Emmy 2010: Mejor actor de drama

Es, seguramente, la categoría más reñida de los Emmy de este año. Bryan Cranston podría, sin el menor de los remordimientos, llevarse su tercer premio consecutivo a casa. No sería un injusto vencedor. Pero, ay amigo, Walt comparte nominación con cinco gigantes. Empezando por tres grandes olvidados: Jon Hamm, el Don Draper de Mad Men, Hugh Laurie, el Gregory House de House, y Michael C. Hall, el Dexter Morgan de Dexter. Para los tres ésta es su tercera candidatura consecutiva (en el caso de Laurie, la cuarta, y la quinta en total) y supongo que creen que Cranston debería ceder el relevo. Pero que no se despisten: en la carrera también hay dos debutantes con opciones. ¿O acaso alguien se atreve a descartar a Kyle Chander y Matthew Fox?

Bryan Cranston (Breaking Bad), por María Lage
Bryan Cranston es un profesional impecable, lleva tres años convenciéndonos de que Walter White es un buen tipo y nosotros simplemente nos lo creemos; a pesar de que le hemos visto hacer alguna que otra cosa impropia de lo que entendemos por “buen tipo” continuamos defendiéndole, preocupándonos por él y angustiándonos cada vez que se encuentra metido en problemas o cuando no puede matar a una mosca… A lo largo de tres temporadas el personaje ha crecido y ha cambiado, no sé si ha mejorado o ha empeorado como individuo, pero sé que a mí me encanta…

Michael C. Hall (Dexter), por Isabel Hernández
Cuesta imaginar a otro actor distinto a Michael C. Hall encarnando a Dexter. Si este personaje hace temblar los cimientos de nuestra moralidad se debe, en gran medida, a Hall. Es capaz de sonreír con simpatía ofreciendo donuts a sus compañeros de trabajo, mostrarse cariñoso con su mujer e, incluso, comprensivo con su hermana. Pero tú y yo sabemos que, en el fondo, el analista de sangre está vacío por dentro. Y eso nos encanta. Pocos actores son capaces de expresar tanto con una mirada fija acompañada de su increíble voz en off. Hall ha hecho posible el concepto del “adorable psicópata”. Y eso demuestra su enorme talento.

Kyle Chandler (Friday Night Lights), por Dani Rodríguez
Es complicado destacar en una serie donde compartes casi todos los planos con Connie Britton, que es suprema, y donde tus alumnos son monstruos de la talla de Zach Gilford. Pero sí, ahí está Kyle Chandler, comiéndose la pantalla siempre. El coach casi interpreta mejor lo que calla que lo que dice, porque sus miradas y sus gestos de morderse la lengua son pura magia; pero a la hora de la verdad, en el momento de soltar esos discursos, de animar a Tami o de reñir a un panther o a un lion con este tono agresivamente suave tan suyo… ahí también sabe ser el mejor. Kyle Chandler ha elegido un capítulo de derrota para combatir por la victoria en los Emmy; Eric Taylor hubiese hecho lo mismo, porque son tal para cual.

Hugh Laurie (House), por Noèlia Binefa
Mucho podría decir de Hugh Laurie, pero nada que no se sepa. Habrá a quien le gusta más o menos su papel y la serie de la que es protagonista, House, pero creo que nadie puede negar que es un gran actor. Gregory House es el médico con el que temes encontrarte en una consulta, aquél que rezas para no tener de jefe ni de vecino, pero que sin duda, si alguna vez tienes síntomas raros ¡deseas toparte! Es astuto, inteligente y con una capacidad de observación y asociación irrefutable. Pero en el fondo no es más que un solitario y enfadado ser humano, con miedo a querer y ser querido, con una actitud a estropear todo aquello que le importa. Y Hugh es ese intérprete que sabe eliminar su acento inglés para imitar el americano, que habla a cien palabras por segundo, ese tipo tan puesto e integrado en su papel que ha tenido importantes crisis de identidad porque veía que había cruzado el límite de la línea que le separa de su personaje. Ese actor que ha sabido mantener la atención y calidad durante seis temporadas, y eso tiene mérito viendo que él acapara el 90% de las escenas, ese hombre que nos ha emocionado en tantas ocasiones, nos ha hecho llorar, reír, odiarle, quererle… y todo en cuestión de minutos de diferencia, todo un mérito hoy en día.

Matthew Fox (Lost), por Dani Rodríguez
Cuenta Andreu Buenafuente los problemas que tuvo en un cameo cinematográfico para decir una palabra. Sí, su papel se limitaba a decir una sola palabra: “perdón”. Y, pese a lo sencillo de la tarea, él sentía que era complicadísimo darlo todo en tan poco tiempo, jugárselo todo en dos sílabas, y que cuanto más ensayaba ese perdón, peor le salía. Me imagino los mismos problemas en el caso de Matthew Fox ante su titánica tarea: cerrar Lost. Cerrar un ojo y cerrar Lost, la serie por excelencia durante más de media década. Me lo imagino ensayando ante el espejo, parpedeando, cerrando el ojo demasiado deprisa, demasiado despacio, con un ligero temblor en el párpado… Fox lo clavó. Como ha venido clavando a Jack durante todos estos años, y en la sexta más, de vuelta al centro de un escenario del que nunca bajó del todo. Sus escenas este año incluyen sonrisas y lágrimas, como siempre, y Matthew las ha sabido expresar con una emotividad fuera de toda duda: ved una vez más The End y lo comprobaréis.

Jon Hamm (Mad Men), por Gloria Bravo y Sol Martí (¡doble defensa para un mad men!)
Jon Hamm, la elegancia hecha hombre, capaz de hacer que un personaje como Don Draper, con sus luces y sus sombras, sea admirable. Un galán propio de los años 60, triunfador, seductor, sofisticado y elegante. Don lleva una doble vida, una faceta familiar, de padre amantísimo y marido agradable, y otra cara más oculta, en la que saca su lado conquistador para llevarse de calle a casi cualquier mujer que se ponga por delante. Y todo eso gracias a Jon Hamm, dando vida a semejante personaje, de manera soberbia, sin hacernos dudar un solo momento de él. Es el alma de Sterling Cooper, el alma de Madison Avenue, en definitiva, el alma de Mad Men.
Si tuviera que resumir en una palabra qué es Jon Hamm, sería carisma. Un carisma que desborda la pantalla hasta llegar al otro lado haciendo que te creas que Don Draper existe, que fuma mientras trabaja, que se bebe un whiskey a media reunión mientras desprende testosterona y que, con un poco de suerte, si me pintó los labios rojos me seducirá en medio de un bar lleno de humo y pasaré a engrosar la lista de sus múltiples amantes. Hamm no es sólo carisma, es un actor solvente cargado de talento que le permite dibujar con precisión ese Don Draper que esconde en su interior, Dick Withman, su verdadera indentidad y puedes ver como en su mirada Don lucha para esconder a Dick, sólo con un gesto de Ham puedes ver cuándo aparece Withman para hacer desaparecer a Draper. En esta tercera temporada ya sólo por la escena en la que revela a su mujer Betty la verdad merecía esta nominación y las que seguirán.


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