Crematorio, la alternativa española

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No suele ser costumbre de este blog pararse demasiado a mirar lo que pasa a este lado del Atlántico, excepto si viene de Inglaterra, cuna de Skins y Misfits. Pero por Crematorio merecía la pena saltarse las normas y concederle una oportunidad a la ficción patria: las fabulosas críticas que la serie ha ido recibiendo desde que se estrenase en Canal + no dejaban elección. Así que el lunes por la mañana me levanté con una extraña sensación, y luego caí en la cuenta: “Esta noche tengo que ver algo en la tele”. ¡En la tele! ¡Una serie! Impresionante, estaba hasta nervioso. ¿Y si llegaba tarde? ¿Y si me perdía los primeros minutos, o incluso la intro de la serie? Sufrí en vano. Primero, porque no recordaba que las cosas aquí nunca empiezan a la hora; segundo, porque durante el día me atacó un gripazo y a la hora de la verdad estaba metido en la cama. El martes, cuando ya me encontraba algo mejor, visité la web de laSexta en busca del capítulo, pero me di con un palmo de narices: ni rastro de él. Así que recurrí a los métodos habituales. Descubrí que laSexta no se puede quitar la santa manía de quemar las cosas, y ha emitido ya dos episodios, ritmo que seguirá manteniendo y que condensará los ocho capítulos en 20 días. Ah, y mi miedo a perderme la intro estaba infundado. Creo que es lo peor de la serie con diferencia… No es que no me guste Loquillo, es sencillamente que no acabo de ver la relación entre la música y la trama.

Lo dicho: laSexta ya sacó anteanoche dos episodios. El primero, Toda la paz del Mediterráneo, reunió a 1.628.000 de curiosos, de los cuales unos 300.000 se cayeron en la emisión del segundo, El barranco. Sé que soy muy pesado con este tema, pero no me cabe en la cabeza que quieras quemar así las cosas. ¿A qué hora empezó el 1×02? ¿A las doce de la noche? Poco faltaría…

En fin, vamos a la serie en sí. Como todos sabréis a estas alturas, Crematorio gira entorno a la corrupción urbanística, a los negocios oscuros, a las turbias tramas de favores, a todo eso que lleva tanto tiempo llenando periódicos y que tiene buena culpa de que las cosas estén como están. Un reflejo de la España de los últimos años, sin duda. La acción se sitúa en la ficticia Misent, trasunto de casi cualquier localidad costera de Levante. Para contarnos la historia, los Bertomeu y alrededores. Una familia bien, con pasado semiburgués, siempre dedicada al negocio de los naranjos hasta que el ambicioso Rubén (el protagonista, el gran Pepe Sancho) da un giro y empieza a apostar por el ladrillo. Bueno, y no solo por el ladrillo… La serie se desarrolla en dos tiempos: el presente y los años 80. A través de ese pasado podremos entender las dinámicas de los Bertomeu hoy en día, porque digamos que no son precisamente una familia modélica. En realidad no son estrictamente una familia en el sentido más cariñoso del término; más bien han dado ya el paso que toda familia dramática televisiva que se precie acaba dando, y son ya un clan. Los Bertomeu.

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¿Qué merece la pena de Crematorio? Todo un poco, porque lo que hace buena a la serie es el conjunto. Rompe con uno de los defectos más comunes de las series españoles: no parece de mentira. Es un muy buen producto en lo audiovisual, pero también a nivel interpretativo y seguramente argumental. Le favorece el beber de un guión ya hecho, la novela homónima de Rafael Chirbes. Y tiene paciencia. Mucha paciencia; a decir verdad, el piloto se me hizo demasiado lento, pega que en el 1×02 quedó corregida. Es de suponer que el ritmo irá in crescendo cuando al intocable Rubén se le tuerzan las cosas. De momento, me gusta la mezcla de la trama familiar con la del desbocado Collado, todo ello salpimentado con los diálogos en ruso y con unos flashbacks muy interesantes. Y hablando de los flashbacks… quizá me equivoque, pero en una serie española normal las cosas hubieran ido al revés: al final del primer capítulo habríamos visto la llegada de los caballos al picadero, y al final del segundo sus huesos. Alterar el orden es un pequeño desafío al espectador. Seguramente es una tontería, pero a mí me dio que pensar…

Finalmente, la historia del escribano hortelano:

Desagradable pero brillante manera de enseñarnos algo más sobre los personajes, ¿no? La crudeza de Rubén contrasta con la cara de poker de su novia Mónica. Por cierto, si queréis ver cómo se come un escribano hortelano echadle un ojo a este vídeo. Sí, desagradable…

Es agradable ver de nuevo a la gran Alicia Borrachero, que espero tenga un papel más activo en el futuro, y también a su excompañera en Hospital Central, la cada vez menos sorprendente Juan Acosta. Y digo cada vez menos sorprendente porque ya no me parece raro que lo haga bien: en Carlos estuvo estupenda y aquí promete. Bravo también por Pep Tosar, su Collado es de esos personajes que desencadenan tramas. Quizá la que menos me convence, por estereotipada, es la adolescente de turno. Londres, tatuajes, piercings… ¿y coche de empresa? ¿Y lo arruinas con una fiesta en un piso vacío? Pereza. En fin, qué mas da, Pepe Sancho se los comerá a todos.


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