AHS: Cult, el terror está en nosotros

American Horror Story es una serie atípica. Desde su comienzo se concibió como el cóctel resultante de revolver su elenco con una mezcla de ingredientes comunes en el género del terror, haberlo agitado con violencia y aderezado con un buen chorro de excentricidad. Así han conseguido que cada mezcla tenga su personalidad, junto a sus detractores y defensores, y que tras todos estos años nos siga apeteciendo probar otro trago. Personalmente, yo soy de los que siempre me acabo terminándo la coctelera. El número siete en esta carta, que dicen sagrado, va sobre cultos, aunque estos sean únicamente la punta del hielo picado. Políticos, payasos, periodistas y psicólogos, han visto reflejada su peor cara en un vaso fabricado de fobias, racismo, machismo, y sobre todo de balances de poder. Tras el salto os ofrezco la receta y comentamos su degustación. Chin, chin.

Como ya comentábamos en su primer episodio, esta temporada se encuadra en la actualidad, en el descarriado mundo postTrump, y su premisa principal es que el terror está más cerca que nunca. Este año los monstruos no son aparecidos, seres sobrenaturales, ni freaks; sino que están debajo de las máscaras de ese squad de payasos malrolleros que aterrorizan la ciudad, pero también de la cara publica de políticos, vecinos, e incluso de nuestra propia familia. El cómo nos relacionamos unos con otros es la base de nuestra vida en sociedad, y se puede ver fácilmente vapuleada. Aquí entra en acción Kai Anderson, un psicópata y sociópata de carisma apabullante, que aprovecha las debilidades de los que le rodean para conseguir alimentar su ego y calmar su sed de poder, aunque sea a costa de sus propias vidas. Alrededor de él se ha construido toda la trama de la temporada, pero también de su principal víctima: Aly Mayfair-Richards.

Si bien algunos consiguen moldear la sociedad a su antojo, otros viven totalmente a merced de esta. Y Aly, con sus constantes fobias, es un claro ejemplo de ello. No es de extrañar que haya sido una de las primeras y más fáciles presas del movimiento que lidera Kai. Capítulo tras capitulo hemos visto como fomentaban esos miedos haciendo que creyera ver lo imposible, asesinando a sus vecinos e induciéndola a asesinar a uno de sus empleados, gaseando su calle en plena noche, y poniendo a su hijo en su contra para finalmente arrebatarle la custodia e internarla en un centro psiquiátrico. Pero pronto advertimos que esa partida estaba trucada, y todos los jugadores y el árbitro comprados… Las caras detrás de las máscaras son bien conocidas.

¿Esa reportera que sale hablando de tí en TV? La “socia” de Kai. ¿Tu vecina y su marido gay? Aly, están conchabados. ¿El inspector rubiales que te hace oídos sordos? Kai es su asesor sentimental. ¿Tu nueva canguro? La hermana de Kai. ¿Tu psicólogo? Hermano de Kai. ¿Tu mujer? Lleva conspirando contra tí desde el principio, maja. Capítulo a capítulo asistimos a como realmente TODOS están manipulados por el peliazul (menos su hermano, quien lo acaba pagando). ¿Ese extraño que os arrojó café a la cara, le dieron una paliza unos inmigrantes, consiguió ser concejal y aspira a ser senador? Te presento a Kai, además dice ser el padre biológico de tu hijo. Aunque Aly no estuviera mal de la sesera, esto nos habría echo enloquecer a cualquiera.

Porque los métodos del “líder divino” son claros: Apelar a sus verdaderos deseos o miedos, si es que no son lo mismo, con esas sesiones de meñique (hablando de manipuladores), usando su magnetismo personal y orquestando un plan para difundir el miedo. De este modo, va urdiendo terribles estrategias de márketing con las que consigue vapulear a sus adversarios en un ambiente en que o tienes una lealtad ciega o puedes acabar muy mal. Nadie puede cuestionarle. Por lo que solo queda desconfiar y culpar al resto de miembros. Y el corto pero brillante papel de Sally Keffler es la mejor prueba. Así, la escalada de poder, de pasar de unos pocos hasta contar con ese pequeño ejército de descerebrados es rápida. Si consigues asustar a la gente lo suficiente, harán al mundo arder.

