Anatomía: Análisis de la quinta temporada

Anatomía: Análisis de la quinta temporada

Tras la emisión de Dream a Little Dream of Me, la doble season premiere de la quinta temporada, la blogosfera hacía corrillo para ponerse de acuerdo en una cosa: Anatomía de Grey había resurgido de sus cenizas. Teniendo en cuenta que la unanimidad no es un punto fuerte entre los fans de la serie, eso era algo a tener muy en cuenta. Volvía el equilibrio, con el humor, el drama y el romanticismo en sus dosis adecuadas. Ahora, con el quinto año de los médicos del Seattle Grace finiquitado, es hora de echar la mirada atrás y llegar a un veredicto. ¿Tenían razón los fieles seguidores o ese resurgimiento fue algo tan efímero como los amores de Callie?

Sin ninguna duda, la quinta ha sido una temporada de cambios, de sorpresas. Ya advertía Shonda Rhimes hace un año que de cara a esta nueva entrega todos se preguntarían qué demonios está pasando, como consecuencia de todos esos inesperados acontecimientos que maquinaba con su equipo. Y razón no le faltaba, porque si de algo podemos definir este último año es de sorprendente, porque hemos visto de todo, y afortunadamente ese todo nos ha sido totalmente novedoso.

La serie ha evitado caer en la repetición, y de ahí podemos sacar uno de los puntos más positivos: al contrario que en otras series veteranas como Mujeres Desesperadas o House, han sabido renovarse a sí mismos. ¿El problema? Que no se han sacado todo el brillo que podían con el mágico paño (y la energía) que nos han enseñado. Este, junto a las cansinas polémicas tras las cámaras (les da morbo, o algo), han sido los puntos negros que no han podido hacer de esta una temporada completamente sobresaliente, aunque haya estado muy cerquita.

Lo que sí ha gustado:

  • Un acierto con mayúsculas ha sido el de dar más cancha a personajes que en las temporadas anteriores habían estado en un segundo plano. La amistad entre Mark y Callie ha llegado a ser tan entrañable como la de George e Izzie, hemos visto muchísimo más de Alex y Derek ha adquirido importantes matices; ya no es 'McDreamy, el novio de Meredith,' ahora es Derek Shepherd. A eso han ayudado su crisis existencial y la visita de su madre, además del arco argumental del asesino en serie. La relación entre Sloan y Lexie también ha salido bien parada con el teach me y la química que desprenden.
  • Eric Stoltz como el psicópata William Dunn. Simplemente genial, como los capítulos que protagoniza. Por alguna razón son los que han sido enviados a los Emmy, ¿no?
  • Kevin McKidd bordando a Owen Hunt, que aparte de dar un soplo de aire fresco con más éxito que cualquier trident, ha incorporado algunas interesantes tramas, algunas militares, a la serie. Su relación con Cristina se ha desarrollado más que correctamente, de forma creíble y ha asentando a Yang como un grandísimo personaje, capaz de sobrellevar los impedimentos de enamorarse de un tipo que lleva un montón de problemas bajo su mismísima sombra.
  • Meredith. De cría insufriblemente autodestructiva a mujer madura y fuerte. Impresionante evolución e impresionante Ellen Pompeo. Una nominación al Emmy, como mínimo.
  • Addison fue un poco más lista que Sam y Naomi y su participación en el flojo crossover dejó un buen sabor de boca, protagonizando en otras una memorable y tensa escena en quirófano.
  • Arizona Robbins ha sabido compensar la desaparición de Hahn, e incluso se puede decir que se la ve más apropiada para Callie.
  • Los casos médicos han vuelto a coger fuerza y han sido dignos de ver.
  • El cáncer de Izzie, eje del último tramo, y que a pesar de no haber sido tratado con el dramatismo que esperábamos, nos ha mantenido en vilo y le ha dado a Katherine Heigl un ticket directo al reconocimiento. Aunque sea una diva de plastilina, hay que reconocer que la chica lo hace muy bien.
  • Las abundantes visitas maternales y paternales, quién lo diría, han ayudado tremendamente a los personajes para evolucionar. Destacamos a la dicharachera madre de Izzie, Robbie.

