariencia sin tener en cuenta su talento como actrices. Pena, es el sentimiento que nos queda al final.

      Gracias por comentar!!

  2. Guille

    Ha sido un serión estupendamente actuado, con una temática muy interesante y muy bien adaptado, hay escenas calcadas de los rodajes o fotos reales. Un par de detalles, el tema de la hija internada en la institución se lo has achacado aquí a Joan, cuando era la otra hija de Bette. Y por otro lado mención especial al rodaje de la terrible Trog, que es completamente real (no he visto la película pero las imágenes que encuentro son calcadas a las vistas en este episodio), se ve como Joan trata de interpretar de manera seria en lo que es un despropósito de serie, ya no B, sino Z. Ryan Murphy no da puntada sin hilo y vuelve a empoderar una vez a la imagen femenina y a lo que nos cuesta la ambición. Me quedo con muchas ganas de ver la segunda temporada para descubrir que otro tema serio nos introducirá para darle empaque a la historia entre Charles y Diana. La pregunta ahora es ¿Cuántos globos de oro caerán? Yo creo que alguno irá para Sarandon, porque Lange tiene uno bastante reciente, aunque tras este capítulo (que es en el que Lange se luce más) para mi están a la par, ojalá uno conjunto.

    • A mí me ha parecido una serie soberbia y con un capítulo final excepcional. Y las interpretaciones, tal y cómo expones, de tal riqueza de registros que seguro que caerán los premios. Lange&Bette, Bette&Lange, da igual porque ambas demuestran lo grandes que son, aunque Jessica Lange se luce en éste último como nunca. Y sobre la hija, es cierto que relacioné a la hija pequeña de Joan con la deficiencia mental de Margot, que así se llamaba la hija de Bette Davis, porque recordé aquella escena con el directivo de Warner y el Director, creo, cuando les dice lo costoso que es el mantener la educación de su hija. Ya está corregido xD. Y sobre la siguiente temporada, espero y estoy convencido de que así será, que Murphy irá más allá de las portadas de revistas del corazón que atiborraron los kioscos de la época, y nos brindará la esencia de una relación enfermiza y condicionada por tantas cosas y tanta gente, y cuyo fracaso fue la crónica de una muerte anunciada…y nunca mejor dicho.

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