Porque los psicópatas son expertos en manipular, hasta el punto de conseguir que el de la gorra con el lema “Make America great again!” se corte su propia mano para ir a votar. De que sus esbirros tomen voluntariamente una píldora suicida. Suena increíble, sí. Y lo que más miedo da es que no deja de ser “real”. Y para ilustrarlo, la serie hace un repaso de algunos de los casos más icónicos: Marshall Applewhite, David Koresh, Charles Manson y Jim Jones, que intencionalmente interpreta el propio Evan Peters. Profetas, lideres, mesías, que fueron capaces de hacer que cientos de personas dieran su vida por ellos. Auténticos cultos, no tan lejos del que organiza Kai, cuyo objetivo no parece distar mucho del mundo de The Handmaid’s Tale, centrado en la superioridad del hombre blanco. La alusión parece clara en ese ritual en que intenta fecundar a su propia hermana a través del detective Samuels. Creeepy. Incluso Ivy nombra el show al verse relegada a criada de la secta.

¿Y como comienza todo esto? En el 2014, un abogado que se había quedado en silla de ruedas paga sus frustraciones con su mujer y un joven Kai, estudiante de teología. La madre, harta de la situación acaba disparando a su padre y suicidándose con la misma pistola. Llega entonces su hermano, el doctor en psiquiatría, que decide esconder los cuerpos en casa… Les iban a quitar las pensiones, hacerles pagar todos esos impuestos, no iban a confiar en el joven doctor sus clientes y Winter acababa de empezar la universidad. ¿La psicopatía será cosa de familia? Padre maltratador, madre embalsamada en el dormitorio… un perfecto detonante de su locura. ¿Quién dijo Bates? Unámos la experiencia que tiene en esa casa del terror que encuentra en la deep web, al mas puro estilo de las pelis de Saw y que se lleva la palma de lo más escalofriante de la temporada.

Pero habrá alguien más por encima de este líder. La secta no es obra de Kai, no. Como en las mejores teorías conspiranoicas, la mano detrás de todo esto no es pública y no sale en la televisión. Quien detona todo es Bebe Babbitt, la amante de la primera mujer líder de uno de estos cultos, Valerie Solanas, asesina de Andy Warhol (de nuevo caracterizado por Peters, no por casualidad). Babbitt ha mantenido viva SCUM, una secta matriarcal que proclama que los hombres son una mierda que no merece la vida. Esta mujer va a ser la terapeuta de Kai tras la denuncia de una de las amigas de Winter, a causa de un arranque de furia del ya inestable muchacho. Ella aprovechará sus sesiones para moldear a Kai en un mesias para su causa. El fin último será enfadar tanto a las mujeres del país que acaben formando una revolución. Y en ese plan entra que Kai y Aly intercambien papeles.


El líder divino sin escrúpulos pasara a ser la victima de Hope y el empujón perfecto para que Aly, libre ya de sus fobias ahora suplantadas por puro odio, pase a ser la perfecta candidata a senadora. Ella será quien pueda iniciar esa revolución feminista. Ella es el nuevo icono, la nueva líder. Si Kai sobrevivió al orquestado tiroteo, a las manifestaciones contra él, y le hicieron más fuerte; ahora todos saben que Aly consiguió escapar de una secta y de un intento de asesinato en un debate electoral. La fórmula se repite. Pero para esa transformación Aly ha tenido que tomar otras victimas por el camino: no solo aquel pobre inmigrante, su mujer, Speedwagon (el minion-topo) y la propia Bebe; sino que ha condenado indirectamente a Winter y a la propia Beverly Hope. Si creéis que ha sido un final feliz, pensadlo otra vez cuando en los últimos segundos Aly se viste con la capucha de SCUM (la secta de Solanas) de camino a reunirse con personajes influyentes.

En resumen, si bien esta temporada de AHS ha tenido altibajos, ha sido muy consistente con una de las tramas mejor hiladas. Es increíble el número de referencias que han conseguido incluir y la experiencia con ACS les ha permitido ceñirse más que nunca a los personajes reales. Además, es de valorar que haya sido de las pocas que ha ido in crescendo, en lugar de desinflándose como nos tiene habituados. En cada capítulo se nos ha ido desvelando, poco a poco, un giro sobre los personajes, sus verdaderas intenciones e identidades; mientras Aly ha evolucionado impecablemente de una mujer llena de miedos a una que aterroriza, y Kai ha continuado en una espiral de locura perfectamente trazada. Esta ha sido sin duda la temporada de Evan Peters, que ha clavado todas y cada una de sus interpretaciones, aunque al final, como siempre, parece que Sarah Paulson ha salido victoriosa. A mí, sin lugar a dudas, me ha dejado buen sabor de boca. ¿Y a vosotros?


