El poder de Gary Bell

Soy mitómano y compulsivo, así que lo desvelo antes de que me notéis el plumero: Gary Bell es, para mí, el corazón de Alphas, la serie del verano (la serie de SyFy). Por él me gusta tanto, por él (mayormente) se ha convertido en una grata sorpresa, y por él he decidido seguir una estricta rutina a la hora de degustar –tardíamente, apenas he alcanzado el capítulo 8– esta ciencia-ficción extrañamente hiperrealista, siempre dentro de los cánones que marca la casa de Galactica. Un capítulo por semana, porque lo bueno, de poco en poco. Ésta va de superhéroes, por si alguien no se ha enterado todavía, aunque el cartel promocional se me hacía a mí una especie de The Killing mezclada con película de Ryan Gosling. Pero no, Alphas es Heroes hecha con sentido común, cariño, serenidad y buen entretenimiento, palabra que siempre debemos aplicar a lo que nos mola de la tele. Como siempre, voy tarde, mucho, pero ésta es mi carta de amor a este super-tío, a sus colegas super-mujeres y super-hombres, al muy humano doctor Rosen e incluso a Summer Glau, que por fin interpreta a alguien con ínfulas de humanidad y sentimientos.

Hay algo diferente en Alphas. Su look del montón, que se notó desde el minuto uno del extensísimo piloto (esa fotografía, tan española y tan plana), la favorece y la honra cuando nos damos cuenta de que es una serie única. Razones había, y a puñado, para desconfiar: Zak Penn, guionista de ElektraElektra!) y la tercera de X-Men (¡la tercera de X-Men!) pone la idea. En 2007, se ahoga en la ABC. Y para que pase de ella la cadena que da luz verde a un remake de Los Ángeles de Charlie, vista Demi Moore y toda la pesca, es que algo pasa. Aquí tenéis la historia completa, después de todo. La cosa es que, mal herida, vaga durante largo tiempo de mano en mano. Alphas es desde el principio una marginada televisiva, y luego cae en manos de Syfy. Que no es sanadora, es muy friki y le gusta el rollo raro meloso y heroico. Trabaja duro y la lleva a Maquillaje, metiéndola en el mismo túrmix que Warehouse 13 y Eureka, serial de/para gente lista que a mí siempre me ha parecido sosilla y muy excluyente, con vacas partidas por la mitad. ¿Y tras todo este párrafo qué ha pasado? Que nos nace una serie genial. Zak Penn, al fin y al cabo, resucitó a Hulk; y SyFy es una experta en el tema. Alphas lo tiene todo, aunque a sus señoras actrices les falte un poco de chicha.

No cae en el procedimental facilón y siempre útil como Casa Franca habitual en, por ejemplo, cosas como los Stargate, aunque muy respetables, y sabe juguetear con lo que tiene (personajes como Hicks o el enorme Gary); se reinventa con capítulos anormales cuando le sopla el viento sur y, lo mejor, tiene grandes ocurrencias para tratar las habilidades especiales. Esos ataques de ira del episodio tres o, lo dicho, la puntería de Cameron. Eso me gusta, porque al final todo en Alphas tiene un aire de frescura. Es resolutiva y dibuja personajes extrañamente interesantes, véase tipo-muy-turbio-heredero-de-Monk en el primer capítulo o el que hizo Summer Glau, que no sólo cambia de registro tiñiéndose el pelo a lo Pícara. La chica le pone empeño. Dentro de sus limitaciones: esa expresión facial que provoca puro terror en una noche de invierno, sin luces y con la pantalla a todo brillo con su cara-pan.

Pero lo supremo es, y ya lo digo, cómo nos enseñan a los personajes protagonistas, y cómo se nota el empeño en que cada uno tenga su cacho del pastel a medida que pasan los capítulos. En uno sabremos más de otro, y les iremos conociendo. Entregas episódicas, o casi. Algo que cuesta, el conocerlos y empatizar con ellos, teniendo en cuenta que son caras desconocidas (nosotros, reacios a ellas), por mucho que hayamos visto a Ryan Cartwright en Bones o muy a pesar de que Lee Rosen sea clavadísimo a la versión envejecida y eco-friendly de Desmond Hume que nunca vimos en Lost.

Es Cartwright el que se come la serie con Gary Bell, una genuina y muy trabajada interpretación del autismo que me tiene fascinado. No sólo es un personaje adorable, un mundo entero por descubrir –como todos los autistas,– es la nota de diferenciación más clara que hace de Alphas algo que vale la pena, y muchísimo. Es la señal más evidente de que la gente detrás de la serie se ha partido el cuello para que, detrás de un punto de partida mascado y con mala prensa en televisión (sólo Misfits parece salir victoriosa del duelo de las super-gentes, y esto lo digo en plan luto), haya algo que guste al público escéptico y fatigado de la dañina jodienda que ha hecho el flequillo de Peter Petrelli. Nada que envidiar tiene el actor que hace de Gary, esforzadísimo Cartwright, al honorabilísimo Hoffman, el Babbitt de Rain Man, la cosa más ochentera que he visto en las últimas setenta y dos horas, con permiso de El Club del los Cinco. Pero no quiero meterme en los embarrados terrenos de la crítica a la actuación, que no tengo ni puñetera idea.

Digo yo: Gary Bell es puro espectáculo, a nivel de personaje y a nivel de interés social, y a su alrededor giran elementos tan interesantes como la imperfección de ese particular doctor Xavier, al que se le va el asunto de las manos (fuera la sabiduría dogmática del lisiado calvo), la tozudez de los hombres y la inseguridad de Rachel, que asimismo es el símil del personaje de Anna Paquin en las pelis de Marvel.

Conclusión: Alphas mola mucho. Gary es un personaje sin igual. Y voy a disfrutar como un enano del resto de capítulos de la primera temporada.


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