Análisis Prison Break 3×04: Nunca es tarde…

Evitaré hablar del contenido de la caja, porque no lo entiendo y porque, por ahora, tampoco lo quiero entender. Sin conseguir el nivel de tensión de épocas doradas, el episodio de ayer fue de lo mejorcito de la tercera temporada de Prison Break. Y a ello contribuyó notablemente Mahone, que borda su papel de adicto a las pastillas. La aparición de Patoshik, aunque sea vía alucinación de Alex, es un punto que se marca la serie y que nos ha sorprendido a todos. Scofield también se sumó a la fiesta recordándonos que él solito burló a todo Fox River y que en Sona tampoco lo van a detener. Y finalmente la redención de Sucre. Nunca es tarde…

Cuarto capítulo de la tercera temporada. A estas alturas, en temporadas anteriores, me estaría mordiendo los dedos, a falta de uñas, por el nerviosismo que me producía la situación de Scofield y Lincoln. La tercera sesión es distinta. No hay tanto nerviosismo, pero sí más curiosidad por saber cómo se las ingeniará Michael para salir de Sona. No es ni mejor ni peor, es otra temporada. Cuatro capítulos para situar la trama son más que suficientes. Ahora que todo está en orden, exijo acción y tensión.

Michael ya ha tramado el plan de fuga: ha conseguido la celda que necesitaba, se está ganando el respeto de Lechero, tiene controlado a Whistler, Mahone y Bellick y su ex compañero de celda en Fox River, Sucre, se ha convertido en la pieza clave que Scofield necesitaba para salir del infierno panameño. Como decía, todo en orden para que en los próximos días empiece a cavar, a meterse por los pasillos de Sona, a esconderse de Lechero y a cortarnos la respiración con su sangre fría.

No sé si estarán de acuerdo conmigo, pero Good Fences ha ensalzado la figura de Mahone. Interpreta a la perfección su papel de adicto, ha perdido los nervios en varias ocasiones, tiene alucinaciones muy curiosas en forma de Haywire, pero sigue siendo temible. Y da miedo por su inteligencia y porque siempre hemos visto en él la figura de Scofield en el lado equivocado. Ahora los dos visten la misma camiseta y tienen un objetivo común: huir. Y nos encanta seguir viendo a Patoshik, otro que encaja como un guante en su papel de loco.

Mientras tanto, T-Bag se ha cobrado a su primera víctima y sigue escalando posiciones hasta el trono de Lechero. ¿Alguien duda todavía de que será el próximo patrón de Sona? Bellick sigue arrastrándose para dejar de ser la escoria, pero no tiene demasiada fortuna. Incluso empezaba a darme pena cuando le tiran el café ardiendo en la espalda, pero rápidamente recordé lo tirano que había sido en Fox River y deseé que la taza fuera tamaño desayuno.

La trama pierde interés cuando sale de Sona. Lincoln está hundido, se ve constantemente superado por la Compañía y empieza a perder la fe. Sucre se ha unido a la causa, no sé si por necesidad o por mostrar un mínimo de agradecimiento a la persona que lo sacó de la cárcel. Michael tenía habilidad para luchar contra la Compañía, pero Lincoln es mucho más torpe, menos reflexivo y llega un minuto tarde a la acción. Su reacción ante la muerte de Tancredi me pareció excesivamente fría. Por supuesto, no le dirá nada a Michael, que cuando salga de Sona se pillará un rebote de campeonato.

Buen capítulo, a mi gusto, si no fuera porque la maldita caja contenía el único motivo de Michael para seguir luchando. Trato de entender por qué los guionistas pueden prescindir de Sarah Wayne Callies. No tengo explicación. ¿Alguien me puede ayudar?


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