
Scandal es el verdadero salto a Estados Unidos de Torchwood, y no esa barbarie apestosa que resultó ser Miracle Day; la conciencia de badass celebrities que sienten los protagonistas de la nueva serie de Shonda Rhimes (es la tercera que lleva su firma omnipotente tras Anatomía de Grey y Private Practice) y su facultad como “superhéroes en lo suyo” trazan una interesante conexión con el spin-off de Doctor Who, así como el secretismo pseudo-político de estos ingeniosísimos profesionales que resuelven líos magnánimes. Y eso no es por nada. Esta serie es Mamá Shonda. Su personalidad lo recorre todo, y el personaje de la emergente Kerry Washington tiene pinta de álter ego. Scandal son sus ídolos (Henry Ian Cusick) fichados para su causa y, con ello, la muestra de sus favoritismos y gustos (y de sus manías), como la obsesión por las series de Russel T. Davies. Esta es, seguro, una serie que a él le encantaría. Rhimes no oculta muy bien, y no se lo reprochamos, que es una niña grande la mar de imaginativa, una chavalita que aprovecha ese estatus tan bueno que tiene para jugar con las cosas que más le gustan: así nace Shondaland, su sello, y gracias a esta productora empezamos a ver si es verdaderamente versátil más allá del Seattle Grace Hospital. Y, a pesar de un principio en el que titubea cosas poco inteligibles, yo creo que sí que lo es. Sigue leyendo…