Breaking Bad: 7 dosis de gran televisión

Por mis venas ya corre la primera temporada de Breaking Bad, una serie de televisión tan bien fabricada como la propia droga que cocinan Walter White y Jesse Pinkman. Una primera temporada corta, 7 episodios, a los que todo el mundo debería dar una oportunidad. 7 capítulos en los que conoceremos al profesor White, cuya vida da un giro de 180 grados cuando le diagnostican un cáncer de pulmón inoperable. Conoceremos al cabraloca de Jesse, un ex alumno de Walter que fabrica y trapichea con metanfetaminas. Un grandioso personaje, por cierto. Y al resto: Sklyer, Walter Jr., Marie, Hank… Pasad y comentamos lo que da de sí esta primera etapa de Breaking Bad.

No lo sé, claro, pero supongo mucho que cuando te diagnostican cáncer se te cae el mundo al suelo. En cualquier caso, sea cual sea tu reacción, es poco probable que decidas dedicarte a la producción de metanfetaminas. Pero justamente ése es el camino que toma Walter White. La trama de la primera temporada gira entorno a esa decisión, que nos llevará a conocer a Jesse, y también a la flor y nata de los bajos fondos de Albuquerque. La otra mitad de la historia es la propia enfermedad de Walter, trama que arranca del todo en el momento en que el enfermo decide confesar su cáncer.

Lo mejor

  • La pareja Walter-Jesse: Posiblemente, lo mejor de la serie. Walter y Jesse son opuestos, pero por aquello de Por el interés te quiero, Andrés acaban siendo socios. Y nada más sellar su sociedad, se encuentran con situaciones esperpénticas que les llevarán a adoptar soluciones aún más esperpénticas. Me encanta especialmente el diálogo que tienen, Jesse con sus Yoh!, Walter tan correcto. Pinkman ya es un hallazgo en sí mismo, y me da que en la segunda temporada lo será aún más.
  • La evolución de Walter: Otro puntazo grandioso. Muchas de las mejores escenas de la primera temporada tienen que ver con el cambio que sufre Walter a raíz de su enfermedad: la patada al capullo que se burla de su hijo en la tienda de ropa, el momento de la reunión de padres y profesores en que decide meterle mano a su mujer (glorioso) o la incalificable visita al cuartel general de Tuco. Tres ejemplos geniales, sobre todo los dos últimos, de cómo Walter cambia.
  • El personaje de Hank: Todo protagonista necesita un opuesto. Walter ya tiene a Jesse, pero además cuenta con su cuñado Hank. Sí, es el estereotipo de americanito sobrado, poli que se cree superpoli, que no se da cuenta que Walter es el tío que está buscando… pero aún así Hank tiene algo que mola. Su relación con Walter Jr. (qué grande la escena en que lo lleva al parking, con la prostituta…) está muy bien pillada, y se nota que en el fondo quiere y respeta a su cuñado.
  • El personaje de Skyler: Skyler nos representa un poco a nosotros: es como una espectadora ante el vendaval que le pasa delante. Su marido de repente apenas pasa por casa, después fuma marihuana (aunque en realidad no lo haga), luego descubre que tiene cáncer, y se vuelve muy fogoso, y se rapa la cabeza (me encantó la doble reacción opuesta, Walter Jr. divertido, Skyler boquiabierta), y su hermana es cleptómana, y… Sin ser el mejor personaje, tiene sus cosas.
Jesse Pinkman, un crackJesse Pinkman, un crack

Lo peor

  • El realismo: Si algo malo se le puede achacar a Breaking Bad es la falta de realismo en algunos puntos. No sé hasta qué punto un profesor de secundaria es capaz de convertirse de la noche a la mañana en un excelente cocinero de metafetaminas. No sólo eso: acaba la temporada transformado en un matón capaz de entrar en la boca del lobo y salir sin apenas rasguños. Eso sin entrar a debatir las limitaciones que a uno le impone la quimio.
  • El papel de Marie: El personaje menos definido de la serie, sin rumbo durante buena parte de la temporada y enganchada a los robos en el tramo final para intentar dibujar un poco su perfil. Veremos si en la segunda temporada tiene más chicha…

En resumen: una gran, gran primera temporada a la que apenas se le pueden sacar puntos negros. El desempeño de los actores, especialmente Bryan Cranston (Walter) y Aaron Paul (Jesse), es magistral. Y le tengo que reconocer un mérito muy grande a los guiones, porque están trabajados de manera suprema: hasta donde yo he vsito, Breaking Bad funciona de manera integral, casi más diseñada como una película de 5 horas que como una serie de 7 capítulos. Las ganas de saltar al siguiente provienen de lo buena que es la historia, no de la espectacularidad del cliffhanger de turno. Nada de trucos de magia, nada de conejos en la chistera, Breaking Bad va con la verdad por delante: “Soy una gran serie, dejadme pasar”.

A por la segunda


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