Breakout Kings: La resurrección de T-Bag

Puede que para un yanqui Fox River no sea más que una zona de Alaska, un río de Wisconsin o el nombre del vecino del quinto, pero para nosotros es y será siempre el escenario de la temporada más adictiva, sorprendente e inolvidable de Prison Break. Fox River es la prisión que puso patas arriba Michael Scofield, que estuvo a punto de acabar con Lincoln Burrows y que vio nacer a personajes tan inmensos como Charles Westmoreland, John Abruzzi o Theodore Bagwell. Por eso esta semana esperábamos con un cariño muy especial un episodio de Breakout Kings titulado The Bag Man, el episodio de la resurrección de T-Bag, el episodio en que por una hora volvimos a Fox River.

¿Y cómo es volver a Fox River? Mentiría si dijera que no me ha parecido el mejor episodio de los tres que ha emitido la serie, pero mentiría aún más si dijera que no fui un fanático loco de las dos primeras temporadas de Prison Break. Puede que mi juicio esté nublado por los recuerdos, pero es que, gente… ¡era T-Bag! Era T-Bag en el primer hardcore crossover de la historia, con el salto de un personaje entre cadenas y con varios años de diferencia. Y todo eso partía de Fox River, donde el bueno de Theodore ya había recuperado a su mascota, esa que cierra la cortina de la celda y se agarra aterrorizado a su bolsillo.

¿Y cómo es volver a ver a T-Bag? Francamente entretenido, como en sus cuatro años en Prison Break, aunque acabara devaluado por aquello de estirar el chicle. Breakout Kings nos ha enseñado dos caras de T-Bag en las que profundizamos poco en su día: una, la más animal, que casi siempre había sido controlada por Michael Scofield; y otra, la más humana, que apenas salía a la luz cuando aparecía en escena Susan, la que, hasta ahora, pensábamos que era la única mujer importante en su vida. Es esa dualidad la que nos encantó del personaje y la que fascina también al brillante Lloyd Lowery.

T-Bag, nice to see you againT-Bag, nice to see you again

Su cara más salvaje deja un reguero de cadáveres mientras se abre paso, según la policía, hasta Canadá. Se equivocan. T-Bag tiene una meta mucho más humana: vengar las vejaciones sufridas por su madre. Para Theodore, el fin siempre justifica los medios. De ahí que no le preocupe, e incluso disfrute, apuñalando a un policía con su mano de plástico, siempre y cuando le sirva para tirar a uno de los agresores de su madre a una trituradora gigante. Esa versión más amable es la que se acerca a hablar con su madre enferma para decirle que no se verán en el cielo, pero que ella lo disfrutará por los dos. Jo, cómo molas T-Bag.

Y a todo esto, Breakout Kings sigue creciendo a medida que vamos conociendo el pasado de sus personajes. Esta semana hemos excavado un poquito en el de Erica, que con apenas 20 años siguió la pista a los cinco asesinos de su padre hasta acabar con ellos. Detrás de ese carácter volátil, hay una mujer calculadora y analítica, habilidades que la han llevado al equipo de convictos de Charlie. Pero sin duda el pilar más importante de la serie sigue siendo Lloyd Lowery, que se ha pasado medio episodio justificando las acciones de T-Bag ante Shea y el resto del equipo con su innata capacidad para hacerte sentir un idiota. Fascinado ante Theodore Bagwell, tengo la sensación de que Lloyd se ha visto reflejado en la figura del fugado; al fin y al cabo, nadie es condenado a 25 años por hacer trampas en un casino. El pasado de Lloyd será una mina. El tercero en discordia es Shea, sin duda el más prescindible de un equipo en el que los dos policías tienen muchísimo carisma.

En los episodios anteriores se echaba de menos saber a quién estábamos persiguiendo, por eso es muy posible que el salto de calidad de Breakout Kings se deba a que teníamos muchísimas referencias del villano semanal, en este caso T-Bag, “una máquina que salió defectuosa de fábrica”. Una máquina que nunca olvidaremos.


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