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12 comentarios

  1. Faraday

    Pues yo tengo la impresión de que cada temporada es peor. Será que ya me he cansado de esta serie?

    • Eduardo GIL

      yo creo que sí, para mi incluso creo fue un levantón despues de RANOAKE, que estuvo bien, pero esta subió de nivel. El terror americano mejor descrito no lo pudo haber hecho Murphy!!

    • Para mi la antología tocó fondo con Coven. Desde entonces, a pesar de no llegar a alcanzar las cotas de Asylum, no ha ido sino a mejor. Pero esto no deja de ser una opinión personal, y es normal que tras 7 años la serie haya perdido parte de su frescura y la fórmula ya resulte aburrida. Por suerte a día de hoy, a diferencia de cuando empezó AHS, hay muchas otras series de terror. Gracias por comentar!

  2. Eduardo GIL

    Me parece después de AHS: Asylum, la mejor temporada, lo oportuno y actual del tema en nuestros tiempo, además de la sublime actuación de EVAN Peters, definitivamente, su temporada definitivamente. Joder, si no nominan a PETERS , sería un insulto. Grande historia, bien ejecutada, mas tenebrosa que nunca, más correcto que nunca.

    • Estoy totalmente de acuerdo contigo Eduardo, porque a pesar de que la primera tenia muy buena trama, en esta las actuaciones han sido brillantes. De momento quedamos a la espera de esa octava en que todas las tramas confluyan. Esperemos que reuna todas esas caras que echamos de menos en esta. ¡Muchas gracias por tu comentario!

  3. Personalmente no estoy para nada de acuerdo. Dejo mi reflexión por si alguien quiere debatirla.

    Cult, al igual que la obra en general de Murphy, es un juego de equilibrio en el que intenta mantener un humor propio –irónico y cínico–, un desarrollo de personajes alejado de cualquier cliché –pero partiendo de ellos, sin duda– y, sobre todo, tratar temas de rabiosa actualidad –mostrando reflejos de un pasado del que no hemos evolucionado, o un presente que se asemeja a una mala tragicomedia– y mezclarlo todo en un producto en el que el Horror del título ya apenas aparece sino como elemento argumental. Porque esta temporada, además de otros varios tema que toca el creador –como hablo más adelante–, trata sobre el miedo; las fobias –realmente inquietante el tema de los agujeros, que me ponen los pelos de punta–, el miedo derivado de la incertidumbre, el miedo a la inestabilidad, el miedo al futuro o el miedo al propio miedo. Y sin embargo es de las temporadas que menos miedo da; porque aunque las temporadas anteriores tampoco se caracterizaron por causar terror, la relectura e ironía fina del formato found footage que fue esa gozada sin complejos de Roanoke –la sexta temporada– parecía indicar que Murphy volvía a los orígenes de su idea de analizar los distintos subgéneros del terror en clave moderna.

    La idea de partida de Cult no podía ser más actual: el clima de miedo e inestabilidad derivado de las pasadas elecciones estadounidenses ganadas por Donald Trump. Para ello, Murphy & Co. nos dicen que la política no es sino una forma legal de sectarismo, mediante el cual se aliena al individuo, se alecciona y adoctrina con el fin de que el falso idealismo continúe –o más bien, se propague–. Es evidente que a Murphy se le ve el plumero, mostrando a uno de los protagonistas –Kai Anderson, un Evan Peters a la vez divertidísimo y cargante– como un cruce entre Trump y Charles Manson –mezcla literal dentro del contexto de la propia serie– que es capaza de usar y abusar de la inestabilidad política, social y mental para extenderse como un parásito y manipular a aquellos que ven en su mensaje el único grito coherente entre el mundanal ruido. Aquí sí es capaz de brillar la ficción, aunque tenga la misma sutileza que un papel higiénico hecho con lija. Murphy nos da momentos brillantes como el «A Lesbian George Zimmerman» en el que el personaje de Ally Mayfair-Richards –una Sarah Paulson en su papel menos brillante– consigue librarse de la cárcel tras matar accidentalmente a un trabajador mexicano gracias a leyes neoliberales como el Stand Your Ground que la absurdamente idealista Ally desea eliminar (s07e03). Esa fina ironía que Murphy sabe muy bien cocinar debería haber sido el plato principal del menú de Cult, aunque el creativo termina creando platos más zafios y obvios, como ese «We are the wall» –el inquietante comienzo del s07e06 que tuvo que ser recortado a última hora por la matanza de Las Vegas– espejo del «Build the wall» que tanto espetaban los que apoyaban a Trump en la carrera presidencial. Está claro que Murphy no pretende esconderse en este caso pero el resultado desestabiliza bastante el conjunto.

