Breaking Bad: Work in progress

La expresión work in progress, musical o teatralmente hablando, equivale a la constante improvisación durante la interpretación. Probablemente no sea la expresión más adecuada para este caso, pero se le acerca. Breaking bad no forma parte del conjunto de series que, desde su comienzo, han tenido su final escrito.  A diferencia de, por ejemplo, Six feet under o The wire, algunas de las grandes de HBO, en este caso hemos ido viendo (y seguiremos viendo durante dos años más) una serie que, temporada a temporada, ha ido improvisando su historia ligeramente.

Comencemos con la  primera temporada. Hace cuatro años tuvo lugar tuvo lugar la infame Huelga del Gremio de Guionistas de América de 20072008. Tras su conclusión, 2008 fue un año fatídico, destrozando el hilo que habían ido llevando algunas de las series que nos sumergieron en este mundo, tales como Lost, Prison break o Heroes. Aunque tuvimos sorpresas como Dr. Horrible’s Sing-along blog. ¿Cómo afectó la huelga a Breaking bad? Pues, en un principio, redujeron los capítulos de nueve a siete. Pero además dejó tiempo a Vince Gilligan para replantearse el camino que iba a seguir su creación. La primera temporada iba a contar la historia de Walter White, que ahora mismo no necesita presentación, y de cómo se introducía en el narcotráfico. Las consecuencia de su elección no se iban a demorar y, como muchos ya sabéis, en la season finale su compañero, Jesse Pinkman, moriría durante un tiroteo tras un fallido intercambio con Tuco Salamanca.

Finalmente esto no tuvo lugar, la temporada tuvo su season finale con A no-rough-stuff type deal y Jesse no murió gracias a la magnífica interpretación de Aaron Paul. La culpa de Walter por una muerte se le adjudicó al dejar morir a Jane en la siguiente temporada. De ese modo, la serie tuvo su primer cambio de rumbo prácticamente en sus inicio. ¿Os imagináis las siguientes cuatro temporadas sin Jesse? Probablemente no hubiésemos tenido capítulos como Peekaboo o Shotgun, Walter se sentiría todavía más solo y la serie carecería de esos pequeños toques de humor negro. Quizás no hubiese despertado tanto simpatía hacia un público joven debido a la madura edad de su único protagonista y su bajo rating le hubiese brindado una bonita cancelación. Nunca lo sabremos.

A diferencia de en otras series como Lost, en Breaking bad el cambio de guión repentino tuvo un resultado excelente que apenas disgustó a nadie. La segunda temporada, cuyos carteles promocionales ahora sí que incluían a Jesse, superó a la primera e hizo que la segunda incursión de AMC en el mundo de las series fuese tan exitosa como la primera. Entonces tocó el turno de los antagonistas. Tuco Salamanca dio pie a Héctor Salamanca, un villano muy particular que pese a su poca movilidad iba a complicar bastante el negocio a Walter y a Jesse durante tres temporadas. Pero esto tampoco terminó siendo así.

A pesar de expandir la historia de su personaje tal y como estaba planeado en capítulos como One minute o Hermanos, Héctor se quedó en su silla y sirvió más como personaje secundario emblemático que como antagonista. Gustavo Fring, rival de Héctor y cabecilla del narcotráfico de metanfetamina en Nuevo México, fue el auténtico enemigo de Walter y Jesse durante la tercera y la cuarta temporada. Todo esto debido a Giancarlo Esposito, intérprete de personaje, que exigió o tener el mismo contrato que un personaje principal o no aparecer nunca más. Una vez más, los planes de Vince Gilligan cambiaron.

Esto hizo que Héctor tuviese más protagonismo en los flashbacks de los primos y del propio Gus que durante el presente, a excepción de los últimos capítulos de la cuarta temporada. Otra consecuencia fue que, a partir de la tercera temporada, la serie se estancase un poco y diversos seguidores comenzasen a cambiar su opinión sobre su querida serie. Probablemente, el personaje de Gus se mantuvo demasiado en la historia de Walter White, pero esto apenas fue lastre ya que llegamos a simpatizar con él y a comprender su personalidad y el por qué de algunas de sus acciones. El resultado no decepcionó y los ratings rozaron los dos millones de espectadores.

Tras admirar cuatro temporadas y a la espera de una conclusión, Vince Gilligan activó nuestra particular alerta roja: No tenía ni idea de qué iba a suceder en la última temporada de la serie. Sinceramente, esa declaración podía llegar a ser muy dudosa, pues lo más usual es escuchar hasta la saciedad la famosa mentira de que “el final está pensado desde el principio”. Pero Vince, aparentemente, confesó que desconocía hacia donde iban a ir los tiros en los últimos dieciséis capítulos. Tras la noticia de que la última temporada, del mismo modo que la de The Sopranos, estará dividida en dos partes, sólo podemos cruzar los dedos y esperar que, del mismo modo que ha ido ocurriendo desde 2008, Gilligan y el equipo de guionistas nos brinden dieciséis últimas horas de la misma calidad que todas las anteriores.

Casi a las puertas de su final, Breaking bad es uno de los mejores ejemplos del panorama televisivo actual a seguir. El bueno trabajo conjunto de su showrunner junto al equipo de guionistas ha podido echar hacia delante una historia sin final establecido. Actualmente, algo así podría considerarse deporte de riesgo, viendo el resultado de series que han pasado a la historia con un final sacado de la manga o que han terminado canceladas por no seguir un rumbo fijo. A partir de ahora, evidentemente, podría pasar cualquier cosa. Pero, al contrario de como se dice por ahí, la serie jamás podría haber terminado en su cuarta temporada. El camino que han ido recorriendo personajes como Walter, Hank, Skyler y, sobretodo en el año pasado, Jesse, debe llegar a su fin. No han ido evolucionando gratuitamente para nada. En los ocho capítulos de este año, empezando con Live free or die, empezaremos a comprobar si, con la condición de tener talento y un buen equipo, no es completamente necesario tener un final establecido para comenzar a realizar una genial serie de televisión.

 

El truco está en pretender que lo has tenido todo planteado desde el principio.

George Lucas en una carta a Damon Lindelof y Carlton Cuse

 


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