Glee en papel mojado

Todo el mundo tiene una opinión sobre Glee, incluso quienes no la han visto nunca. Las opiniones sobre Glee, por lo general, son duras. Machaconas. Es odio, así sin más, focalizado, desproporcionado, condescendiente y sin filtrar. Es como una enemiga pública. Hay bullying, y si se la pudiese pegar un sopapo, se llevaría muchos. Hay gente que hasta la daría con un bate en la cara, si tuviese cara, pero no tiene, porque es una serie de televisión. ¿Pero por qué el odio? No lo comparto, porque a mí me gusta, y sé que unas semanas puede ser muy buena (en The Break-Up) o muy mala, como toda su tercera temporada. Incoherente, en particular, es un adjetivo muy usado para hablar de Glee, pero este año ha abrazado, por primera vez, la coherencia o por lo menos el respeto a sí misma: se ha desmarcado de muchos personajes, se ha integrado a nuevos escenarios y en septiembre se notaba una frescura inusual y beneficiosa. Es decir, graduó una etapa y se atrevió con otra. O más o menos. Y hoy, diez capítulos después y mecida en un parón invernal, ¿qué podemos decir de la –en teoría– nueva Glee?





1) Comenzamos este 3×1 con Fringe, y en concreto con una gran noticia (al menos, para todos los seguidores de Lost) que apareció hace unos días en la web: Henry Ian Cusick aparecerá en un episodio de esta temporada. En concreto, Desmond interpretará en el episodio 19 a un agente del FBI encargado del caso principal de dicho episodio. Trabajará con los protagonistas de la serie, aunque aún no se ha especificado a cuál de los dos universos pertenecerá. Pero, sinceramente, eso es lo de menos. Venga, decidme que no tenéis ganas de verle codo con codo con Olivia, o llamando Brotha a Peter…