    Sin embargo, este no es el único tema que Murphy toca en Cult. La última parte de la temporada ha venido siendo un alarde al empoderamiento de la mujer mediante la caída y ascenso de Ally. También patina la temporada aquí, mostrándonos el triunfo de una mujer en un mundo de hombres solo cuando utiliza las mismas armas que ellos y dejando por el camino los mismos cadáveres –literales–. Sí, la ironía es más que obvia, Ally consigue vencer a Kai utilizando sus mismas trampas, tejemanejes y atajos, lo que no ayuda mucho al mensaje evidentemente feminista que tratan de mostrarnos. Porque vencer a una dictadura imponiendo otra distinta no es vencer, es dar un golpe de estado. Otro traspiés temático que aumenta el desequilibrio.

    Pero tampoco es éste el único tema que Murphy quiere tocar, que para eso es su serie y va a hacer con ella lo que quiera. Quiere hablar del sexo y de las múltiples formas con las que se puede representar hoy en día la sexualidad, enfrentándolo cara a cara con el libertinaje –esa brillante línea de diálogo de una aterrada Winter tras ver la victoria de Trump, «What if I get pregnant? Where could I get an abortion?» (s07e01)–. También habla de los asesinos en serie, de cómo nacen –no se hacen– y el papel de la sociedad, y del hombre como centro del sistema patriarcal, en ello (s07e07) –con esa histriónica Valerie Solanas interpretada por la no menos histriónica Lena Dunham–. En general, Murphy trata de abarcar muchos temas en una sola temporada, quedándose en todos a medio gas.

    Otro gran problema de esta temporada es la deriva de los personajes, marcando unas evoluciones incoherentes entre capítulos. El ejemplo de ello es Beverly Hope, la reportera más dicharachera de esta temporada, interpretada con solvencia por Adina Porter, que al final del s07e05 parece haber cogido a Kai por las pelotas pero que no llega a utilizar todo lo que sabe contra él, hasta el punto de quedar inutilizada durante la segunda parte de la temporada, cuando su personaje empezaba a dar muestras de verdadero poder. La misma Ally, por otro lado, salió de su estancia en el Psiquiátrico con una calma y una sangre fría innecesaria, haciendo que su personaje fuera casi un dios intocable y al que nada le salía mal. El vaivén de personajes y su poca consistencia es casi una marca de la casa AHS, pero en esta temporada es un defecto, no una virtud.

    Es el humor, sin embargo, el elemento discordante que hace que esta temporada pierda el equilibrio y se descalabre. Murphy siempre ha usado un humor irónico y cínico pidiendo un gran esfuerzo al espectador para entrar en el juego. Asylum, Murder House y Roanoke no se libraban de esta «fina ironía de trazo grueso» –sobre todo esta última, que aprovechaba para mofarse de la televisión actual– pero en Cult saca por completo de la trama y del tono que intentan imprimirle. Algunas escenas como la que abre el s07e08 en el que intentan hacer un trío para embarazar a Winter usando una jeringa para rellenar pavos pueden ser hasta hilarantes mostradas en otro contexto; pero el equilibrio entre la seriedad que quieren imponerle en algunas ocasiones y la absurdez de otras rompe por completo el conjunto. Y lo peor es que sé que eso es lo que quiere Murphy, porque sino no entiendo cómo es posible que un personaje supuestamente temible como Kai haga que una docena de veinteañeros se pongan el pijama para escucharle contar la vida y milagros de Charles Manson mientras están abrazados a sus almohadas. Murphy quiere que nos riamos, que veamos lo absurda que es la situación y lo cómica que es, pero es incapaz de ver que todo eso rompe el acuerdo tácito con el espectador y la tan temida suspensión de la incredulidad.