Lo que no ha gustado:

  • El crossover no aprovechó todas sus posibilidades, y vaya si las había. Traer a los personajes de Sin Cita Previa, bastante peculiares y diferentes de los que pueblan Seattle, habría dado mucho juego y paso a divertidas situaciones, pero se quedó en unas pocas interacciones y un caso médico, el de Archer, que apenas tardó en solucionarse. Además, las 'tres semanas' que duró, contando los preparativos en ambas series, fueron algo excesivas. Mucho bombo, y luego…
  • Nuevos secundarios como Sadie y la Dra. Dixon no llegaron a calar entre el público. La amistad de la primera con Meredith no fue lo suficientemente explorada, y esta salvaje interna quedó como una tipa torpe e inmadura, pero sobretodo olvidable, y siendo Melissa George quien la interpretaba, eso es imperdonable. A pesar de los esfuerzos interpretativos de la admirada Mary McDonnell, Dixon resultó una cirujana demasiado robótica, a pesar de padecer Asperger, y acabó causando de todo menos interés.
  • Mención aparte merece Erica Hahn, a la que acabamos cogiendo cariño tras temporada y media. Aun así, parece que a los productores les seguía cayendo gorda y la exiliaron al parking, justo en el momento en el que nos empezábamos a creer su relación con Callie, y tras regalarnos Brooke Smith unas interpretaciones espectaculares como 'lesbiana iluminada'.
  • George. O mejor, el no George. De ser uno de los personajes más importantes pasó a decir una frase por capítulo, sin explicación alguna. Su torpeza pasó a amargura, y se quedó relegado al marginado del grupo, como si nunca hubiera existido. Shonda argumentó que se debía únicamente a los flujos y reflujos propios de los dramas corales, y es cierto, pero nunca habían pasado tan olímpicamente de ningún otro personaje. Lo peor de todo es que en los últimos capítulos, cuando estaba cogiendo fuerza de nuevo (aunque era más que nada para propiciar su marcha de la serie) sus apariciones resultaban forzadas. Y eso es lo peor que le puede pasar a un personaje (mucho peor que le atropelle un autobús…). Y por favor, su reclutamiento al ejército es menos creíble que ver a un amish en Mediamarkt: ¡O'Malley no es capaz ni de matar a un pavo!
  • Desmontar el mito de Denny a base del exceso. El enamorado de Izzie nos compensaba por su injusta muerte haciéndonos la mar de felices con apariciones esporádicas en ciertos momentos de las temporadas (por ejemplo, como guía espiritual de Meredith en el 3×17), pero su regreso como alucinación se pasó veinte pueblos, ya que no fue hasta la última mitad de temporada cuando Izzie se dio cuenta de que, ¡vaya que sorpresa!, le pasaba algo en la cabeza. No sé si será culpa de que la rubita ha andado algo espesa (menuda médica está hecha) o que Mamá Shonda le tiene demasiado cariño al personaje de Denny.

En conclusión, aunque haya mencionado algunos puntos flacos, la visión general nos deja una temporada bastante sólida. Todos los capítulos han tenido un buen ritmo y ninguno ha resultado aburrido, teniendo además algunos muy sobresalientes como el número 100 (What a Difference a Day Makes) y la season finale (Here's to the Future y Now or Never), destacando especialmente sus últimos diez minutos. Al nivel de los geniales últimos episodios de la cuarta, por debajo del sobrevalorado segundo año pero por encima de la tercera y gran parte de la cuarta temporada. Por lo tanto, un notable con vistas al sobre. La sexta llegará el 24 de septiembre. Esperemos que mantengan sus aciertos y corrigan sus errores. ¿Opiniones?


Categorías: Anatomía de Grey Opinión Series Etiquetas: ,
¡Únete a nuestra comunidad!

Déjanos tu comentario »