    Tampoco vengamos a echarnos las manos a la cabeza, que no todo ha sido negativo en esta temporada. Han conseguido crear una cabecera impactante e inquietante, que no es poco. Algunas escenas están muy bien conseguidas, como el ajusticiamiento de uno de los sectarios en el s07e05 con una máquina de clavos después de que Kai diga «The world record for nails in the head before death is 13». El brillante uso de las fobias al comenzar la temporada, sobre todo la tripofobia –fobia a los agujeros– y su plasmación en pantalla hacen que sea una pena que más adelante todo quedara en una excusa para avanzar la trama. El hecho de que no haya ningún elemento sobrenatural en esta historia. Incluso en ocasiones brilla el humor de Murphy cuando Kai obliga a sus seguidores a arrojar basura que ha sido recogida anteriormente porque no cree en el cambio climático (s07e08). Aunque el circo de Murphy ha tenido un resbalón este año después de haber levantado cabeza el anterior, no llega ni por asomo a las cotas de mamarrachería del esperpento de Freaks o la absurdez ridícula de Coven. Murphy cuenta todavía con mi voto de confianza, pero debe llevar cuidado porque un resbalón a varios metros de altura puede causar una caída dolorosa. O directamente mortal.

  4. Sofi

    A mi lo que mas me ha gustado es la actuacion de Evan Peters y Sarah Paulson. Sus personajes han estado bien estructurados y sobretodo me ha gustado como Sara paso de ser una mujer temerosa de casi todo, a una mujer fuerte y decidida, que hasta es capaz de asesinar a su esposa, solo por venganza y para poder tener la custodia total de su hijo.
    Tambien creo que despues de tantas temporadas la serie ha ido perdiendo su frescura y ya no es lo que era antes.
    Muy buena idea Antonio de poner las fotos de los verdaderos asesinos, con sus pares ficticios, para asi conocerlos y ver como eran realmente.

    • Gracias Sofi! La comparación es algo muy interesante, que ya clavaron con ACS y en esta temporada de AHS se nota que es algo a lo que le han dado importancia. Yo creo que con todo lo que llevan a la vez tanto los actores como Ryan Murphy, se nota que se dedica menos esfuerzos a pulir eso que hace que una serie sea redonda. Pero a decir verdad AHS nunca lo fué. A pesar de lo que los televidentes y la critica nos empeñemos en etiquetarle, la formula permanece muy fiel a lo que ido siendo todas en anteriores temporadas. Habiendo otras 2 ya aprobadas, seguro que te acabarás animndo a verlas igual que yo cuando se estrenen! 🙂

      • Sofi

        De seguro que si vere las dos nuevas temporadas y por cierto, no sabia que ya estaban aprobadas. Gracias por el dato Antonio saludos.

  5. Indi

    Como comenté por otro lado, debo reconocer que esta temporada, que empezó, no gustándome, terminó resultándome una de las mejores. Si bien en un principio me pareció demasiado internalista, demasiado yanqui en su temática, terminó derivando en un tema de lo más terrorifico como es el de las sectas y exprimiéndolo en toda su extensión. Evan Peters se lleva todas las palmas aquí. Se lucio de punta a punta con su personaje protagónico y derivados. El final es bien propio del género, es decir, un final que no es feliz, convirtiendo a la víctima en lo mismo que alguna vez combatió. Debo reconocer que Murphy supo como reinventar la serie. Puede gustar o no, pero no hay duda que su intención de constante búsqueda creativa, ha dado buenos resultados. Quién sabe cuál será el tema de la próxima temporada? A mí no se me ocurre para nada… AHS siempre entretiene.

    • ¡Gracias por comentar Indi! Pues lo poco que intuimos es que la temporada 8 puede tener que ver o con la violencia o la lujuria (o así se intuye de este mensaje de Murphy, https://www.instagram.com/p/BXKTLsIA6Y8/). Hay rumores que peude resultar del crossover entre temporadas, como Murder Hpouse y Coven, o juntando más de ellas. Por otro lado hay quien piesa que pueda tener que ver con Butte (Montana), donde hay uno de los más antiguos prostibulos de USA que parece estar embrujado (lujuria), pero tambien ha habido desastres mineros y linchamientos (violencia). Pot último, otros piensan que la revolución americana puede tener que ver, lo que la enlazaría con los comienzos de Coven… ¡Ya veremos con que nos sorprende!

      • Indi

        Gracias por el dato, Antonio! Estaría bueno cruzar temporadas, ojalá lo hagan! Muy buen trabajo el de Uds por aquí! Saludos!!

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